Resumen de la historia de las publicaciones y los movimientos
literarios dominicanos. Conferencia en el Centro Cultural Hispano, en
la puesta en circulación de la revista Xinesquemas.
El inicio de la vida republicana en 1844, después de veinte y dos
años de presencia haitiana, facilitó el surgimiento de las actividades
literarias encabezadas por la juventud dominicana.
En aquellos días de la Primera República, un periódiquito publicado
por La Sociedad Amantes de las Letras trajo el siguiente lema: “Aquí no
se escribe porque no se lee y no se lee porque no se escribe”, reflejo
de las dificultades educativas y culturales de aquellos días.
Entonces fueron las sociedades culturales-juveniles, las más activas
en el propósito de acercar el libro, los periódicos y las revistas a
la sociedad dominicana. Existió en esos jóvenes un marcado interés en
el desarrollo del progreso intelectual y en la consolidación del
progreso y la libertad, mientras los que dirigían el país se mostraban
conservadores y enemigos del conocimiento, llevando a muchos de los
directivos de las sociedades a la cárcel y otras veces al exilio.
Fue la Sociedad Amantes de las Letras, a la que perteneció Manuel de
Jesús Galván, José Gabriel García y Manuel Rodríguez Objío, la que en
1854 publicó el periódico El Oasis y en 1959 la primera revista
dominicana: la Revista Quincenal Dominicana, de carácter
político-literaria. En 1860 Los Amantes de las Letras publicaban Flores
del Ozama.
La primera agrupación en identificarse como una sociedad literaria
fue la Republicana, surgida en 1867 con el objetivo de cultivar la
inteligencia de sus miembros por medio de las ciencias, las letras y
las artes. Esta no publicaba una revista sino un periódico llamado El
Nacional, cuyo lema era: “El triunfo de la luz será siempre favorable
al engrandecimiento y mejoría de la especie humana”.
En esta sociedad participaban Jose Joaquín Pérez, Francisco Gregorio
Billini, Juan J. Sánchez, Federico Henríquez, y Juan Tomás Mejía. En
Santiago apareció en 1874 la Sociedad Amantes de la Luz, todavía hoy
faro de conocimiento para la región del Cibao, y desde Puerto Plata un
importante grupo cultural que se fue nucleando en torno a Gregorio
Luperón y Eugenio María de Hostos, y que tuvo ramificaciones en las
principales ciudades, constituyeron en 1875 la Sociedad Amigos del País,
iniciándose con ella un dinámico y prolongado programa de actividades
literarias.
Con los Amigos del País fue que se iniciaron en Santo Domingo, según
Cesar Nicolás Penson, las conferencias literarias. Como parte de sus
actividades publicaron varias obras literarias y de historia, y
fundaron la revista El Estudio.
Es a partir de 1879, con la toma del poder político por el Partido
Azul de Gregorio Luperón que las revistas y periódicos toman un
importante auge, ya que los gobiernos azules subvencionaron la
aparición de revistas y bibliotecas, establecieron la escuela normal, y
facilitaron el discurrir de las ideas; un ejército de jóvenes
vinculados a las letras y la educación comenzó a avanzar por el país
regando la cimiente de las letras. Ese proceso de modernización fue
interrumpido en los doce años de la dictadura de Lilís, aunque varias
revistas literarias fueron publicadas en esos años.
Aunque la muerte de Lilís, ejecutada el 26 de Julio de 1899, provocó
la inestabilidad política, también facilitó la aparición de los
primeros agrupamientos literarios de vanguardia.
A partir de 1900 resurgieron los partidos caudillistas y un clima de
libertad mediatizada, y en las letras todos anhelaron tener sus
propios medios para publicar poesías y ensayos, provocando que en un
período de quince años circularan revistas que anunciaban “tendencias
literarias”.
