sábado, 27 de julio de 2013

Miles participan en la protesta del grupo de Hipólito Mejía contra el TSE



Si esta actitud de estos jueces irresponsables, que han dado fallos históricos negativos al país, la próxima lucha no será pacifica, cogeremos las calles con lo que tengamos en mano para defender la democrácia dominicana" Dijo el diputado Bernardo Alemán

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viernes, 26 de julio de 2013

Los soldados colombianos que combatieron en la Guerra de Corea


Los soldados colombianos que combatieron en la Guerra de Corea

Última actualización: Viernes, 26 de julio de 2013
Son los combatientes casi olvidados -y, para muchos, todavía desconocidos- de un conflicto bélico que ocurrió hace más de 60 años, a casi 15.000 kilómetros de distancia.
Pocos saben que numerosos soldados de Colombia participaron en la Guerra de Corea, el primer gran enfrentamiento armado de la Guerra Fría.
Y en aquel momento, ni ellos mismos parecían saber de qué se trataba, ya que muchos de estos militares creían que iban a Crimea o directamente desconocían hacia dónde partían.
Carlos Julio Rodríguez, quien forma parte del grupo de aproximadamente 700 veteranos colombianos de Corea que aún están con vida, le dice que a BBC Mundo que para ellos el recuerdo de aquella participación aún sigue presente.
Soldados del Batallón Colombia en la Guerra de Corea
Colombia fue el único país latinoamericano que envió tropas a la Guerra de Corea. Foto: ADEVECO
"Uno se reúne con los compañeros y vienen los recuerdos", asegura.
"Y a mis hijas y a mis nietos les he contado todo. Ellos ya saben más que yo", agrega, sonriente, este hombre de 82 años, quien nada más tenía 21 cuando se enlistó como voluntario en el Batallón Colombia para combatir en Corea bajo la bandera de las Naciones Unidas.
Colombia fue, de hecho, el único país de América Latina que respondió al llamado de la ONU para apoyar a Corea del Sur luego de la invasión por parte de Corea del Norte de junio de 1950.
En total, el país sudamericano –que se sumó a la conflagración en agosto de 1951– aportó tres fragatas y un batallón de infantería, que a lo largo de sus tres años de participación en el conflicto sumó unos 4.750 efectivos.
Y cuando el 27 de julio de 1953 se firmó el armisticio que puso fin a las hostilidades, las bajas colombianas sumaban 196 muertos y desaparecidos, y más de 400 heridos.

Las razones de Colombia

El conflicto en 3 minutos

Uno de esos heridos, Rafael Quiroga, recuerda perfectamente el día (23 de septiembre de 1952) y la hora (11:30 de la noche) en que fue alcanzado por una granada de fabricación china.
"No explotó. Pero el proyectil me cayó en la cabeza, el casco de acero lo perforó y me rompió todo esto", cuenta el veterano, también de 82 años, al tiempo que se toca el costado izquierdo de un cuerpo que se adivina lleno de cicatrices.
Y mientras conversa con BBC Mundo, luce orgulloso la medalla conmemorativa que el gobierno de la República de Corea le otorgaría años más tarde por su trabajo.
Como la mayoría de los soldados colombianos que participaron en el conflicto, Quiroga no tenía la mayor idea de a dónde se dirigía al momento de embarcarse hacia el conflicto en el que resultaría herido.
"Los que tenían alguna formación académica pensaban que estaban yéndose a Crimea, nunca entendieron que iban hacia Corea, no sabían dónde era", reconoce el capitán Juan Fernando Rodríguez, del Centro de Estudios Históricos del Ejército de Colombia, para quien la participación colombiana en el conflicto fue fundamentalmente el resultado de una necesidad política.
"El presidente de turno, Laureano Gómez, durante la (recién concluida) Segunda Guerra había estado muy ligado a las ideas del nazismo. Y se habla de que, en búsqueda de limpiar esa imagen de estar de acuerdo con las ideas nazistas, ofrece la participación de las fuerzas militares de Colombia en Corea", le dice a BBC Mundo.

