sábado, 31 de marzo de 2012

El amante gallego de Marilyn


El amante gallego de Marilyn

El libro «El último amante de Marilyn» reconstruye el declivede la actriz y un apasionado romance

Día 16/03/2012
El jueves 22 de febrero de 1962, apenas cinco meses antes de su muerte, Marilyn Monroe conoció, en una tienda de México DF, a un joven aspirante a director de cine llamado José Bolaños. La actriz había acudido a la gran ciudad azteca a comprar muebles para su nueva casa californiana. Estaba de moda, entre las estrellas de Hollywood, decorar sus mansiones al estilo «colonial» y aquella misma noche ambos cenaron y bebieron hasta la madrugada.
El amante gallego de Marilyn
Sin bragas y a lo loco
La velada fue el pórtico de un intenso affaireque duraría poco, apenas unos veinte días, pero que hizo historia. Fueron tres semanas volcánicas, de las que ya se han escrito bastantes páginas. Lo que no se había contado, hasta ahora, es lo que a mí me relató, hace ya más de tres décadas, el que fuera profesor de cine de Pepe Bolaños, el gran director de cine documental Carlos Velo, fundador de la Escuela Cinematográfica de México y, más tarde, cofundador del Instituto de Cine Cubano. Junto a su testimonio, otro no menos importante: el del empresario y activista Luis Soto.
Pepe Bolaños era mexicano de nacimiento pero descendiente de gallegos, de una saga oriunda del norte de Lugo. Gallegos eran también Carlos Velo y Luis Soto, exiliados ambos, acogidos en México.
«El último amante de Marilyn» es una obra basada en fuentes orales, en testigos directos de los intensos días de la actriz en el universo mágico de los aztecas. Tomé muchas notas de aquellas largas conversaciones en Santiago de Compostela con Velo y Soto: «Pobre Marilyn», decía Soto, «aquella hermosa mujer lo tenía todo, pero estaba sumida en un abismo de alcohol y drogas».

«¿E ti quen vés sendo?»

Este libro es, pretende ser, algo más: una crónica del exilio y de las sagas de la emigración gallega y española a la busca del llamado «sueño» americano. Y reivindica, también, la búsqueda de las raíces, algo que hoy está de moda en América. En Estados Unidos, la cadena NBC ha puesto en marcha un programa titulado «Who do you think you are?», es decir, «¿Quién crees que eres?», una frase que remite a otra de estirpe genuinamente gallega: «¿E ti quen vés sendo?»
En torno a Marilyn, aquellos días, también estuvo el fotógrafo coruñés Julio Souza Fernández, del estudio de los Hermanos Mayo, quien retrató a la actriz en la bulliciosa rueda de prensa del Hotel Continental en la que Monroe apareció sin ropa interior. Marilyn se muestra espectacular, sonriendo a todos, como siempre. Y así la recogen las fotos que se publican en el libro. Pero aquel viaje mexicano presagiaba lo peor: «El ídolo caído», sentenciaba el periodista Guido Gerosa en una de sus crónicas para la revista «Triunfo».

Los Kennedy

El FBI no pasó por alto los contactos y relaciones de la estrella con los «peligrosos izquierdistas» mexicanos y abrió una investigación a la actriz, cuyos papeles llegaron directamente a la Casa Blanca: JFK y su hermano Bob no podían seguir viéndose con la estrella, vinculada al universo de la izquierda en México, donde poco antes se había forjado la revolución cubana.
El amante gallego de Marilyn
«Something's got to give»
Alrededor de «El último amante de Marilyn» orbitan muchas otras historias y personajes reales, famosos o anónimos, todos ellos con orígenes en tierras gallegas y relacionados con el México DF de finales de los 50, cuando Fidel Castro y el Che Guevara preparaban su viaje a Sierra Maestra. También salen a escena Manuel Sánchez y Fina, un matrimonio de la comarca del Deza que cuidó de Richard Nixon y de su hacienda durante casi tres décadas. O Pepe Iglesias, el «chófer» de Al Capone. Hasta Ceferino Carrión Madrazo, alias Jean Leon, un cántabro propietario del mítico restaurante La Scala de Beverly Hills, donde Marilyn degustaba sus queridos fetuccini, y cuyo jefe de cocina era Emilio Taboada, natural de Láncara (Lugo), el mismo municipio donde nació el padre de Fidel Castro.
Al final, las páginas de este libro constituyen una crónica poblada por cerca de 400 nombres, todos ellos tocados, directa o indirectamente, por el aroma intenso y decadente del Channel número 5 más rutilante de la historia del cine.
Xavier Navaza es autor de «El último amante de Marilyn»
El amante gallego de Marilyn
Su divorcio con Arthur Miller, en 1962, está considerado como el principio de su final

CAMINO A LOS ALTARES

Mary Ann Cotton: el «arte» de asesinar a cuatro maridos, 11 hijos y dos amantes sin levantar sospechas


