martes, 11 de agosto de 2015

ARTURO LOGROÑO Y EL JEFE

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ARTURO LOGROÑO Y EL JEFE
 
 

Otro de los señalamientos que el idearium popular le hacía a la personalidad histórica de Arturo Logroño era la de haber sido uno de los más connotados botafumeiros de El Jefe, y el haber ocupado durante la oscura noche trujillista las posiciones más encumbradas desde donde asumía su defensa como un diestro mosquetero. Desconozco el prototipo de militante trujillista que era, pero al enterarme por el testimonio de quienes en vida compartieron su elocuencia, de que al empezar un discurso público esbozaba una tímida sonrisa y un chiste político aperturaba su cátedra frente a sus estudiantes en la universidad, llegué a la conclusión de que no se tomaba en serio a la dictadura, de que en su intimidad se burlaba de ella.
Su trujillismo era lamentablemente cierto, pero leyendo sus “Papeles” me informo de que con apenas veinte años fue secretario personal del presidente Juan Isidro Jiménez cuyo gobierno se caracterizó por sus democráticas disposiciones; que se opuso ferozmente a la ocupación norteamericana del país de 1916-1924 arriesgando no pocas veces su pellejo, y además fue autor de dos obras tituladas “Compendio didáctico de Historia Patria” y “Los yanques en Santo Domingo”. Estos son testimonios de que en las primeras décadas de su existencia puso ésta al servicio de los mejores intereses de la nación, y que sólidas y persuasivas debieron ser las causas para que sus últimos veinte años se consagrara al sostenimiento político de un gobierno cuya esencia autocrática y perversa no ignoraba, pues estaba en sus homicidas entrañas. Aunque bajo un intenso olor a sangre, crimen y persecución, los intentos de reordenamiento institucional, el corte definitivo a la montonera, la acelerada construcción de escuelas, la apertura de numerosas bibliotecas y la periódica celebración de juegos florales y certámenes culturales emprendidos en los primeros años del régimen, constituyeron quizás factores convincentes para que muchos intelectuales de la época respaldaran con fervor al futuro Benefactor de la Patria.
La finalidad de este trabajo no es justificar las razones por las cuales el Licenciado Logroño se subió al carro triunfante del ex suegro de Porfirio Rubirosa, sino más bien, la de exponer las enseñanzas y lecciones que pueden derivarse de la lectura de una obra como “Papeles”, que arroja muchas luces no solo sobre la biografía de este personaje sino también, sobre las veleidades del destino humano. Al concluir el libro en cuestión recordé mucho una obra de W. Shakespeare titulada “Bueno es lo que bien acaba” (All”s well that ends well en inglés), en vista de que por lo general la mayoría de las personas juzga una vida únicamente por lo ocurrido en sus años terminales, olvidando con olímpico desdén las actividades asumidas en su etapa juvenil o primaveral. Si aceptamos con todas sus consecuencias la sentencia que como título utilizó el autor de “Hamlet” y “Otelo”, llegamos a la espantosa conclusión de que la vida humana es un fracaso total al representar la vejez con sus marcapasos, bastones, arrugas, pérdida de memoria y limitaciones ópticas y auditivas un triste epílogo, algo muy distinto a un feliz término.
Guardando las debidas distancias, la existencia de aquel que según su amigo Rafael Damirón fue el último ateniense que pisó la más alta tribuna de la Patria, se parece por sus inicios y resultados finales a la del escritor argentino Jorge Luis Borges, quien en su juventud escribió “Salmos Rojos” un elogio a la revolución bolchevique, con posterioridad adversó al dictador Perón pero concluyó defendiendo a Pinochet y a la Junta de generales argentinos. A título de ejemplo y corriendo el riesgo de irritar delicadas epidermis, la historia recoge el caso de algunos personajes cuya conducta terminal eclipsó en la mentalidad popular su comportamiento inicial: Paulo de Tarso, de perseguidor de cristianos se convirtió en todo un San Pablo; Pedro Santana, de primera espada de la República en un traidor a la misma; Francis Caamaño de policía represivo de obreros y estudiantes en Héroe de Abril; Eden Pastora de venerado Comandante Cero en execrado dirigente de la Contra nicaragüense y finalmente Máximo Gómez, de combatiente a favor de la Anexión a España en Libertador de Cuba.
Por estos casos y otros que de momento no recuerdo pienso, que la vocación final de una vida no invalida en absoluto las acciones acometidas al principio y mediados de la misma, y si estas últimas es posible encontrarlas bellamente descritas como es el caso de “Papeles”, las nuevas generaciones tendrán la oportunidad de poseer las pruebas y referencias indispensables para entregarse a provechosas reflexiones. Finalmente apuntaré, que es una demostración de superficialidad y de manifiesto empeño en inhabilitar históricamente a Arturo Logroño, expresar sucintamente, como la hace mucha gente, de que fue solamente un pico de oro y escobillero del sangriento Padre de la Patria Nueva, haciendo omisión del individuo, que al estar prisionero de su imaginación vivió en un mundo que muchos quisiéramos ser sus huéspedes permanentes. En el fondo era un artista con frecuentes espasmos de comediante genial.
Fuente : Periodico Hoy /Pedro Julio Jiménez Rojas.

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