miércoles, 13 de mayo de 2015

Leonel contra Danilo, crisis del PLD y del viejo modelo: ¿Fin del caudillismo?

Leonel contra Danilo, crisis del PLD y del viejo modelo: ¿Fin del caudillismo?

Por Servicios de Acento.com.do. 13 de mayo de 2015 - 10:46 am -
 http://acento.com.do/2015/politica/8248888-leonel-contra-danilo-y-crisis-del-pld-fin-del-caudillismo/
 
"El año 2009 puede ser señalado en la historia dominicana como el inicio del fin de un ciclo político. Víctima de su propio éxito, Leonel Fernández se rehusó a dialogar con una sociedad a la que había dado la espalda"
10001360890589jpg.jpg
Foto: "Para Danilo Medina, elegido gracias a la maquinaria electoral del PLD, diferenciarse ha sido una necesidad"
Rodrigo Mejía-Ricart y José Carlos Nazario hacen una lectura crítica y analítica al panorama político presente

¿Fin del caudillismo en República Dominicana?
SANTO DOMINGO, República Dominicana.-Con la decisión del Comité Político del pasado 19 de abril culmina un proceso iniciado con la movilización ciudadana por el 4% para la educación. Con una mayoría de 22 miembros se aprobó que el gobernante Partido de la Liberación Dominicana solicitara al Congreso Nacional la convocatoria de una reforma constitucional que permitiera la repostulación del presidente Danilo Medina. El hecho es el fruto de una serie de variables que, en conjunto, terminan por redefinir el panorama. La decisión cuestiona la hegemonía del liderazgo de Leonel Fernández que desde el año 2012 había entrado en lo que luego resultó ser una crisis.
El “falso debate”o la nueva sociedad civil
El año 2009 puede ser señalado en la historia dominicana como el inicio del fin de un ciclo político. Víctima de su propio éxito, Leonel Fernández se rehusó a dialogar con una sociedad a la que había dado la espalda. Su desconexión no es necesariamente el fruto del capricho de un hombre. El fenómeno político Leonel Fernández nació en una coyuntura política peculiar. Su éxito estuvo en saber hacer equilibrios entre los distintos actores, sectores y grupos de interés a través de las herramientas tradicionales del patrimonialismo.
Ya Fernández había dejado entrever lo que luego podríamos considerar una deriva autista. Declarando que el liderazgo político dominicano “no conceptualiza” se colocó por encima del debate, descartando cualquier interlocución.
El Fernández que promovía en 96-2000 el Diálogo Nacional, ahora negaba a la sociedad la posibilidad de debatir sus políticas públicas, instalando un silencio que nos ha salido caro. Pero la desconexión, la ruptura con el sentir de la sociedadse cimenta con el desdén con que responde al debate sobre la inversión en educación.
Anunciadas nuevas protestas frente al Hilton Silver Sun Gallery, lugar donde se desarrollaría un almuerzo empresarial con Leonel Fernández, un grupo de seguidores del ex-Presidente sacó a relucir un autoritarismo desesperado
Lo califica de “falso debate” sin notar que la narrativa del progreso que había marcado el ritmo de su comparsa se agota (naufraga). La comunicación es además inconsistente. Se manejan paralelamente el “falso debate” y la “falta de recursos”. Leonel empieza a dar excusas y en su entorno comienza una andanada de defensas que no miran más allá de las lealtades. Así, se llegó a escuchar que Fernández era “el padre de la educación dominicana”, en momentos en que daba la espalda a los reclamos sociales en procura de mejorar la inversión a través del cumplimiento del presupuesto legal. Aquél proceso marca su divorcio con una franja liberal a la que Fernández ya había condenado a la indiferencia con sus ejecutorias conservadoras.
Ese grupo que ya se encontraba resentido por los giros del estilo del entorno de Fernández (la celebración de una feria para conmemorar los 10 años del ascenso al poder del ex presidente en 2005, el culto a la personalidad, su renuncia al modelo modernizador ejercido en el primer período de gobierno y su visible disposición al laissez faireque permitió engrosar fortunas multimillonarias a su alrededor con el fin de sustentar su apuesta política) terminó de desligar a estos sectores de su liderazgo.
Margarita Cedeño y Leonel Fernández, en un avión.
Margarita Cedeño y Leonel Fernández, en un avión.
Este rompimiento, como respuesta a la desidia de un presidente que decidió acomodarse en el status quo marcó el inicio de un proceso de maduración social que hacía falta en nuestro país. Los liderazgos de la segunda mitad del siglo XX habían sembrado en la psiquis de los dominicanos y dominicanas que los partidos políticos eran la única vía para lograr las conquistas sociales y acceder a espacios de incidencia limitando el avance de formas más abiertas de participación social y condicionamiento de los procesos de política. No encontrando un vehículo para sus reclamos y prioridades en la oferta del sistema de partidos (el PRD se encontraba en un proceso de derechización con un liderazgo que terminó pactando una tajada del pastel con Fernández), los sectores sociales se hacen espacio político por otras vías.