Mary Ann Cotton: el «arte» de asesinar a cuatro maridos, 11 hijos y dos amantes sin levantar sospechas

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Esta enfermera británica, que envenenó mortalmente a 21 personas y murió en la horca en 1873, es considerada la primera asesina en serie de Gran Bretaña

Día 08/02/2012 - 09.55h
Mary Ann Cotton: el «arte» de asesinar a cuatro maridos, 11 hijos y dos amantes sin levantar sospechas
NORTH NEWS AND PICTURES
Mary Ann Cotton
Antes de que Jack «El Destripador»  se convirtiera en un mito a causa de los múltiples asesinatos cometidos en el distrito londinense de Whitechapel, una enfermera ya había escrito una de las páginas más sangrientas de la crónica negra. Su nombre, Mary Ann Cotton, la primera asesina en serie de Gran Bretaña.
Aunque no alcanzó la fama del «El asesino de Whitechapel», el currículo criminal de Cotton supera al de su inmediato predecesor.Asesinó a 21 personas, incluyendo a cuatro esposos, 11 hijos y dos amantes.
Según diversos estudios, la enfermera inglesa acabó con sus víctimas sin ningún tipo de compasión ni remordimiento, y, aunque los motivos no han quedado del todo esclarecidos, lo cierto es que el cobro de los seguros de vida de sus maridos podría estar detrás de todo.

Muertos de «fiebre intestinal»

Su modus operandi era sencillo, y lo puso en práctica durante casi dos décadas, sin que nadie sospechara nada. Comenzó su carrera criminas tras casarse con su primer marido, William Mowbray, cuando apenas tenía 20 años. Con él tuvo cinco hijos, cuatro de los cuales murieron por la conocida «fiebre intestinal», en Plymouth.
Hasta ahí no había nada que sospechar. En la época victoriana, muchas personas morían antes de cumplir los 20 y no eran pocos los niños que no superaban el primer año de vida a causa de la insalubridad y las enfermedades. La «fiebre intestinal» era la causa más común de morir.
Los asesinatos de Mary Ann Cotton mediante el envenenamiento con arsénico, y ocultos bajo la apariencia de muerte por enfermedad, no se detuvieron ahí. Tras las cuatro primeras víctimas tuvo otros tres hijos más con Mowbray, dos de los cuales también fallecieron por la «fiebre intestinal». Su marido cayó después, dejándole grandes beneficios a causa del seguro de vida de éste.

El cobro de los seguros de vida

La «Viuda negra», como se la conocería con el tiempo, se cambió de ciudad con la hija que había sobrevivido, que, siguiendo la estela de sus hermanas, terminó también enfermando y falleciendo.
A partir de ese momento, los crímenes de Mary Ann Cotton no tuvieron freno. La Policía no comenzó a atar cabos hasta años después, investigando las trágicas coincidencias que habían rodeado la biogtrafía de Cotton: muchas muertes, demasiadas deudas, algunos seguros de vida cobrados, una causa de muerte única.
Tras Mowbray se casó, en 1865, con George Ward, cuya rápida muerte hizo levantar algunas sospechas entre los médicos que le atendían en el hospital: las complicaciones estomacales que presentó eran ajenas a su mal original, pero no fue más allá.

El asesinato de su séptimo hijo

Con el seguro de Ward en el bolsillo conoció a su tercer esposo, James Robinson, con quien tendría otro hijo, que se convirtió en la víctima número siete.
Robinson también sospechó de ella, tras descubrir el trágico destino de sus predecesores y las enormes deudas que acumulaba. Pero poco después, en 1866, moría también en extrañas circunstancias.
Su último marido sería Frederik Cotton. Un hombre viudo, cuyos dos hijos pasaron a formar parte de un matrimonio que no resultó muy largo. De Frederik heredó el apellido con el que ingresaría en los registros del crimen y su seguro de vida tras morir envenenado junto a sus pequeños, todos supuestamente víctimas de la misma enfermedad.

También amantes

Cansada de casarse, Mary Ann Cotton tuvo entonces dos amantes y más hijos que no corrieron diferente suerte.
Fue justo después del asesinato de su última víctima, la número 21 -entre los que se encontrabanotros níños y varios pacientes de los hospitales en los que trataba- cuando se produjo el final de la carrera criminal de Mary Ann Cotton.
Esta muerte levantó un gran revuelo en los periódicos locales. A pesar de que el veredicto inicial fue que el niño había fallecido de muerte natural, los periodistas investigaron la vida de la principal sospechosa, descubriendo, para desgracia de Cotton, todos los maridos e hijos que habían ido cayendo a su lado, a causa de las fiebres estomacales, a lo largo de dos décadas.
El médico que había asistido a su última víctima, volvió a examinar las muestras que había guardado del cadáver, llevándose una enorme sorpresa al comprobar que contenía restos de arsénico. Mary Ann fue arrestada por la Policía y acusada de asesinato después de exhumar el cadáver de la víctima.
Un jurado la sentenció a la horca el 24 de marzo de 1873. Casi 20 años y más de 20 víctimas. ¡Casi nada!

