El papel de la población inmigrante en el ámbito de los cuidados
En el post anterior, titulado “España terminal ¿Qué cuidados queremos?”
trataba la cuestión de las diferentes posibilidades que existían para
hacer frente a las necesidades de cuidados de la población. Afirmaba que
existía una triple vía para que satisfacerlas: la familia, el Estado
(las Administraciones Públicas competentes) y el mercado. Al finalizar
el artículo recordaba que había dejado en el tintero el papel jugado por
la población foránea.
En esta entrada se abordará el papel que ha desempeñado y desempeña la población inmigrante en estos cuidados.
De todos
es conocido el aumento de la población inmigrante en el Estado español
durante los últimos tiempos. Este crecimiento ha dado lugar a que en
España haya habido un saldo migratorio muy elevado durante un buen
número de años, o lo que es lo mismo, la diferencia entre las entradas
por migración y las salidas por ésta, daba un resultado positivo. Pero
más allá de determinar cuantitativamente este saldo y ver la cuantía de
población foránea que ha llegado al país, es interesante saber en qué
puestos de trabajo han venido desempeñando sus actividades y qué
condiciones reunían estos.

Atendiendo
al caso de las mujeres inmigrantes, éstas han ocupado puestos de
trabajo en actividades muy específicas. El colectivo IOE, en varios
estudios efectuados sobre la población inmigrante, destaca que éstas han
venido desempeñando sus trabajos, principalmente, en el servicio
doméstico, en la hostelería, y en menor medida, en el comercio. Y por
regiones, el mayor número de entradas ha sido de población proveniente
de América Latina, del Magreb y de algunos países del Este.
Dentro del servicio doméstico[1],
pese a no poder realizarse fácilmente la desagregación oportuna, se
incluye el cuidado a personas en situación de dependencia. En este
sentido, y durante la época de expansión económica española, a medida
que la población inmigrante ascendía, se disponía de mayor mano de obra
para que las familias pudiesen cubrir sus necesidades de cuidado y
atención, ya sea para niños, ya sea para ancianos o para personas en
situación de dependencia en general. Esto dio lugar a la configuración
de un modelo designado como el de un “migrante en la familia” (Bettio,
2006:272)[2].
Las familias disponían de recursos económicos para esta contratación,
pues era una etapa en la que existían mayores oportunidades laborales.
De este modo, si los miembros de la familia disponían de empleo,
obtenían una contraprestación económica, gracias a la cual podían llevar
a cabo la contratación de población inmigrante para llevar el peso del
hogar, incluyendo en éste, las tareas de cuidados. Era una contratación
para cubrir parte del trabajo reproductivo. El mismo IMSERSO (2005)
reconocía que este sector poblacional estaba encontrando en el cuidado
de personas mayores la posibilidad de asentamiento (y supervivencia) en
España.
Pero,
¿bajo qué condiciones realizaban estas ocupaciones? La situación en la
que se ha hallado y se halla la población femenina inmigrante (y no sólo
la población inmigrante) se ha articulado dentro de los límites de la
economía sumergida o el empleo informal. Dentro del sector de cuidados, y
centrando el foco de atención en las personas mayores dependientes, es
cierto que hay gran diversidad de posibilidades según las demandas de
las familias: ya sea por el nivel económico de éstas, ya sea por las
necesidades concretas de la persona atendida. E incluso, desde el lado
de la oferta también figuran variedades de opciones a escoger, como
puede ser la contratación como interna, como externa, e incluso
modalidades intermedias (semi-interna, falsa externa, por día…). Las
condiciones laborales de las cuidadoras se han caracterizado por los
bajos salarios, una elevada flexibilidad para amoldarse a las
necesidades de la familia de la persona en situación de dependencia, y
la inexistencia de relaciones contractuales entre empleador-empleado,
por lo que el papel que pueda desempeñar la legislación laboral y la
actuación sindical queda desbordada o inutilizada. Estas condiciones
también conducían a que la población autóctona rechazase este tipo de
trabajos y optase por la continuidad en la búsqueda de un empleo que
reuniese unas condiciones más ventajosas.
La
exposición anterior relacionada con puestos de trabajo al abrigo de la
economía informal y/o puestos de trabajo en condiciones paupérrimas liga
con las teorías de la segmentación del mercado de trabajo. Éstas,
básicamente, considera que existen diferentes estratos dentro del
mercado laboral, y en cada uno de ellos existen unas características
propias diferenciadoras. Las distintas teorías de la segmentación, si
bien hunden sus raíces ya en el último tercio del siglo XIX con autores
englobados dentro de la corriente neoclásica (v.gr. Cairnes o Stuart
Mill), se desarrollan o llegan a su cénit durante los años sesenta y
setenta del siglo XX de la mano del institucionalismo. Especialmente con
la teoría del mercado dual de Doeringer y Piore, y también con las
teorías de los radicales marxistas. Ambas aproximaciones teóricas tienen
en común la consideración de la fragmentación del mercado de trabajo en
segmentos. Un segmento primario, dentro del cual existen dos
sub-segmentos, y un segmento secundario. Es en este segmento secundario
donde se hallarían las mujeres inmigrantes que han venido realizando los
trabajos de cuidados a personas en situación de dependencia.
Si bien
hemos hablado de la precariedad en estos puestos de trabajo y de las
condiciones que los caracterizan, hay un aspecto que suele dejarse de
lado y es lo que Hochschild ha acuñado bajo el constructo “cadenas
mundiales de afecto y asistencia”. El funcionamiento de estas cadenas es
el siguiente:
“Una
forma corriente de cadena es: (1) una hija mayor de una familia pobre
que cuida de sus hermanos mientras (2) su madre trabaja de niñera y
cuida de los hijos de una niñera emigrante que, a su vez, (3) cuida del
hijo de una familia en un país rico” (Hochschild, 2001, en Carrasco
2003:34).