Las sociedades culturales y literarias habían desaparecido y las
revistas fueron utilizadas como medios para aglutinar tendencias
literarias, influenciadas casi todas por el modernismo:
En 1900 circuló “Páginas”, sustituto de la Revista Ilustrada de
1898. Página estaba dirigida por Manuel A. Machado y se agrupaban en
torno a ella Antonio Alfau Baralt, Gastón Fernando Deligne, Américo
Lugo, Hipólito Billini y Virginia E. Ortea.
Para ese mismo año apareció la revista Ibis, al parecer influenciada
por la lectura de las obras de Vargas Vila. A este grupo ingresaron
jóvenes que habían colaborado con la Revista Ilustrada pero que no
pasaron a Páginas, entre ellos Francisco Noel Henríquez Ureña, Apolinar
Perdomo, Porfirio Herrera, Mario A. Mazara y Bienvenido Iglesias. Muy
pronto los de Páginas y los de Ibis se fusionaron en una sola
publicación a la que llamaron Nuevas Paginas.
En 1901 apareció la Revista Literaria dirigida por Enrique Deschamps
y se constituyó el Ateneo de la Juventud. El Ateneo fue dirigido por
Amando Pérez Perdomo, Max Henríquez Ureña y Juan Tomas Mejía hijo, y
publicaba en 1903 la revista El ideal. En 1903 circularon las revistas
literarias El Esfuerzo, El Iris, El Porvenir, Páginas Blancas, Página
Azul, y la revista Blanco y Rojo. Los colores como notamos, separaban e
identificaban las revistas literarias. Entre las revistas más
importantes de 1903, se encontraban la Revista Quincenal dirigida por
Manuel de Jesús Galván y La Cuna de América de José Ricardo Roques. La
Cuna de América circuló hasta 1924. En 1930 volvió a aparecer en formato
de periódicos y un poco alejada de las actividades literarias.
La Cuna de América tomó participación activa en el surgimiento del
Grupo Paladión en 1917, y en la del Movimiento Postumista de Domingo
Moreno Jimenes, Rafael Augusto Zorrilla y Andrés Avelino.
Para el año de 1906 circularon El Pensamiento y Lampos, dos años
después las revistas Azul y Verde, El Aura, Helio, y Blanco y Negro;
esta última con una hermosa impresión y consolidada en fotografías
decalidad. Blanco y Negro fue dirigida por Francisco A. Palau y es, por
su tiempo de circulación una de las más importantes en la historia de
las revistas dominicanas. Fue alrededor de esta revista que Paladión se
constituyó en 1917, como el grupo cultural-literario más importante de
la República, 1917-1931.
Paladión fue hasta 1931 una organización juvenil, cultural y
revolucionaria, y sus integrantes, al igual que los del Postumismo y
los de Plus Ultra, que se van a constituir en 1922, provenían de la
Escuela Normal y en su mayoría eran seguidores del pensamiento
hostosiano. Es notorio en algunos de los integrantes de Paladión, como
es el caso de Francisco Prats Ramirez, la influencia de la teoría
marxista y del triunfo de la revolución rusa de 1917. Entre los
integrantes de Paladión se encontraban: Carlos Sanchez y Sánchez, el
lider del grupo, así como Francisco Prats Ramirez, Manuel A. Amiama,
Cristián Lugo, y Juan José Llovet.
No podemos dejar de mencionar la aparición en 1910 de la revista
Ateneo, órgano del Ateneo Dominicano, valiosísimas páginas para la
historia de la literatura vernácula. Antes de la ocupación militar
americana, fueron publicadas las revistas Cuentos, Versos Selectos,
Apolo y Renacimiento, siendo la última la más importante del grupo
Los ocho años de la ocupación militar americana (1916-1924), fueron
difíciles para las actividades políticas, literarias y el libre
pensamiento; pero no impidieron el surgimiento de grupos literarios y
culturales y la publicación de interesantes, que por el contrario
surgieron como parte de una tendencia contestaria que se oponía a la
presencia de las tropas extranjeras. En este período surgieron los
primeros grupos verdaderamente de vanguardia de la República Dominicana.
