sábado, 3 de octubre de 2015

Personajes y calles de mi vieja ciudad ( y 15)

Personajes y calles de mi vieja ciudad ( y 15)

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Frieda Marion Landais, Bellas Artes. Fuente externa
A principios de enero del 1960 nació el Movimiento Clandestino 14 de Junio, al que se adhirieron jóvenes de todo el país. Las cárceles estaban llenas de presos políticos tras las invasiones del año anterior. En la calle 30 de Marzo muy cerca del Palacio Nacional, vivía la señorita Tomasina –Sina- Cabral Mejía. En la madrugada del 20 de enero se presentaron frente a su casa un “cepillo” y un Mercedes Benz, del que se desmontó el inefable calié alemán, -que me imagino ya no viviría en la calle Macorís- y la hizo presa. La noticia se esparció por toda la ciudad; mi padre y sus amigos de tertulia estaban realmente preocupados, pero su preocupación fue aún mayor cuando se supo que no se trataba de una sola mujer, también habían sido apresadas otras distinguidas damas, entre ellas: Minerva y María Teresa Mirabal, -fue la primera vez que oí hablar de las hermanas Mirabal-, la doctora Asela Morel, Dulce Tejada, Fe Ortega y Miriam Morales, todas pertenecían al Movimiento 14 de Junio.
Otro hecho sin precedentes ocurrió al inicio de ese año, fue la famosa Pastoral leída por los obispos en todas las iglesias del país, el 31 de enero, en la que denunciaban los abusos del régimen. “No podemos permanecer insensibles ante la honda pena que aflige a un buen número de hogares dominicanos…a los sufrimientos que afligen ahora a los corazones de tantos padres de familia, de tantos hijos, de tantas madres y esposas”…, también pedían orar por los presos políticos y por sus afligidos familiares, orar por Trujillo y su hermano Héctor, quien fungía como Presidente. El Gobierno, a su vez, respondió con ataques a la Iglesia desde Radio Caribe y otros medios. Sin embargo la Pastoral hizo su efecto, y fueron liberados varios presos políticos.
La calle Uruguay se inicia en la Enrique Henríquez. En esa esquina vivía el doctor Rogelio Mañón, prestigioso médico gastroenterólogo. Fundó la clínica Dr. Mañón. En la Uruguay esquina Bolívar residían las familia Gamundi Cestero, con sus dos hijos, Tonin y Balty, quien fue apresado en ese año. En la otra esquina sur vivía la familia González Massenet, padre del distinguido médico Abel González Massenet, declarado “Padre y gran maestro de la urología dominicana. Sus hijos -González Canalda- han seguido su trayectoria, son reconocidos médicos en distintas especialidades.
Cursábamos el cuarto año del bachillerato en Filosofía y Letras, en el Instituto de Señoritas Salomé Ureña. Había dos profesores con los que algunas hablábamos libremente, eran nuestros profesores Máximo Avilés Blonda, de Filosofía, y el Padre Angel Sanz, de “Apologética”. El Instituto había sido siempre un lugar de tolerancia, donde pareciera la política no penetraba, pero ya ni el instituto podía abstraerse a la realidad que vivíamos. Así un día hubo un revuelo, muchas alumnas acudimos a los baños llenas de curiosidad, nos enteramos que alguien -que todas sabíamos quién era- había colocado un letrero que decía “Trujillo asesino“, las autoridades al percatarse, rápidamente procedieron a borrarlo y el asunto no pasó de ahí. Otro día Miriam Martínez Hernández en medio de una clase, cuando la profesora hablaba de las islas adyacentes, dijo: “para lo único que sirven esas islas es para llevar a los presos políticos”. El pánico se apoderó de todas, sin dar tiempo a reaccionar, sonó el timbre del receso y salimos todas del aula.
El 23 de marzo asistimos a Bellas Artes, a escuchar un concierto que tenía un atractivo especial, ya que sería dirigido por un joven italiano de 24 años: Pierino Gamba, quien había sido considerado “niño prodigio”. Dirigió varios conciertos y tuvimos la oportunidad de conocerlo en la casa de Elila Mena, -al lado de la nuestra- a donde había ido en ocasión del concierto que dirigiría el 20 de mayo y en el cual Elila interpretaría el concierto No.2 para piano y orquesta de Rachmaninov.
En la calle Bernardo Pichardo, paralela a Las Carreras, residía la familia del doctor Amable Lugo Santos, profesor de farmacología, y sus hijos Amablito y Nelson. Esta calle tenía un atractivo especial y era la Freiduría de doña Atala Velázquez, donde vendían las mejores empanaditas de catibía de la ciudad; estaba también el colmado de Arquímedes Pérez, que además ofrecía el servicio de “cantinas a domicilio” y en la esquina con Independencia aun está la Clínica Dr. Abel González.
