Internacional
La Stasi «crujía» disidentes en una cárcel que no existía en los mapas
Día 16/11/2014 - 15.36h
http://www.abc.es/internacional/20141116/abci-stasi-carcel-disidentes-201411161012.html
Cuando cayó el muro de Berlín la Stasi tenía 91.000 empleados a tiempo completo y 180.000 informadores
Es el mejor lugar para experimentar el nivel de terror y
represión que estuvo a la orden del día en la desaparecida República
Democrática Alemana (RDA). Basta una visita de dos horas para llevarse
el olor de pesadumbre que conservan sus celdas y corredores. La guía
española Jessica Alcázar transmite con precisión y verdad todo el
sufrimiento que se aplicó en la cárcel modelo de la Stasi, la despiadada policía política del régimen socialista,
situada en el distrito berlinés de Hohenschönhausen. No es de extrañar
que después de tres años de repasar tanto dolor alguna vez tenga
pesadillas, sobre todo cuando visitan este lugar dedicado a la memoria
de la infamia antiguos inquilinos. En el ala dedicada a los
interrogatorios, los alumnos aventajados de los métodos soviéticos
pusieron en práctica un sistema científico para romper la resistencia de
los disidentes mediante el uso perverso de la psicología.
No figuraba en los mapas. Era un espacio vacío en Berlín Este. Las calles habían sido borradas. El distrito prohibido de Hohenschönhausen se convirtió en el mayor complejo carcelario de toda Alemania.
Hasta que en 1951 fue transferido a la autoridades de la RDA por los
soviéticos, unos 25.000 prisioneros de ambos sexos sufrieron lo
indecible. Los soviéticos preferían la tortura pura y dura. Los alemanes
"democráticos" pusieron en marcha otra estrategia. Más de 20.000
alemanes pasaron por sus manos hasta que la caída del muro, en 1989,
puso fin al espanto organizado como una fábrica de obedientes.
Las furgonetas se llamaban Barkas. Los tres tipos de la
policía política del Estado de los Obreros y los Campesinos,
denominación épico lírica de la extinta RDA, iban disfrazados de
vendedores de frutas o pescado. En los laterales del vehículo, vistosos
dibujos celebraban la mercancía que supuestamente transportaban.
Trataban de aprehender al sospechoso, al disidente, cuando no había
nadie a la vista, para que ho hubiera testigos. De inmediato se le
vendaban los ojos, se le esposaba y se le anclaba por los tobillos al
suelo. Hasta cinco detenidos en estrechos compartimentos estancos podían
cazar en cada batida. A continuación se pasaban dos horas dando vueltas
por Berlín. Solo entonces se encaminaban al distrito prohibido de
Hoenschönhausen: 50.000 metros dedicados al terror científico, y 29
edificios donde además de extraer información y castigar al que pensaba
por libre se dedicaba la Stasi a fabricar artilugios para espías, o a
perfeccionar máquinas de vapor que permitieran violar sin dejar rastro
más del 90% de la correspondencia que circulaba por el edén socialista.
A sangre y fuego
Tras las revueltas de 1953, que fueron aplastadas a sangre y fuego con la ayuda soviética, la Stasi pasó de 600 miembros a más de 9.000, en una primera leva.
A la caída del muro, de la que se acaban de cumplir 25 años, el
Ministerio para la Seguridad del Estado ("Ministerium für
Staatssicherheit", más conocido por su abreviatura Stasi) tenía 91.000
empleados a tiempo completo y 180.000 informadores. El cuervo que nos
recibe con un graznido a las puertas de la prisión, muy alejada del
centro de Berlín, y de los restos del antiguo muro, parece un anticipo
de lo que vamos a ver.
Cuando la Barka llegaba al garaje cada detenido era
despojado de todo lo que pudiera remitirle a su vida pasada. Se le
llevaba a una celda mucho más "humana" que el sótano soviético, donde
las condiciones eran infrahumanas. No es de extrañar que bajo la égida
moscovita el índice de suicidios fuera elevado. Por eso se pasó, sobre
todo tras las construcción del muro, de la represión física a la
psicológica. No podían recibir visitas. Su familia y amigos no tenían la
menor noticia del desaparecido hasta que le soltaban, y con la
condición de que guardara silencio de lo vivido en Hohenschönhausen. Ni
una fuga se consumó aquí.
Con la luz siempre encendida, cada celda tenía una cama, un
colchón, mantas, un retrete, un lavabo, un espejo, una silla, un
armario y una mesa. El contacto entre prisionero y sus guardia era el
mínimo. Mientras que los oficiales de los interrogatorios conocían cada historial,
para los carceleros cada preso era un número. Cada diez minutos tenían
que controlar que el prisionero estaba en condiciones. El toque de diana
era a las seis de la mañana. No se podía ni cantar, ni silbar, ni
tumbarse en la cama durante el día. Si se sentaba a la mesa las manos
debían estar sobre ella. No tenían ni libros ni revistas. Diecisiete
horas diarias con la nada, amén de tres comidas y media hora para hacer
ejercicio en la llamada "jaula de los tigres", un rectángulo de altos
muros con techo de alambrada. El preso solo podía caminar en círculos
mirando al suelo, pero siempre solo, y siempre media hora, en invierno o
en verano, aunque en caso de que no se portara como es debido podían
tenerle todo el día dando vueltas a quince grados bajo cero. A la hora
de dormir, las manos sobre el pecho o a los lados del cuerpo, boca
arriba, como un cadáver bien dispuesto. Los largos pasillos sombríos
tienen dos peculiaridades: un sistema de semáforos y un cordón que corre
a lo largo de todas las paredes. El semáforo es para evitar que dos
presos se cruzaran. Cuando se trasladaba a un disidente para ser
interrogado el que estaba en el pasillo debía ponerse de cada a la pared
y permanecer así hasta que desaparecía el peligro de contacto visual.
El interrogador se sentaba tras su escritorio y la víctima
al extremo: hacía parecer más grande a su examinador. Usaban dos
grabadoras: una para las declaraciones del sospechoso, la otra para que
los jefes de la Stasi pudieran comprobar que sus subalternos cumplían.
Sin armas: para evitar riesgos. Bajo el asiento del reo, un paño, que se
recogía al final (como se ve en la película
"La vida de los otros") con los sudores y otros aromas, susceptibles de
ser utilizados, por ejemplo por perros rastreadores en caso de fuga.
Toda una industria de extracción de la verdad, una escuela de
sometimiento a un Estado que se pretendía modélico, pero que tuvieron
que encerrar tras un muro para evitar que nadie pudiera abandonar el
paraíso.

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