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SANTO DOMINGO
(R. Dominicana).- Casi con toda seguridad, una parte importante de
quienes hoy honran la bandera nacional ignoran todo de su historia y
evolución, por lo que dan como un hecho que la actual ondeó en la Puerta
del Conde el 27 de febrero de 1844.
La historia documenta otra cosa. La celebración del Día de la
Independencia es ocasión propicia para conocer mejor sobre la enseña
patria, tomando como fuente los textos de reputados historiadores.
Un dato que puede sorprender a muchos es que la primera bandera
dominicana se origina en la bandera haitiana: dos franjas, azul arriba y
rojo abajo, atravesados por una cruz blanca. Es decir, los cuarteles no
estaban alternados como lo estarían después.
De conformidad con el historiador Rufino Martínez, las primera
banderas confeccionadas por María Trinidad Sánchez y un grupo de mujeres
entre las que se citan a Concepción Bona, Isabel Sosa y María de Jesús
Piña.
"La bandera que ella confeccionara en los días anteriores a la
fundación de la República, no tuvo, en el sentido de prioridad, el gran
valor que por un tiempo se le quiso conceder, como tampoco lo alcanzó
ninguna otra bandera atribuida a las manos de mujer con la misma
finalidad, ya que la primera enarbolada en el Baluarte del Conde fue la
adaptada de una que suministró el guarda-almacén del Gobierno Haitiano",
escribe Martínez en la entrada “Sánchez, María Trinidad”, de su Diccionario Biográfico-Histórico Dominicano (1821-1930).
El dato del uso en un primer momento de la bandera haitiana es
corroborado por el también historiador Orlando Inoa en la página 69 de
su Biografía de Juan Pablo Duarte, edición de 2013. Al respecto escribe:
“La llegada de Duarte a su casa no pudo ser más emotiva. Su madre y
familiares le recibieron anegados en lágrimas ‘lamentándose su madre de
que su padre no presenciara la llegada del más querido de sus hijos’,
como lo escribió Rosa Duarte en los Apuntes.
“A las dos de la tarde notó Sánchez que en la casa de los Duarte, que
no cesaba de recibir visitantes, no tenía bandera por lo que tomó
varias haitianas y ‘pidió unos velos blancos y él mismo formó con ellos
una bandera que colocó en las ventanas con aplausos de todos’. Sánchez
lo que hizo fue adherir los velos blancos en forma de cruz sobre una
bandera haitiana. La bandera dominicana que se izó en la Puerta del
Conde fue la misma haitiana con una cruz blanca en el centro que la
dividió en cuartos. Así lo describe el cónsul francés en carta al
ministro Guizot cuando le dice: ‘Olvidaba hablarle a Vuestra Excelencia
del pabellón adoptado por los dominicanos. Se compone de dos bandas
horizontales, azul y roja, cortadas a lo largo por una cruz blanca’. Lo
anterior lo confirma el historiador haitiano Thomas Madiou (Histoire
d’Haiti: 105). Celigne Ardoin, quien estuvo en la parte este cuando la
Independencia dice que su vuelta a Haití, el 29 de mayo de 1844, ‘en la
bahía de Ocoa encontramos dos corsarios que llevaban la bandera
dominicana (la bandera haitiana atravesada por una cruz blanca)…’
(citado por Rodríguez Demorizi en La bandera dominicana: 46). La primera
constitución dominicana del 6 de noviembre de 1844 ratificó esta
bandera, mandando que el rojo y el azul se usaran alternados, en vez de
la ancha franja horizontal”.
A continuación una tabla que documenta sobre lo dicho por la
Constitución dominicana desde 1844 hasta el presente sobre la bandera.
Está tomada del sitio web Mi País,de José E. Marcano.
La Bandera Nacional en nuestras Constituciones desde 1844 a 2010
1844
194
El pabellón mercante Nacional se compone de los colores azul y rosado (sic),
colocados en cuarteles esquinados; y divididos en el centro por una
cruz blanca de la mitad del ancho de uno de los otros colores, que toque
en los cuatro extremos.
El pabellón de guerra llevará además las armas de la República en el centro.
1854
136
El pabellón Nacional mercante se compone de los colores azul y rojo
colocados en cuarteles esquinados y divididos en el centro por una cruz
blanca, de la mitad del ancho de uno de los otros colores, que toque con
los cuatro extremos. El pabellón de guerra llevará además las armas de
la República en el centro.