Este
modelo o cadena, si bien aparece explicado para el cuidado de niños,
puede extrapolarse al cuidado de personas mayores o personas en
situación de dependencia. E implica que la carga del cuidado en los
países occidentales se traslada de las mujeres del Norte a las mujeres
de los países del Sur. Si el rol de los cuidados ha sido
tradicionalmente asignado a las mujeres, en los países occidentales se
ha optado por “deshacerse” de él pero no a través de un aumento de las
responsabilidades en favor del hombre, sino acudiendo a otras mujeres
pero de países del Sur, por lo que la solución no pasa por la mejora de
las condiciones de las mujeres, sino por su traslado a las que se
encuentran en una situación más desfavorecida. Por consiguiente, se
habla de una globalización de los cuidados, y la respuesta ante este
fenómeno no parece que pueda resolverse desde el ámbito nacional sino
que debe desplegarse en una escala global.
Dada la
situación crítica de la economía española, habría que estudiar cómo se
halla actualmente este sector de los cuidados. Si siguen copando estos
puestos precarios las mujeres inmigrantes o si se ha visto aumentada la
oferta de trabajo de la mano de la población autóctona. Habría que
estudiar el saldo migratorio actual[3], si ha habido un retorno de la población inmigrante[4]
que rebaje su oferta en el sector, y también si la población autóctona
ha optado por aceptar estos trabajos de cuidados. Además, la demanda de
estos servicios es muy probable que se haya visto afectada. Lo más
plausible parece que haya habido una reducción de la demanda de estos
servicios, no sólo por la falta de empleo (y de oportunidades de empleo)
y de ingresos monetarios en las familias, sino también por el hecho de
que algunas de ellas están consiguiendo “sobrevivir” gracias a las
prestaciones que reciben algunas de estas personas que necesitan de
cuidados
En
definitiva, hay que resaltar y valorar el trabajo que ha venido
realizando la población inmigrante en nuestro país en el sector de la
atención y los cuidados. Han cubierto durante mucho tiempo parte de esas
necesidades, “liberando” a las familias españolas durante las épocas de
bonanza económica en esas tareas. En la actualidad, y dado el retorno
de parte de esta población foránea, se puede deducir que algunas
familias que hasta el momento “externalizaban” este trabajo reproductivo
mediante la mercantilización del mismo (la contratación de personal
para el cuidado) han dejado de hacerlo al no disponer de recursos para
ello. Pero no hay que llevar al engaño y pensar que el retorno de la
población inmigrante es la causa principal de la “refamiliarización”
sino que es causa de la crisis que nos azota. Queda esperar qué
políticas públicas se pretenden implementar y en qué sentido van a ir
encaminadas.
Bibliografía:
- BETTIO, M., SIMONAZZI, A., VILLA, P. (2006) “Change in care regimes and female migration: the ‘care drain’ in the Mediterranean”. Journal of European Social Policy, 16(3): 271–285. Doi: 10.1177/0958928706065598
- CARRASCO, C (2003). “¿Conciliación? No, gracias. Hacia una nueva organización social”, en AMOROSO, M.A., BOSCH, A., CARRASCO, C., FERNÁNDEZ, H., MORENO, N (2003). Malabaristas de la vida. Mujeres, tiempos y trabajos. Barcelona. Ed. Icaria.
- COLECTIVO IOE (2006): “El cuidado de personas mayores dependientes a cargo de inmigrantes. Aproximación a la situación de las trabajadoras migrantes y las familias empleadoras en la Comunidad de Madrid”. Revista de Economía Crítica. Págs. 65-85.
- COLECTIVO IOE, FERNÁNDEZ M. (2010): Encuesta Nacional de Inmigrantes: 2007: La situación de la inmigración en España. Ministerio de Trabajo e Inmigración. Madrid. Observatorio Permanente de la Inmigración (OPI) 24.
- IMSERSO (2005): Cuidado a la Dependencia e Inmigración. Informe de resultados. Madrid. Colección Estudios. Serie Dependencia.
- LEÓN, M. (2010). “Migration and care work: the domestic sector revisited”. Social Policy and Society. Nº 9(3). Págs. 409-418.
- SARACENO, C (2010). “Social inequalities in facing old-age dependency: a Bigenerational perspetive”. Journal of European Social Policy. Nº 20(1). Pags. 32-44
- SIMONAZZI, A (2009). “Care regimes and national employment models”. Cambridge Journal of Economics. Nº 32 (2). Pags. 211-232.
[2] Además de BETTIO , se recomienda la lectura de otros autores como LEÓN, M. (2010). SIMONAZZI, A (2009) o SARACENO, C (2010).
[3] Los últimos datos publicados por el INE en relación al saldo migratorio, sitúa éste en -256.849 personas (inmigración exterior = 291.041; emigración exterior = 547.890).
[4] Por lo que respecta a la población extranjera, y con fecha de 1 de enero del 2014, ésta se redujo en 396.658 personas (un 7,82%) hasta situarse en 4.676.022, no sólo por la emigración sino también por la adquisición de la nacionalidad española. Los mayores crecimientos negativos (es decir, salidas o retornos de población inmigrante) se producen en la población latinoamericana (en porcentajes, las reducciones más destacadas son las siguientes: Ecuador: -20.96, Colombia: -22.75, Bolivia: -22.22, Perú: -23.76).
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