Entre los grupos resulta importante señalar a Paladión, a
Plus-Ultra, y a los Postumistas. Paladión tenía como centro de
operaciones la revista Blanco y Negro, los Postumistas a la Cuna de
America y la revista Letras, y los de Plus-Ultra, fundado en 1921, y
lidereado por Manuel Arturo Peña Batlle, publicaban en 1922 la revista
Claridad.
En Plus Ultra participaban Alcides García Lluberes, Jesús María
Troncoso, Angel Rafael Lamarche, Juan isidro Jimenes-Grullón, Arturo
Despradel, Carlos Larrazabal Blanco y José Enrique Aybar. Tanto
Paladión como Plus Ultra se fusionaron en 1931 dando paso a la
agrupación Acción Cultural.
Entre las revistas literarias del período de la ocupación militar se
encontraba Letras, aparecida en 1917 y exclusivamente literaria.
Letras, que era dirigida por el venezolano Horacio Blanco Bombona,
circuló hasta finales de1921, cuando fue cerrada por el censor
americano y su director expulsado hacia México. En lugar de Letras,
pero como una continuación de esta apareció en diciembre del mismo año
la revista L… Dirigida por Quiteria Berroa era la continuidad de la
anterior, correspondiendose la numeración con la anterior. El censor
militar también clausuró por corto la revista Renacimiento y su
director apresado y sacado del país.
En 1922 aparecieron las revistas Anarkos, y Panfilia, y en 1923
apareció la revista semanal y de temas generales, La Opinión. Esta
revista dedicó especial atención a los temas literarios. La Opinión, se
transformó en periódico diario en 1927, dirigida por Abelardo René
Nanita.
La desocupación militar del país se produjo en 1924, abriendo las
puertas a la soberanía y la libertad, pero también a la competencia y a
la atomización de los grupos literarios.
El período se inicia en 1924 con el último gobierno del General
Horacio Vásquez y terminó con el derrocamiento de este en 1930. Con la
llegada de Vásquez al poder y la salida de las tropas americanas del
país, comenzaron a surgir pequeños agrupamientos y esporádicos medios
literarios de vida efímera, nucleándose en capillas literarias que
comenzaron a proclamarse vanguardia y representantes de las más
modernas manifestaciones del arte y la literatura. El período estaba
marcado por un relativo bienestar económico y un espacio de libertades
públicas que era aprovechado por la juventud de entonces.
La proliferación de esos grupos fue destacada por la revista La
Opinión, llegando a sugerir la unidad de todos en torno a Paladión y
los acusó de identificarse con “rotulos rimbombantes, que nacen, se
extinguen y reproducen con la rapidez y facilidad de lo infructífero”.
La Opinión acusaba a esos grupos de ser “archipiélago, de islotes
pequeños, dislocados y esteriles”.
De las revistas generales, pero que daban importante espacio a la
literatura, es justo destacar la aparición de Cromos como la revista
publicada por hombres que más espacio daba a las mujeres escritoras: En
ella escribían regularmente Rosa Canto, Aurora Estrada y Ayala, Amada
N. Pittaluga, Enriquea Terradas de Lmarche, Ines de Lucas, y Livia
Veloz. Cromos estaba dirigida por Ernesto Casanova y redactada por
Gilberto Sánchez Lutrino
Las revistas literarias tuvieron relaciones con los grupos
literarios en ese período fueron: la Revista X, vinculada al Postumismo
y dirigida en1925, por Andrés Avelino y Rafael Andrés Brenes. Moreno
Jimenes, Sumo Pontífice del Postumismo publicaba en 1926 la revista La
Voz, y en 1929 comenzó a publicar hasta 1937, El Día Estético, vocero
del Movimiento Postumista .