1865
133
El pabellón Nacional mercante se compone de los colores azul y rojo
colocados en cuarteles esquinados y divididos en el centro por una cruz
blanca, de la mitad del ancho de uno de los otros colores, que toque en
los cuatro extremos. El pabellón de guerra llevará además las armas de
la República.
1874
100
El pabellón de la República se compondrá de los colores azul y rojo,
colocados en cuarteles esquinados y divididos en el centro por una cruz
blanca de la mitad del ancho de uno de los otros colores, y llevará en
el centro el escudo de armas de la República. El pabellón mercante será
el mismo que el del Estado sin llevar el escudo.
1878
105
El pabellón de la República se compondrá de los colores azul y rojo,
colocados en cuarteles esquinados y divididos en el centro por una cruz
blanca del ancho de la mitad de uno de los otros colores, y llevará en
el centro el escudo de armas de la República. El pabellón mercante será
el mismo que el del Estado sin llevar el escudo.
1881
97
El pabellón de la República se compone de los colores azul y rojo,
colocados en cuarteles esquinados y divididos en el centro por una cruz
blanca del ancho de la mitad de uno de los otros colores, y lleva en el
centro el escudo de armas de la República.
El pabellón mercante es el mismo que el del Estado, sin escudo.
1908
99
El pabellón nacional se compone de los colores azul y rojo en
cuarteles esquinados y alternados, separados por una cruz blanca del
ancho de la mitad de cada cuadro, y lleva en el centro el escudo de
armas de la República.
El pabellón mercante es el mismo que el del Estado sin escudo.
1942
98
La bandera nacional se compone de los colores azul ultramar y rojo
bermellón, en cuarteles alternados, colocados de tal modo que el azul
quede hacia la parte superior del asta, separados por una cruz blanca
del ancho de la mitad de la altura de un cuartel y que lleve en el
centro el escudo de armas de la República. La bandera mercante es la
misma que la nacional, sin escudo.
2010
31
La Bandera Nacional se compone de los colores azul ultramar y rojo
bermellón, en cuarteles alternados, colocados de tal modo que el azul
quede hacia la parte superior del asta, separados por una cruz blanca
del ancho de la mitad de la altura de un cuartel y que lleve en el
centro el Escudo Nacional. La bandera mercante es la misma que la
nacional sin escudo.
SANTO DOMINGO, (Rep.
Dominicana).- Contrario a lo que algunos historiadores documentan,
Raymundo González entiende que los trinitarios no pertenecían
precisamente a una élite burguesa. Argumenta que la insuficiencia de
recursos económicos fue uno de los factores que los hizo perder poder
político durante y después de la declaración de Independencia.
De este modo, aunque los trinitarios cosecharon la soberanía, como
grupo no lograron una permanencia sólida en el escenario político que
siguió a la gesta de febrero de 1844. “Los que pusieron los medios
económicos y las armas fueron los del grupo que se adueñó de su trabajo:
los afrancesados, encabezados por Bobadilla, Báez y Santana, que era un
recién llegado”, afirma el historiador. ¿En qué contexto y cómo se elige a los padres de la Patria?
La trilogía de los padres de la Patria surge al final de la época de
Lilís. Se aproximaban los 50 años de la Independencia, ya en 1894, y
había que buscarle un equilibrio a la disputa alrededor de Sánchez y
Duarte, los dos que, entre la intelectualidad, se disputaban ser padre
de la Patria. En el 94 estaba claro que la primacía le pertenecía a
Duarte. No era un tema de discusión. Pero medir a los héroes era
complejo. Se tenían que medir por sus méritos en los hechos y Duarte era
un patriota al que le daban el mérito de concebir la fundación de la
República, pero no estuvo presente. ¿Quién estaba presente? Se suponía
que Sánchez. Se suponía, digo, porque ahora sabemos que tampoco Sánchez
encabezó la puesta de la bandera ni el discurso del Parque Independencia
el 27 de febrero. Eso le tocó a Tomás Bobadilla, que fue el jefe de ese
momento. Le hubiera tocado a los trinitarios, que fueron los que
hicieron el trabajo, pero no fueron ellos. Sánchez era la segunda
figura, la que estaba en el momento a cabeza de los trinitarios, y
también se le atribuía la paternidad de ese momento.