El misterio de la Isla Bermeja: ¿nunca existió o la hundió la CIA?


El misterio de la Isla Bermeja: ¿nunca existió o la hundió la CIA?

Los mapas la mencionan desde el siglo XVI y Google Maps la sigue ubicando, pero su desaparición hizo que una zona marina rica en petróleo pasara de México a Estados Unidos

Día 22/02/2012 - 10.49h
Tenía que estar ahí, pero resulta que no. México ha perdido la isla Bermeja, un reducido peñasco situado a unas cien millas al norte de laPenínsula de Yucatán, en aguas del Golfo de MéxicoGoogle Maps dice que esta ahí, marinos y cartógrafos de épocas remotas la ubicaron y describieron y distintas misiones exploratorias se han acercado hasta donde se supone que debiera estar, pero nada, no hay rastro.
El enigma, en principio, no debería tener mayor trascendencia geopolítica. Se trata de un peñasco sin ninguna importancia aparente. Pero el valor asociado a la isla Bermeja es incalculable. No por lo que contiene, sino por lo que determina. De hallarse, permitiría desplazar hacia el norte el límite de las aguas territoriales de México colindantes con las de los Estados Unidos, lo que permitiría a los mexicanos hacerse con la soberanía de cuatro quintas partes de la zona del Hoyo de la Dona occidental, una región del Golfo de México con grandes reservas de petróleo, gases y minerales.

Polémico tratado

La cuestión de la misteriosa desaparición de la Isla Bermeja se convirtió en capital a finales del siglo pasado, cuando el presidente mexicanoErnesto Zedillo negociaba con su homólogo estadounidense, Bill Clinton, un Tratado sobre la delimitación de la Plataforma Continental. México ya había hecho movimientos diplomáticos en la ONU para asegurarse con el control de la Hoya de la Dona. La punta de lanza de la postura mexicana era el islote Bermeja, pero cuando en 1997 arrancaron las negociaciones, resultó que ya no estaba donde todos los mapas la venían situando desde el siglo XVI.
Ante tan sorprendente extravío, el Gobierno mexicano ordenó una misión militar que localizara la isla. Era mucho dinero y mucho territorio lo que estaba en juego. El buque de la Armada «Onjuku» viajó hasta la latitud indicada en los mapas para corroborar la existencia de la isla. El sónar del «Onjuku» no pudo encontrar huellas del supuesto islote un amplio radio cercano a las coordenadas señaladas.
Finalmente, Zedillo y Clinton firmaron el acuerdo el 28 de noviembre de 2000, quedando el área de interés y la enorme riqueza de sus fondos bajo control estadounidense. Algunas estimaciones calculan en más de 22.000 millones de barriles el petróleo que perdió México al verse privado de esa zona del Golfo que lleva su nombre.

Teorías conspirativas

El caso de la Isla Bermeja alimentó toda clase de especulacines conspirativas. Muchos no entendían como un pedazo de tierra citado por primera vez en 1570 y mencionado en publicaciones oficiales de fecha tan tardía como 1946 se había evaporado súbitamente. Un grupo de senadores del opositor PAN  exigió la apertura de una investigación oficial, mientras crecían las voces apuntando a teorías sorprendentes. Se decía que la CIA  habría podido volar la isla e incluso se apuntaba a la connivencia de los negociadores del tratado por parte mexicana con los intereses de los Estados Unidos. Los legisladores que exigieron una investigación oficial al respecto señalaron que «existen sospechas sobradas de que la inmersión fue provocada por la influencia del hombre». La pregunta en el ambiente era: «¿Son los gringos capaces de haber hundido la isla para quedarse con el petróleo?».
La respuesta la darían los científicos. Jaime Urrutia , de los Institutos de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señaló que con una bomba de hidrógeno se podría hacer desparecer una isla, pero consideraba tal posibilidad altamente improbable en este caso. Sí dijo que las islas pequeñas pueden desaparecer como consecuencia de la erosión causada por las olas.

Investigación oficial

El asunto terminó siendo objeto de una investigación parlamentaria, cuyos responsables encargaron un informe a la UNAM. En 2009, el buque universitario «Justo Sierra» repitió la travesía del «Onjuku» para terminar llegando a las mismas conclusiones. En ese lugar no existe ninguna isla ni vestigios de que haya existido nunca. Las misiones que han visitado el lugar y han sondeado el fondo marino lo describen como una planicie, por lo que puede descartarse que en esas latitudes hubiera ninguna isla antes. La explicación científica oficial, la que hizo suya el Instituto Nacional de Estadística y Geografía  (Inegi), es la de que la Isla Bermeja nunca existió o fue confundida con otra. Lejos de comprar las versiones que apuntan a los manejos de los servicios secretos estadounidenses, se impone la idea de que el misterio obedece a un error cartográfico que se ha perpetuado a lo largo de los siglos.