En medio de la coyuntura provocada por la crisis economica de 1929
en el mercado mundial, la enfermedad del viejo caudillo Horacio
Vásquez, y su intento para reelegirse nuevamente, al Coronel Trujillo
se le facilitó la toma del poder político a través de un golpe de
Estado que va a ser ejecutado en el mes de febrero de 1930. A partir de
ese momento se siente una baja significativa en las actividades
literaria de los grupos culturales en la medida que la dictadura se
consolidaba, y muchos de los jóvenes intelectuales de aquellos días
mostraron interés en las actividades políticas conspirativas, que
tuvieron como centros a Santiago de los Caballeros y a la ciudad
Capital. Círculos marxistas se movían en medio de las actividades
culturales de entonces.
El espacio que va de 1930 a 1935, período de una resistencia que fue
finalmente aplastada por la tiranía, fue ocupado por las revistas La
Cuna de América que reapareció por corto tiempo con formato de
periódico, y la revista Bahoruco, para mi la más importante en los
medios intelectuales de la época. Dirigida por Horacio Blanco Bombona,
quien antes publicó la revista Letras, circuló desde 1930 hasta 1936. A
Bahoruco le tocó la gloria de ser el medio literario donde aparecieron
los primeros cuentos de Juan Bosch a su regreso de Europa, en 1931.
Juan Bosch fue también redactor de la revista Alma Dominicana aparecida
en 1934.
Pasada la primera reelección de Trujillo en 1934, y fracasados los
intentos para la eliminación del tirano planificados por jóvenes
horacistas, normalistas y marxistas, que se habían unidos con ese fin,
los escritores e intelectuales comenzaron a hacerse trujillistas,
especialmente a partir de 1935. Aparecieron nuevas tendencias
literarias, pero muy limitadas por el interés de la dictadura; las
tendencias, a decir de Joaquín Balaguer, se desatendieron en absoluto
de las esencias de la vida nacional y se propusieron a utilizar el
verso como expresión del sentimiento cósmico y de las vaguedades
espirituales. Los intelectuales y escritores se fueron integrando al
proyecto trujillista ya para gozar del poder y sus beneficios o ya para
evitar ser destruidos por este. En su mayoría los antiguos integrantes
de Paladión, Plus-Ultra, Acción Cultural, y los Postumistas, se
integraron al aparato cultural de la dictadura y llegaron a ocupar
posiciones de relevancia en la política nacional.
Del período de los treinta años de la famosa “era” de sangre y
oprobio, sobresalieron varias revistas vinculadas a agrupaciones
culturales y literarios. La revista La Cueva, surgió en 1937 como
vocero del grupo Plus-Ultra que al parecer volvió a ser reactivado.
Importantísima fue la revista La Poesía Sorprendida, aparecida en
1943 como órgano del movimiento de vanguardia de igual nombre, dirigida
por Alberto Baeza Flores. De la Poesía Sorprendida circularon veintiún
números y catorce cuadernos conteniendo la producción de esta
agrupación.
En cuanto a los Cuadernos Dominicanos de Cultura dirigido por Tomás
Hernandez Franco, comenzaron a aparecer en 1943 y desaparecieron en
1952. La colección de estos cuadernos está considerada como la más
importante producción literaria de la década del cuarenta.
La generación del 48 se va a hacer presente a través de su revista
Altiplano, la cual apareció en 1948, dirigida por Iván Alfonseca y
circuló en 1955 con intención de sustituir a los Cuadernos Dominicanos
de Cultura, la Revista Dominicana de Cultura, dirigida en 1955 por
Emilio Rodríguez Demorizi.
El ajusticiamiento del tirano en 1961 puso fin a una larga era de
control y miedo en la sociedad dominicana, permitiendo el inicio de un
tortuoso proceso de democratización que todavía no termina. Los
intelectuales y poetas que fueron disidentes del pasado régimen se
integraron a la lucha política afectando las actividades literarias y
limitando la aparición de revistas literarias. Habiendo permanecido
acallados por el miedo y la represión por tanto tiempo, los
intelectuales y su producción van a estar mediatizada por dos
tendencias: la “independiente” alejada de los conflictos de clases de
esa coyuntura, y la de los comprometidos con la libertad.