Crisis del viejo modelo
El déficit fiscal del año 2012 asociado a la administración Fernández, y la subsecuente reforma fiscal plantean un punto de no retorno.Su negativa al 4% para la educación sustentada en la falta de recursos sirve ahora de combustible. Fernández sale a defender su gestión con argumentos que la ciudadanía ya no está dispuesta a escuchar.
Y las jornadas de protestas terminan por lograr lo que años de discurso institucionalista (PC y FINJUS) y moralismo anticorrupción (Guillermo Moreno y otros) no habían podido. La sociedad dominicana empieza a relacionar la corrupción con golpes a su bolsillo, superando el asco decentista. La corrupción, que en todas las encuestas aparecía como un tema de escaso interés para la población, empezó a ser importantizada.
Arrinconado y confrontado a un posible resquebrajamiento de su estructura de poder, el leonelismo sacó los dientes,dejando ver la cara represiva propia dela hegemonía amenazada. En protestas frente a la Fundación Global (FUNGLODE), manifestantes que reclamaban cuentas por el déficit y la reforma fiscal fueron agredidos por paleros a vista de todos, sin intervención de las autoridades del orden, presentes en el escenario.
El 5 de noviembre de 2014 quedó registrado como un día de infamia para Leonel Fernández y sus seguidores, luego que un grupo de paleros agredieran una ciudadana y a varios periodistas, golpeándolos y robándoles pertenencias personales y equipos de trabajo.
El 5 de noviembre de 2014 quedó registrado como un día de infamia para Leonel Fernández y sus seguidores, luego que un grupo de paleros agredieran una ciudadana y a varios periodistas, golpeándolos y robándoles pertenencias personales y equipos de trabajo.
Las manifestaciones de rechazo se sostendrían en el tiempo, alimentadas a la vez por la oposición –que veía en Fernández el candidato seguro para el 2016- y sectores sociales hastiados con su estilo soberbio de gestión del Estado.
Una humillante muestra de rechazo en la ciudad de Nueva York desató las alarmas de sectores leonelistas que, con una nueva correlación de fuerzas a lo interno del partido y un panorama adverso fuera de él, decidieron pasar a la ofensiva.
Anunciadas nuevas protestas frente al Hilton Silver Sun Gallery, lugar donde se desarrollaría un almuerzo empresarial con Leonel Fernández, un grupo de seguidores del ex-Presidente sacó a relucir un autoritarismo desesperado. Se montó un espectáculo de mal gusto con agresiones a periodistas y manifestantes al mejor estilo de los tiempos de Concho Primo. Las imágenesde una ciudadana siendo agredida por una turba se reprodujeron en masa. Carentes de perspectiva, el silencio y la defensa inmodesta del líder avivaron el fuego.
Una serie de casos involucrando a Fernández (querellas archivadas de Guillermo Moreno) y su círculo cercano (casos Díaz Rúa y Félix Bautista, percibidos como intocables portaestandartes de ese proyecto de poder) significaron golpes contundentes a la credibilidad del sistema de justicia.Se relacionó al ex-mandatario con fraudes masivos contra el erario,con los hilos políticos que mueven el sistema de justicia y con el declive institucionalgeneralizado. Bajo ese lente, ha costado mucho al leonelismo neutralizar las denuncias del narcotraficante Quirino Paulino, más allá de la veracidad de las mismas. Es la credibilidad de la palabra del grupo político la que se ha devaluado. El consenso leonelista es progresivamente visto como representante de un modelo de gobernabilidad a superar.
Para Danilo Medina, elegido gracias a la maquinaria electoral del PLD, diferenciarse ha sido una necesidad. Mientras el leonelismo y la oposición –sumergida en una crisis- se disputan el espectro conservador, Danilo Medina (con la incidencia de una columna interna de su gobierno) hace una propuesta a los sectores huérfanos del sistema de partidos. Empieza una nueva etapa de interlocución sociedad-gobierno que determina el curso de algunas políticas públicas importantes.
"Danilo Medina (con la incidencia de una columna interna de su gobierno) hace una propuesta a los sectores huérfanos del sistema de partidos. Empieza una nueva etapa de interlocución sociedad-gobierno que determina el curso de algunas políticas públicas importantes"
“Danilo Medina (con la incidencia de una columna interna de su gobierno) hace una propuesta a los sectores huérfanos del sistema de partidos. Empieza una nueva etapa de interlocución sociedad-gobierno que determina el curso de algunas políticas públicas importantes”