"Medir a los héroes era complejo. Se
tenían que medir por sus méritos en los hechos y Duarte era un patriota
al que le daban el mérito de concebir la fundación de la República, pero
no estuvo presente".
¿Por qué ni siquiera se consideró a Bobadilla?
Bueno, Bobadilla era el jefe del partido anexionista. Y él fue quien
hizo anteponer la palabra separación al lema de los trinitarios, que era
Dios, Patria y Libertad. El aporte de Bobadilla fue poner ambigüedad en
un lema que era claro y que para los trinitarios significaba
independencia absoluta. Anteponerle separación era como decir “nos
separamos”, que no necesariamente es "nos independizamos". La separación
estaba comprendida en el Plan Levasseur, que era el interés de los
afrancesados, encabezados por Bobadilla. Pero el trabajo de
Independencia fue hecho por los trinitarios exclusivamente. Y Sánchez y
Duarte eran las dos figuras. En el 94 se establecieron tres padres de la
patria para evitar que hubiera un binomio. ¿Cuál era el problema de tener un binomio?
El tres tiene connotaciones que remiten a La Trinitaria. Estaba la
Trinidad de Dios. El tres es un número perfecto, matemáticamente
hablando. Había muchas razones. Pero sobre todo, matizar esa rivalidad
entre sanchistas y duartistas. Si le hubiese tocado elegir al Padre de la Patria, ¿elige tres?
Bueno, no necesitamos tantos padres de la Patria ni tantas vírgenes
matronas. Duarte es el fundador de la República. No tengo dudas. Y todos
colaboraron. Creo que Pina y Pérez están en primera fila, junto
Sánchez, Mella y la mayoría de los trinitarios. Con excepción de Abad
Alfau, que traicionó, la mayoría continuó identificada con este ideal. ¿Este afán por el tres y la trilogía de algún modo supuso una
injusticia para otros trinitarios que tuvieron tantos méritos como
Mella, por ejemplo?
No creo que haya que verlo desde ese punto de vista. El mejor estudio
de esto recoge un debate amplio que hubo en los años setenta; es el
libro El mito de los padres de la patria, de Juan Isidro
Jimenes Grullón. El debate fue básicamente entre Jimenes Grullón, que
era duartista, Carlos Sánchez y Sánchez (descendiente de Francisco del
Rosario Sánchez) y Ramón Lugo Lovatón, hijo de Américo Lugo, que fue
sanchista siempre. ¿Hay otro héroe de la Independencia con méritos tan plausibles como los de los que conforman la trilogía?
El debate sobre quiénes deben estar en el Panteón de la Patria no me
gusta. Es como escamotear a unos y a otros y no tiene solución. Siempre
vamos a ser injustos y no se puede resolver. Además, no es importante.
En el siglo XIX la búsqueda de quiénes deberían estar o no en el panteón
sirvió para escamotear otra realidad, que era la transformación de la
sociedad en una sociedad burguesa. Creo que era uno de esos debates que
se arman para esconder o pasar por alto algunas cosas que estaban
sucediendo en la sociedad. Entonces, no es tan importante, no tenía
significación social. La gente sabía que tenía en su familia un
febrerista, los había de todos los colores. La mayor parte, por
supuesto, vino del sector de los trinitarios.
"Creo que era de esos debates que se
arman para esconder o pasar por alto algunas cosas que estaban pasando
en la sociedad. Entonces, no es tan importante, no tenía significación
social".
¿Por qué la independencia de febrero del 1844 y la efímera
fueron gestadas por una élite si los libertadores tenían como estandarte
mejorar la economía y abolir la esclavitud o garantizar que no
retornara?
Sí, el regreso a la esclavitud era un riesgo y eso es lo que los
trinitarios plantearon que no iba a pasar. En el último momento se unen
los negros de Montegrande, que era lo que hoy es Villa Mella, que tenían
planeado apoyar a los haitianos, pero fueron convencidos por Mella. Los
trinitarios son los que tienen la conexión social y la élite está
formada, sobre todo, por los afrancesados y los que estaban pensando en
una alianza con Inglaterra, porque hubo varios proyectos… En la élite
burguesa había afrancesados, proingleses, prohaitianos. Los trinitarios
sí querían formar una nación moderna, liberal, romántica, que tuviera
una identidad propia y Duarte tenía una noción de pueblo-nación clave.