En ese contexto, dos revistas, “Brigadas Dominicanas” y
“Testimonio”serán las más representativas de las dos tendencias antes
citadas. En ellas y en las páginas dedicadas a la literatura en la
revista Ahora, surgida en 1962, los escritores formados en los tiempos
de la dictadura y la generación post trujillista, encontraron el espacio
necesario para sus producciones literarias.
Brigadas Dominicanas surgió en diciembre de 1961 dirigida por Aída
Cartagena Portalatín para “testimoniar, en principio, su total adhesión
al fuerte movimiento de oposición que la vigente juventud levantó
frente al régimen irracional” Las Brigadas eran independientes del
compromiso partidario pero de decidida orientación antitrujillista,
contestatarias y antibalaguerista. Dejó de circular en diciembre de
1962 y su espacio llenado 14 meses después por la revista Testimonio.
Testimonio surgió en febrero de 1964 bajo la dirección de Lupo
Hernández Rueda, Luis Alfredo Torres, Alberto Peña Lebrón y Ramón Cifre
Navarro. Sumergida la sociedad en las luchas políticas desatadas por
el golpe de Estado de 1963, la consiguiente insurrección guerrillera
del 14 de Junio, y la consolidación de la dictadura cívico-militar del
Triunvirato, la revista intentó alejarse de esos conflictos sin poder
dejar de reflejar en sus páginas la coyuntura que se estaba viviendo.
La encrucijada apareció en el primer número: “No somos ajenos a la
grave encrucijada en que se debaten los destinos nacionales (…). Pero
Nuestro derrotero es el camino del espíritu..”
Llama la atención en Testimonio la publicación 1966 del libro “Los
dias irreverentes”, en formato de revista, de Luis Alfredo Torres, y la
publicación del número ocho de 1964 dedicado a diecisiete jóvenes
escritores, entre ellos: Juan José Ayuso, Pedro Caro, Roberto Marte,
Jacques Viau R., René del Risco Bermúdez, Osvaldo Cespeda, Antonio
Lockward, Jorge Lara (Ulises Rutinel Domínguez), y Rafael Lara Citrón.
Dejó de circular en 1967 debido al costo del papel y a las
contradicciones en torno a la dirección de la revista. En julio, los
antiguos directores renunciaron anunciando la salida de la revista
Colibrí “como un medio de poesía selecta”. De esta revista no tenemos
noticias de si llegó a circular.
Durante la Revolución de Abril de 1965 los intelectuales y
escritores se adhirieron militantemente a la insurrección, la vida
económica y cultural se paralizó, los periódicos y revistas dejaron de
salir y todo giraba en torno al conflicto cívico-militar.
Por esta razón, más que revistas literarias fueron los poetas y
escritores revolucionarios los que cantaron a la patria en medio del
silbido de las balas. Los nuevos y los viejos de la literatura se
encontraron de sobre las trincheras, aunque algunos prestigiosos
intelectuales, como Héctor Incháustegui Cabral, fueron opositores a la
Revolución Constitucionalista.
En la zona constitucionalistas se organizó en julio El Frente
cultural dirigido por Silvano Lora, Antonio Lockward, y René del Risco,
así como la agrupación artística Arte y Liberación, pero no se
imprimieron revistas literarias. En la sección Página Literaria del
periódico Patria aparecieron los aportes de los intelectuales que
estaban con la revolución.
Al finalizar la guerra patria, los artistas y escritores que
participaron en ella comenzaron a organizar los Grupos Literarios,
entre ellos La Mascara (1965), El Puño (1965), La isla (1966), La
Antorcha (1967) y El Bloque de Jóvenes Escritores (1973). Todos, a
excepción de La Mascara, estaban influenciados por la guerra, el
marxismo y la esperanza de la vuelta a una revolución que nunca llegó.