A su propia suerte

El presidente Gómez, sin embargo, no sería el único que se beneficiaría de la participación colombiana en el conflicto, que también marcó un punto de inflexión en la historia de las fuerzas armadas colombianas.

La Guerra de Corea (1951-1953)

Soldados del Batallón Colombia en Corea. Foto: cortesía ADEVECO
  • Luego de la Segunda Guerra Mundial, Corea queda dividida: un gobierno comunista afín a la Unión Soviética se establece en Corea del Norte, mientras Estados Unidos apoya al gobierno de Corea del Sur.
  • Las dos Coreas, sin embargo, quieren la reunificación. Y el 25 de junio de 1950, el ejército norcoreano, armado por los soviéticos, invade Corea del Sur.
  • Estados Unidos recurre al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y la organización llama a conformar una fuerza multinacional. Dieciséis países, entre ellos Colombia, contribuyen con tropas.
  • Bajo el comando de EE.UU., los aliados logran repeler la invasión norcoreana. Pero la decisión estadounidense de avanzar sobre Corea del Norte hace que China se sume al conflicto del lado norcoreano.
  • En 1951 empiezan las conversaciones de paz empezaron en 1951. Pero no fue sino hasta el 27 de julio de 1953 que se firmó el armisticio que puso fin formalmente a las hostilidades.
  • Técnicamente, sin embargo, Corea del Norte y Corea del Sur siguen en guerra, pues las partes nunca firmaron un tratado de paz.
"A partir de su participación (en la Guerra de Corea), las fuerzas militares de Colombia fueron otras: cambiaron su doctrina, su forma de operar, se convirtieron en una fuerzas más profesionales", explica el capitán Rodríguez.
Y, orgulloso, el historiador también recuerda una frase atribuida a un militar estadounidense, el mayor general Blackshear Bryan, comandante de la 24 división de infantería, a la que estaban adscritas las tropas colombianas: "He combatido en tres guerras. Pensé que nada me faltaba por ver en el campo del heroísmo y de la intrepidez humana. ¡Pero me faltaba ver combatir al Batallón Colombia!".
Impulsados por esa estela de heroísmo y los nuevos aprendizajes, la mayoría de los oficiales que combatieron en Corea llegarían a ocupar altos cargos dentro del estamento militar, incluyendo la máxima comandancia del ejército.
Pero, a su regreso a Colombia, no todos los veteranos correrían con la misma suerte.
"Muchos compañeros míos, que estaban enfermos psicológicamente, murieron en las calles de Bogotá", cuenta el sargento mayor (retirado) Carlos Eduardo Cubillas, quien lamenta que el estado colombiano tardara casi cincuenta años en aprobar una pensión equivalente a dos salarios mínimos para los veteranos de la Guerra de Corea en situación de indigencia.
"Otros caballeros tuvieron la dicha de tener industrias, fueron muy bien recibidos. Otros compañeros siguieron en el ejército, otros compañeros se dedicaron a la agricultura. Pero la mayor parte de los compañeros han muerto en una forma muy miserable. Sin apoyo", le dice a BBC Mundo.
Una falta de apoyo que también es reconocida por el coronel (en retiro) Guillermo Rodríguez, quien combatió en Corea como un joven subteniente de infantería.
"Desafortunadamente nosotros tenemos que considerar que aquí había un conflicto interno bastante fuerte", dice Rodríguez, refiriéndose a los enfrentamientos entre tropas conservadoras y guerrillas liberales de la época conocida como "La Violencia" (1948–1958).
"Entonces al llegar de Corea es como si se hubiera desacuartelado cualquier otra unidad del conflicto interno. No hubo ninguna distinción, ningún premio, ni nada especial. Se nos trató como a cualquier otro soldado colombiano que hubiera estado en guerra", explica.

Orgullo patrio

Conservando el recuerdo

Carlos Rodríguez observando fotos históricas en la sede de la Asociación de Veteranos.
Con una mayoría de los veteranos que supera los 80 años, el esfuerzo por mantener vivo el recuerdo de la participación colombiana en la Guerra de Corea también es una tarea sus descendientes.
Y, para ello, en octubre de 2011 nació la Asociación Colombianas de Descendientes de Veteranos de la Guerra de Corea (ADEVECO), la que según su director, Hernando Gómez Forero, es la primera de su tipo a nivel mundial.
La asociación también trabaja por el bienestar de los veteranos y para mantener el contacto con la República de Corea.
"Ellos (los veteranos) son ya unas personas de la tercera edad, y hay unos que tienen unas necesidades inmensas, y como la mayoría de nosotros los descendientes somos profesionales, entonces podemos brindarles apoyo", explica Gómez Forero.
"También hacemos integraciones con las familias coreanas (que viven en Colombia) y canalizamos los apoyos que vienen de Corea. El gobierno coreano nos está entregando algunas becas para colegio, empresas coreanas nos están entregando becas universitarias, auxilios universitarios", cuenta.
Curiosamente, es la prevalencia del conflicto interno –que desde inicios de la década de los 60 enfrenta al ejército colombiano con guerrillas de orientación marxista– la que actualmente parece estar motivando una revaloración de los veteranos de Corea, que este año fueron invitados a encabezar el tradicional desfile militar del Día de la Independencia.
Se trata, según el coronel (retirado) Rodríguez, de una iniciativa del actual comandante general de las fuerzas armadas colombianas "para que nuestro país conozca lo que valen sus fuerzas militares y de policía".
Pero es también una importante recompensa para unos hombres que, sin excepción, se dicen tremendamente orgullosos de haber podido servir y representar a Colombia en el campo de batalla, hace ya más de seis décadas.
Según los veteranos, también los reconforta el agradecimiento que por su sacrificio siempre les ha demostrado el pueblo surcoreano.
"Hemos recibido mucha ayuda de parte del gobierno de Corea. Por ejemplo becas para los nietos, ayudas económicas para los nietos, viajes a Seúl a recordar las viejas épocas", reconoce el sargento Cubillas.
Y, para el coronel Rodríguez, el haber visto al pueblo Coreano "en una situación muy difícil, y verlo ahora siendo una de las grandes potencias del mundo, lo reconforta a uno, le hace pensar que el haber ido a Corea, aunque fuera sólo un granito de arena, fue algo que valió la pena", le dice a BBC Mundo.
Pero, más allá del orgullo, el militar retirado tiene claro una cosa.
"Una guerra no se la deseo a nadie, una guerra es algo espantoso, y yo creo que no al final lo ideal es que la Humanidad es no tener guerras, porque es un recuerdo triste", concluye.
Siga al corresponsal de BBC Mundo en Colombia, Arturo Wallace, a través de Twitter: clic @bbc_wallace

Don Paco Escribano


Don Paco Escribano
Por JOSE DEL CASTILLO PICHARDO
Fuente:http://www.almomento.net/articulo/140458/Don-Paco-Escribano