Se perdió mucho de cómo Duarte concebía esto, sobre todo porque el
archivo de él fue quemado...
Con respecto a la independencia de Núñez de Cáceres, eso fue otra
cosa. Él cometió muchos errores. No declaró la libertad de los esclavos.
Era hacendado y no quería afectar los intereses de su clase y, en ese
momento, el capital de los hacendados eran los esclavos. Personalmente
él le dio la libertad a sus esclavos, pero no declaró la independencia
junto con la emancipación de los esclavos, que eso le hubiera dado
popularidad.
Y fíjate que no pudieron conseguir dinero.
Ellos lograron formar una conciencia social de independencia, pero no
pudieron tener un papel equivalente a su trabajo, porque no tenían los
medios económicos ni las armas.
¿Entonces los trinitarios pertenecían o no a una élite en ese momento?
Si llamamos trinitarios a los nueve fundadores, tenemos que decir que
eran un grupo de amigos, más que una élite. Estaban todos emparentados:
eran primos, novios de las hermanas… pero no se quedó ahí. El último
año, que fue el más intensivo en la campaña de propaganda
revolucionaria, se distribuyeron en el territorio, haciendo tareas. Por
ejemplo, todo el trabajo con los afrancesados lo lleva Sánchez. Mella ve
que él se está acercando demasiado a los afrancesados y que está
demasiado conteste con ellos, y le escribe una carta a Duarte diciendo
que Mella está en pasos raros. Y lo mismo hace Sánchez. Le escribe una
carta a Duarte diciendo que Mella está acercándose demasiado a los
comerciantes de Santiago. No sabemos si Duarte respondió.
Pero bueno, volviendo a la pregunta, tenemos que decir que algunos de
ellos pertenecían a la élite comercial. Juan Isidro habla de una
burguesía comercial, pero yo diría que no. Fíjate que Juan José Duarte,
cuando muere, a su hijo le deja una casa, y fue de los bienes que Duarte
dijo que vendieran para conseguir dinero para la revolución, que no
pudieron lograr. Ellos lograron formar una conciencia social de
independencia, pero no pudieron tener un papel equivalente a su trabajo,
porque no tenían los medios económicos ni las armas. Los que pusieron
los medios económicos y las armas fueron los del grupo que se adueñó de
su trabajo: los afrancesados, encabezados por Bobadilla, Báez y Santana,
que era un recién llegado.
Apenas
siete escasos meses después de la declaración de independencia y la
proclamación de la República, los principales impulsores de la gesta
febrerista fueron declarados “traidores a la patria” y expulsados del
país.
Pedro Santana, el hatero conservador, se había hecho con el poder
mediante un golpe de Estado el 19 de julio de 1844. La República había
nacido lastrada por el autoritarismo y la preeminencia de los peores
intereses sociales y políticos.
El 22 de agosto, Santana declara reos de traición a Duarte, Sánchez,
Mella, Pedro Alejandro Pina, Juan Isidro Pérez, Gregorio del Valle, Juan
Evangelista Jiménez y Juan José Illas, y dispone su destierro “a
perpetuidad”.
La resolución de la Junta Gubernativa dice textualmente:
“Declara que los generales de brigada J.P. Duarte, Ramón Mella,
Francisco Sánchez; los comandantes Pedro Pina, Gregorio del Valle, Juan
Jiménez y el capitán J.J. Illas y el señor Juan Isidro Pérez, Secretario
que fue de la Junta Central Gubernativa, han sido traidores e infieles a
la Patria y como tales indignos de los empleos y cargos que ejercían,
de los que quedan depuestos y destituidos desde este día; ordena que todos ellos sean inmediatamente desterrados y extrañados a perpetuidad del país, sin que puedan volver a poner el pie en él, bajo pena de muerte
que será ejecutada en la persona del que lo hiciere, después de que
sean aprehendidos y que se justifique la identidad de su persona, a cuyo
efecto se le da poder y facultad a cualquier autoridad civil o militar
que verifique la captura”.
Escribe el historiador Orlando Inoa en su Biografía de Juan Pablo Duarte que
esta resolución “fue leída en la Plaza de Armas de Santo Domingo,
seguida de una vociferación de la soldadesca. El ambiente caldeado se
completó con varios vivas a Santana y la petición de la cabeza de Duarte”.