Con esta nueva relación presión-resistencia-diálogo-concesión se inaugura una nueva etapa en la política criolla y empieza a minarse el modelo leonelista. La sociedad empieza a ver en Danilo, no el salvador que había estado buscando durante mucho tiempo gracias a la herencia caudillista, sino un actor con el cual instalar un polílogo sobre los temas públicos que interesan a las mayorías.
Del silencio a la apertura
Lejos del silencio leonelista, en que el presidente era una figura que miraba el tablero desde el Olimpo, Danilo se presenta más cercano y abierto al diálogo. Da muestras: cumple la promesa del 4% para la educación, revisa el contrato con la Barrick Gold, acoge las observaciones hechas a su iniciativa en Bahía de las Águilas y prosigue su defensa en la justicia, no autoriza la explotación de Loma Miranda, busca solución consensuada a la sentencia TC/0168-13. De a poco, probablemente sin proponérselo, pone en marcha un proceso de cambio que no puede ser comprendido desde el prisma partidista. Un proceso que va minando poco a poco los resortes del consenso leonelista.
La carencia de mitos de victorias ciudadanas comienza a ser atendida. Frente al diálogo propuesto, la ciudadanía gana confianza en su capacidad para incidir en el proceso político. Esta nueva dinámica Estado-sociedad deja sin cabida al modelo anterior. Su rentabilidadpolítica desecha antiguas formas de comprender y usufructuar lo público. Es esto lo que cuaja la derrota de Leonel Fernández en el Comité Político y la victoria de Luís Abinader sobre Hipólito Mejía.
Se vislumbra así el cierre del ciclo político comenzado en 1996, con el Frente Patriótico, y marcado por el liderazgo de Fernández y Mejía. Esa es la principal oportunidad que ofrece la coyuntura. El desplazar un estilo de liderazgo que se ha quedado sin razón de ser y que, sin embargo, patalea. Se aferra a disposiciones normativas promovidas por un consenso que ya no es. La elección de Leonel Fernández es la de ceder o dividir, minando su propia estructura de poder.
Hacia una verdadera transición democrática
Ante esa posibilidad, algunos sectores sociales continúan cegados por su obsesión con actores y siglas. El caldero de intereses electorales hace perder de vista la dinámica social subyacente. Así, sorprende la defensa coyuntural de las corbatas azules (pacto que salva y defiende el status quo) por parte de figuras que han jugado un rol protagónico en desatar el presente proceso.
El rol que están llamados a desempeñar Luis Abinader y Danilo Medina, más allá de las ambiciones de sus respectivos proyectos políticos, es el de consolidar la ruptura del consenso leonelista y motorizar la transición hacia una nueva forma de hacer política, de mayor apertura hacia la sociedad y menos condicionada por los poderes fácticos tradicionales que han sido los dueños del proceso político post-balaguerista. En esa dirección se mueve la sociedad y la oferta política deberáreconfigurarse en consecuencia.
Luis Abinader, candidato presidencial del PRM. "El rol que están llamados a desempeñar Luis Abinader y Danilo Medina, más allá de las ambiciones de sus respectivos proyectos políticos, es el de consolidar la ruptura del consenso leonelista y motorizar la transición hacia una nueva forma de hacer política"
Luis Abinader, candidato presidencial del PRM. “El rol que están llamados a desempeñar Luis Abinader y Danilo Medina, más allá de las ambiciones de sus respectivos proyectos políticos, es el de consolidar la ruptura del consenso leonelista y motorizar la transición hacia una nueva forma de hacer política”

El proceso en marcha es más amplio y complejo quecualquiera de los candidatos en el escenario. Éstos están allí para encaminar y favorecer la maduración del mismo. No por ello debe entenderse que han atendido, ni que atenderán todos los problemas que aquejan a la sociedad dominicana dentro de los próximos cuatro años. Los grandes problemas estructurales y de mayor impacto en las condiciones de vida de la gente siguen siendo un dolor de cabeza para la ciudadanía.
Así, la pregunta que reclama respuesta es la de cómo superar la incapacidad para construir nuevos liderazgos. ¿Están los sectores que luchan por la transformación de la sociedad dominicana listos para asumir el relevo al horizonte del 2020? Se impone la pregunta, si se quiere evitar el estancamiento y las oportunidades frustradas. Ello implica atender las variables culturales, políticas, económicas y sociales que alimentan el caudillismo y erosionan el potencial de desarrollo político de nuestra sociedad.
Superando estos rasgos será posible, finalmente, una verdadera transición democrática que rompa con el régimen patrimonialista y sus formas. Pero dicha posibilidad se encuentra supeditada a una lectura estratégica de la coyuntura, así como a un compromiso con renovar valores y formas de entender lo público.
Hace falta asumir que el momento político no se trata de derrotar a un partidoo de llevar a un actor al Ejecutivo. Se requiere de la altura de miras para comprender la importancia y las posibilidades del proceso político presente, que supone mucho más que una carrera de caballos electoral por la presidencia y abre la necesidad de tomar en serio el rol de incidencia social y política de la ciudadanía para mejorar la política (-el accionar de los políticos- fiscalizando y condicionando ejecutorias) y con ello las condiciones de vida de los dominicanos y dominicanas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario