miércoles, 25 de marzo de 2015

La belleza por la belleza

La belleza por la belleza

  • La Fundación Juan March repasa el origen y expansión del 'art déco' y revive el movimiento como una vanguardia pasiva (y silenciada) del siglo XX 

    http://www.elmundo.es/cultura/2015/03/25/5511d46722601d31718b4584.html

'Mowgli', de Raymond Delamarre.
'Mowgli', de Raymond Delamarre.
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En el macizo del arte contemporáneo el 'art déco' fue primero degradado a un asunto de artes decorativas y después barrido por ornamental, por 'confortable', por su presunta falta de conflicto, por su condición de artefacto de consumo. Y así ha llegado su eco hasta nosotros: tan sólo figura en el ideario colectivo como un momento 'amable' del arte que no va más allá de unos biombos de motivo chinés, unos perfumes en envase muy fino y unos trajes soberbios de Cocó Chanel. En verdad fue todo eso, sí, pero hubo a la vez algo más.
La Fundación Juan March acoge hasta el 28 de junio una sorprendente exposición, 'El gusto moderno. Art Déco en París, 1910-1935', de la que es responsable Manuel Fontán del Junco. Una muestra dividida en ocho secciones temáticas y cronológicas que reúne 350 piezas y propone una expedición por los adentros del movimiento dando cuenta de su alcance oculto, de su complejidad inexplorada, de la extrema belleza de muchos de sus ángulos y de la pluralidad de lecturas y creadores que acoge más allá de la nómina decorativa con la que se ha forjado la mala leyenda.
En 1925 París celebra la Exposición Internacional de Artes Decorativas. Es la popularización definitiva del movimiento. Una operación política del comercio exterior de Francia destinada a hacer valer el gusto francés por el mundo. Es, además, la aceptación colectiva del principio de la serialización de unos objetos que están a punto de perder su jerarquía en el inventario del arte.
Pero a la vez se afianza en esos años y en esa cita una de las esquinas de la modernidad saltándose algunas de las normas de lo moderno, que es el afán de descartar cualquier gesto decorativo. El 'art déco' asimila y reelabora una gran disparidad de fuentes e influencias, lo que privó al movimiento de un único cuerpo de rasgos estilísticos.
Esta es la primera exposición en España dedicada al 'art déco' planteada desde un espacio de arte contemporáneo. Romper las compuertas que han formalizado este momento de la historia como un accidente innecesario es el propósito de la cita, según Manuel Fontán: «El 'decó' es un punto ciego en el paisaje del arte moderno, empujado al almacén de los objetos secundarios. Se consideró como el 'kitsch' contemporáneo». Y eso provocó que fuese rebajado hasta el terreno del interiorismo y lo superficial. De ahí que esta muestra quiera ser ambigua, «romper el saque». Descentrar. Revivir lo que había quedado fuera de juego.
El 'art déco' reelabora una gran disparidad de fuentes e influencias, lo que le privó de un único cuerpo de rasgos estilísticos
Pintura, escultura, vidrio, cartelería, diseño, cine, moda, arquitectura, fotografía, encuadernación, mobiliario, joyería... Todo es asimilado, vuelto del revés, concebido para ser pieza de consumo, reinterpretado con una libertad vinculada a la manufactura. En la exposición coinciden Charlotte Perriand, Le Corbusier y Eileen Gray con Picasso, Léger, Lipchitz, pero también el singularísimo pintor e ilustrador español Eduardo García Benito (uno de los portadistas principales de la revista Vogue en los años 20 del siglo pasado). Esas colisiones y encuentros fortuitos son para Tim Benton uno de los motivos de interés de este movimiento internacional: «El 'art déco', tanto el francés como el internacional, no es un estilo en el sentido convencional del término, con motivos o detalles formales reconocibles. Se alimentó en gran parte de otros estilos: del Neoclasicismo al cubismo, del arte africano al egipcio, del japonés al chino, del 'Art Nouveau' a la 'Sezession' vienesa, que manipuló en una dirección determinada, la de la simplificación enfática y la propaganda».