De estos agrupamientos, sólo el Bloque de Jóvenes Escritores publicó la
revista Bloque en 1973, dirigida por Rafael Julián, Mateo Morrison,
Antonio Lockward, y Diógenes Céspedes. Los colaboradores de Bloque
fueron los integrantes de los grupos literarios.
Al finalizar la revolución reapareció la revista Testimonio y en
1967 el Movimiento Cultural Universitario publicaba los Cuadernos de
Poesía. Para 1971 circulaba la revista Liberación dirigida por Víctor
Víctor, de carácter político-literaria, pero los medios más importantes
para las generaciones de post guerra fueron los suplementos culturales
de los periódicos nacionales.
La Gaceta Literaria de Auditórium, del Listín Diario, apareció en
1972 como órgano del Grupo Cultural Auditórium y dirigida por Carmen
Quidiello de Bosch y marianne de Tolentino. En ella se destacaron los
escritores que se consideraron parte del Movimiento de la Joven Poesía y
del Pluralismo, mientras que León David y Mateo Morrison comenzaron a
producir el Suplemento Cultural Aquí, de La Noticia, órgano discreto de
la Joven Poesía. Fue además significativo el aporte del Suplemento
Dominical del Nacional (1966). y las secciones de literatura de la
Revista ¡Ahora!.
A principio de los años setenta los grupos literarios comenzaron a
desaparecer dando paso a los Talleres Literarios, de donde surgieron
los más importantes representativos de la literatura dominicana hoy. De
una actividad cultural y literaria que apostaba al enfrentamiento
social y a la solidaridad internacional, después del triunfo del PRD en
1978 y la necesaria y feliz salida del período de los “Doce Años de
Balaguer”, las actividades literarias tomaron nuevos rumbos, llegó la
dispersión y cada quien fue definiendo su tendencia, su estilo y forma,
buscando en lo cotidiano y en las experiencias extranjeras el sostén
de su producción. Los talleres fueron las escuelas donde se fraguaron
los escritores de la Generación del Ochenta.
Independientemente de los Talleres, en 1974 surgió el Movimiento
Pluralista definido por Tony Raful como “Frente estético de la
burguesía”. Dirigido por Manuel Rueda, surgió “representando una opción
de técnicas y trabajo en el experimento formal de la literatura
dominicana, atiborrada por un desgane histórico de profundas raíces
sociológicas”. Los integrantes de esta agrupación tuvieron abiertas las
puertas de los suplementos y diarios de la época.
Entre los Talleres Literarios encontramos al Núcleo de Escritores
Jacques Viau, surgido en 1978 y en el que se reunían Rafael Peralta
Romero, Aquiles Julián, Héctor Jerez, Federico Sánchez, Julio Cuevas y
el poeta Tomás Castro.
Para 1979 algunos de los integrantes del Jacques Viau se fusionaron
con el grupo que formó el Taller Literario Cesar Vallejo, el que
dirigido por Mateo Morrison en la Universidad, estaba integrado por
José Mármol, Mayra Alemán, Dionisio de Jesús, Plinio Chahin, Ylonca
Ncidit Perdomo, Tomás Castro, Rafael García Romero, Miguel A. Jiménez,
Tomas Modesto y Franklin Gutiérrez.. El Cesar Vallejo posee un boletín,
dirigido por Miguel Antonio Jiménez, del que han aparecido unos diez y
nueve números.
Otro grupo-taller interesante fue el Circulo Literario Domingo
Moreno Jimenes, surgido en 1983, con un boletín, especie de hoja
volante, donde circulaba publicaban sus versos y opiniones. El Moreno
Jimenes estaba integrado por Marcos A. Martínez, Evan Lewis, Medar
Serrata, y Adrian Javier, y tenía su centro de acción en la zona
oriental de la capital correspondiente a Alma Rosa.
En la barriada de Los Minas tuvo una importante actividad el Taller
Literario Juan Sánchez Lamouth. Este taller utilizaba la parte trasera
de la iglesia de “Los Minas Viejo”, para realizar sus reuniones.