Una tarde al llegar a Bellas Artes a recibir nuestras clases de ballet, nuestro condiscípulo Miguel Alfonseca, en voz baja nos dijo muy emocionado, que iban a presentar una obra de teatro que era una crítica a Trujillo y su régimen, no podíamos imaginar que tal cosa fuera posible. Semanas después, el 26 de abril, el grupo “La Comedia del Arte” estrenaba en el auditorio de Bellas Artes “Espigas Maduras”, del dramaturgo Franklyn Domínguez. Esta obra marcó una impronta en el teatro dominicano. El autor, a través de la metáfora de una familia rural dominada por un padre autoritario y cruel, denunciaba la tiranía que vivíamos. Actuaron, Iván García, Armando Hoepelman, Miguel Alfonseca, José Sanabia e Ina Moreaux. Dirigió el propio Domínguez. Durante 4 días un público perplejo, acudió a estas presentaciones; mi hermano Mario, que estudiaba teatro, y yo asistimos todas las representaciones.
Los acontecimientos de este año se sucedían uno tras otro. El 24 de junio se supo del atentado contra el presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt, y el rompimiento de relaciones con ese país, el 9 de julio. El año anterior había renunciado nuestro embajador en Ecuador, Homero Hernández, y a principios del 1960 se había asilado Nouel Henríquez Díaz –Nabú- junto a su madre Gracita Díaz. Luego otro grupo se asiló en la embajada de Brasil entre los que se encontraba Mario Read Vittini, Rafael Mejía Lluberes –Baby- y Fradique Lizardo. El 2 de febrero Tomasina Cabral –Sina- fue juzgada –caso único- por “Crímenes contra la seguridad del Estado” y condenada a 30 años, dejada en libertad el 9 de agosto. El día 12 de ese mes se asiló en la embajada de Argentina.
Los asilos y renuncias significaron duros golpes para el régimen. El 20 de agosto la Organización de Estados Americanos –OEA- emite una resolución contra Trujillo y le impone sanciones. La ciudad, el país todo era un hervidero de rumores, y el 3 de agosto renuncia el “Generalísimo” Héctor Bienvenido Trujillo, pasando la presidencia de un títere a otro, a Joaquín Balaguer.
En este año el teatro de Bellas Artes presentó tres obras: “Melocotones en Almíbar” de Miguel Mihura, “Las Cosas simples” de Héctor Mendoza y “Vacaciones en el cielo” de Manuel Rueda. En el bellísimo Salón Español de Bellas tuvo lugar el 30 de agosto el concierto de graduación de la joven pianista Frida Marión Landais.
En aquella época para obtener el título de bachiller había que presentar la llamada “tesis”, que no era otra cosa que un examen sobre todas las materias cursadas. Durante los meses de vacaciones estudiamos para tomar dicho examen, el que pasamos y recibimos el título de bachiller. Ante lo incierto del panorama, mis padres decidieron enviarnos al extranjero; pero nada era fácil, luego de todos los papeleos requeridos, el día que fuimos supuestamente a recoger el pasaporte, después de contestar una y mil preguntas, me lo negaron; pero mi padre no se amilanó, se puso en contacto con el amigo solidario de siempre, y días después, recibí un telegrama para que pasara a recoger el pasaporte.
Eran mis últimos días en Bellas Artes, mi despedida de aquel amado recinto; caminando por sus pasillos nos detuvimos a escuchar la música que salía del salón de ensayos de la Sinfónica Nacional, frente a la que se encontraba el famoso director Jacques Singer, quien había venido al país a dirigir varios conciertos; más adelante nos encontramos con estudiantes de teatro, quienes nos informaron que habían apresado a dos grandes actores del Teatro de Bellas Artes, José Guerra Nouel –Pepito- y Luis José Germán –Niní-. Otra tarde al salir de la Academia de ballet junto Magda Corbett, -La Madame-, el profesor Avilés Blonda se nos acercó y nos dijo con gran pesar “se llevaron anoche a Miguel Alfonseca y a Rafael Campuzano”, se quedaba la Academia sin sus únicos bailarines. Miguel, tiempo después fue liberado, pero Rafael jamás volvió.
En octubre de 1960 partimos hacia New York en un Super Constellation de la Varig, línea aérea brasileña que operaba en el país. Regresamos en 1963 y encontramos otro país.

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