Los impulsores primeros de esta corriente fueron hombres y mujeres que provenían del mundo de la moda. Ellos fijaron las claves y fueron audaces a la hora de captar los deseos de una burguesía que encontró en el 'déco' el nuevo puntal de su imaginación y la anfetamina del nuevo consumo y de los renovados modales estéticos que exigía una sociedad efervescente y de modales capitalistas.
Se trata de uno de los movimientos más complejos de la modernidad. Y es en esa senda donde abunda la muestra de la Fundación Juan March. Los viajes de ida y vuelta dentro del propio 'déco' son muestra de su continua revisión y de la necesidad de refundar sin tregua sus mismos márgenes. «Esto no quiere decir que no haya invención. Antes bien, las artes decorativas vivieron entre 1910 y 1935 un período de originalidad asombrosa y de avances técnicos en su última fase, cuando la especialización artesana y los medios modernos de publicidad iban a la par. La razón principal del interés por el 'art déco' es la extraordinaria calidad de sus mejores productos. Es asimismo un estilo que pone en cuestión el papel fundamental de la arquitectura y del diseño», sostiene Benton.
El viaje de esta exposición dura 25 años. Un cuarto de siglo en que el mundo se contagia: desde EEUU a México. De París a Viena. De India a Nueva Zelanda. Del Chrysler Building de Nueva York al Cine Rialto de Valencia. De algún modo, el 'art déco' es una respuesta simbólica a la modernidad. No se trata exactamente de desafiarla, sino de ampliar sus posibilidades. De ahí que su corriente alterna lleve del diseño de coches (como el bello modelo de Amilcar que se expone en la March) a la confección de un transatlántico que fue la esencia flotante del movimiento 'déco'.
En este sentido, la muestra no quiere ser, aunque incluya extraordinarios ejemplos de ello, una exposición de artes decorativas, sino un desafío a la añeja y estricta separación (tanto en la modernidad como a partir de las vanguardias) entre las bellas artes y las artes decorativas y aplicadas, tan propia de nuestra moderna (y musealizada) conciencia estética. La muestra cuestiona la casi total ausencia del art déco en la historia del arte y en sus manuales reivindica -tal y como ocurrió durante el revival déco que se produjo a partir de los años 70- no sólo su belleza, sino el interés y la complejidad cultural y artística de su particular carácter moderno.
«Es un estilo que pone en cuestión el papel fundamental de la arquitectura y del diseño», sostiene Benton
«El 'art déco', en definitiva, fue un estilo alternativo de la vanguardia», apunta Manuel Fontán. Y recurre a un concepto del urbanista Paul Virilio para dar cuenta de la singular propuesta que el déco plantea en la cultura de entreguerras y su deriva: «La invención del barco implica la invención del naufragio». Según Bevis Hillier, estamos ante el último «estilo total», pero al final también el último estilo sancionado por el formalismo de la crítica y la historiografía al asumirlo como insuficientemente nuevo. «Mientras el artista moderno habría sido el auténtico creador de lo nuevo absoluto, el artista decorador es un 'bricoleur', alguien que trabaja con lo dado: el productor secundario y artesano de una belleza aplicada y epigonal», explica el comisario de la muestra.
Así que la propuesta de esta exhibición no es desplegar las bondades plásticas del 'art déco', sino reajustar las correspondencias selladas que implican a este movimiento con los diferentes registros de la modernidad. Aunque mientras estos planteaban ciertas utopías, el 'déco' establece la pauta del pragmatismo. Es decir: el 'déco' pretende ser útil, no se avergüenza de ser objeto de consumo, una mercancía dependiente de su valor de uso y de mercado. «Por eso podemos hablar de que estamos ante una extraña vanguardia pasiva definida por el uso estratégico de una estética», dice Fontán. O quizá de muchas estéticas que configuran un exotismo.
Coco Chanel formuló a su manera algo que ella aplicaba a su oficio pero que puede ser un buen lema (o epitafio) para aquello tan loco que se dio en llamar art déco y que nadie sabe bien qué fue, qué es, dónde está, qué le debemos, quién lo borró: «La moda se pasa de moda, el estilo jamás». Al final, como todo en la historia, se trata de una cuestión de proporciones. También la belleza por la belleza.

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