La Generacion del Ochenta, nombre con que se identifica a los
escritores surgidos de los Talleres se diferenciaba de las anteriores
en la temática y las técnicas, y de acuerdo con Franklin Gutiérrez, se
preocupaban por la muerte, la metafísica y el nihilismo, mientras los
de postguerra estuvieron vinculados al marxismo, la solidaridad
internacional y los conflictos sociales. Los del ochenta se alejaron de
las luchas sociales y encaminaron sus aportes por el camino del
individualismo y la distracción. Sus principales medios de difusión
fueron los boletines de los talleres, algunas revistas y los
suplementos de los diarios nacionales. Además tuvieron la oportunidad
de constar con las revistas Letra Grande, Cuadernos Siboney, la revista
Y..Punto, los Cuadernos Dominicanos de Poética y la revista Yelidá.
Letra Grande apreció en marzo de 1980 dirigida por Juan R. Quiñones y
coordinada por Pedro Richardson y Peralta Agüero. Los Cuadernos
Ciboney comenzaron a ser publicados en septiembre de 1980 dirigido por
Marcio Veloz Maggiolo y Freddy Gatón Arce, vinculados a la licorería
Siboney, siendo de interés los concursos literarios que patrocinaba la
revista.
En cuanto a la revista Y…Punto!, autocalificada como “nosdalaganario
de literatura”, comenzó a publicarse a finales de 1982, definiéndose
como órgano del Colectivo de Escritores…Y Punto! En ella escribían Raúl
Bartolomé Reynoso, René Rodríguez Soriano, Tomás Castro y Aquiles
Julián.
Una publicación de literatura que ha permanecido hasta hoy son los
Cuadernos de Poética, dirigidos por Diógenes Céspedes. Estos Cuadernos
aparecieron por vez primera en 1983 con Andrés Blanco Díaz como redactor
y un comité asesor de escritores nacionales e internacionales.. Los
Cuadernos surgieron para “valorar el poema y hacerlo público” y su
estrategia política se inscribió “contra la teoría y la práctica de la
metafísica del signo”.
En 1986 circuló Yelidá, revista literaria dirigida por Antonio
Fernández Spencer, con Victor Mármol como redactor y Abil Peralta
Agüero como secretario. En Yelidá colaboraban Diógenes Céspedes, Manuel
Núñez, Mateo Morrison, Tony Raful, Danilo Lasose, Andrés L. Mateo y
otros destacados escritores de la época.
Más recientemente han circulado revistas literarias como son Vetas
de la Cultura, El Aleph, revista del círculo literario de igual nombre,
Espacios Culturales publicada desde 1997 por Mateo Morrison, El Punto
de la Casa, vinculada a Casa de Teatro, y Caudal que dirige el
talentoso y joven escritor Carlos Cabrera.
De estas revistas es obligatorio referirse a Vetas, definida
recientemente como la “única revista en blanco y negro que se mete en
rojo”. Dirigida en su primer número de 1993 por Clodomiro Moquete y
Avelino Stanley, ha tenido como soporte a la Editora Buho. Después de
doce años apareciendo cuando “Dios quiere”, Vetas está en abril del
presente año celebrando la salida de su número sesenta. Abierta a “los
dioses” y en especial a los jóvenes escritores, se tiene, sino como la
más importante, por lo menos como la más contestataria, abierta,
malcriada y polémica de las publicaciones literarias dominicanas de
actualidad.
Ahora el campo de las letras nacionales tiene un nuevo medio para
que los intelectuales y escritores entreguen sus aportes a la sociedad
dominicana. Toca el turno a Xin-Esquema, revista literaria que en
algunos minutos tendrán ustedes entre sus manos, dirigida por un
intelectual que ha demostrado poseer la capacidad y el conocimiento
para salir triunfante en todos los compromisos en que se embarca, por
lo que estoy seguro que habrá revistas literarias por muchos años.
Muchas Gracias.