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"Mamita llegó el Obispo/ llegó el Obispo de Roma/ Mamita si usted lo viera/ qué cosa linda qué cosa mona". Así arrancaba la jornada, verdadero toque de queda entre la audiencia radiofónica nacional en los años 50. "El rey del disparate, el archipámpano de la carcajada".
 En la HIZ de Frank Hatton y luego en La Voz de la Alegría de su propiedad, en Villa Duarte, don Paco Escribano, Paquita, brindaba su memorable sesión humorística diaria que rompía la rígida monotonía durante la monocorde dictadura.
Fijada en el dial en el meridiano soporífero de un trópico caliente y vaporoso, durante la "Era Gloriosa", cuando la siesta boquiabierta mandaba tanto como Trujillo, justo a la 1:30 este Escribano entrañable disparaba el despertador vespertino.
Desplegaba su cuadro de bembeteo con el auxilio del español Valentín González Rionda, con alusiones constantes al Mulo, uno de sus músicos "bien dotado" contrapunto focal de los comentarios, el respaldo musical de Raposo y su Combo con la voz del cantante Frank Cruz -quienes en 1964 formarían parte de Félix del Rosario y sus Magos del Ritmo.
El espacio daba paso a las novedades referidas por Secundina, la Negra China, la chismosa de la esquina, quien aportaba lo "más saliente de la capital" que contaba el propio Escribano en interlocución con González Rionda.
Era el esperado segmento La Chismosa, que al igual que Carnet Social y la Bola de Cristal, organizaba comentarios, parodias musicales, denuncias a veces temerarias y runruneo urbano, en una mezcla picante de libreto e improvisación de este mago del repentismo.
LOS TEMAS
"Para la guataca" (la oreja), decía don Paco al Mulo, empleando un cubanismo. "Que en tu casa comen harina/ y un día al año comen gallina". Denuncias barriales y consultas sentimentales a don Paco. Inquilinas morosas residentes en la Esquina Caliente.
Locutores que cobran anuncios a nombre de emisoras sin reportarlos o anuncian en guagüitas sin tener carnet. Cuernos que pega una comadre con el marido de la otra comadre (don Paco recomienda una paliza).
Mariconeo con los músics. "Qué tú vives con un chino. ¿Quién, yo don Paco?", responde el Mul "Paco no soy yo, es Chiripa que vive". Ama de casa atrapa al jardinero "jardineando a la criada". Receta de Langosta a la Macorisana, "la tierra del bulgao, el lambí y los cangrejos".
Plaga de moscas por el Hipódrom "Sanidad, ¿qué es esto?". Chismes: "Las maestras de escuela tienen derecho a tener amores. Lo que está mal es que fulanita se vaya al control de guaguas y detrás del quiosquito se ponga a comer frito, con el muchachito".
ORIGENES
Esta Chismosa tiene estirpe cubana. Desde 1941 Rita Montaner -la gran diva del teatro, la radio, la zarzuela y el cine de la Isla Fascinante- asumió en la Corte Suprema del Arte que se transmitía por CMQ Radio el rol cómico de La Chismosa.
Mediante el cual denunciaba a funcionarios y destilaba crítica social a través de salpimentadas "morcillas". Como cierre a cada edición la Montaner cantaba el estribillo de una guaracha homónima de Juan Bruno Tarraza estrenada por ella, que rezaba así: "Mejor que me calle,/ que no diga nada/ que lo que tú sabes/ yo también lo sé".
Rafael Tavárez Labrador (Santiago de los Caballeros, 1917-Puerto Rico, 1960) adoptó el nombre artístico de Paquita Escribano, una cupletera zaragozana a la que admiraba e imitaba cuando se inició en su carrera.
Travestido, elevado sobre tacones blancos o charolados, vestido con vistosos trajes de vuelos y encajes, castañuelas en mano que repicaba con destreza y rostro pintarrajado, dominando los escenarios teatrales donde presentaba sus revistas de variedades con lleno de público.
Aviado con mantilla, peineta sevillana, abanico, cantaba, bailaba con gracia cañí, esta regordeta Paquita caribeña, con su cara de manzana grande, sus finos labios pintados y los cachetes llenos de colorete. Pasodobles como Baldomero tuerce botas que cantaba Juan Legido con los Churumbeles de España: "Baldomero tuerce botas/es enano y zapatero,/más con una cabezota/del tamaño de un brasero".
A mí me encantaba su actuación, llevado de la mano por mis tíos maternos a los teatros de la calle José Trujillo Valdez: Julia, Max y Diana, en Villa Francisca (barrio que amó Escribano como atestigua Marcio Veloz Maggiolo en excelente nota de nostalgia).
O al emblemático Independencia o al Capitolio frente a la Catedral. Hasta al viejo Paramount de San Carlos llegó Paquita con su coquetería andaluza. Entre espectáculo humorístico y toque grotesque, tuvimos por anticipado nuestr@ virtuos@ chic@ Almodóvar.
LOS CURAS
"El Obispo no come queso/ El Obispo no come pan/ Pero a las doce de la noche/ el Obispo come lo que le dan". Y uno, entonces escolar de colegio católico que acudía a misa dominical en la Catedral, no podía dejar de imaginarse al Obispo en la sacristía, ante la oferta beata de queso y pan, rechazándola en observancia a votos de ayuno. Y pensaba en monseñor Ricardo Pittini, tan flaco él, ciego y esquelético, templario penitente, quien se auto flagelaba, con sus infaltables gafas oscuras.
Cariñoso con los niños que pedíamos su bendición. Pero, qué va gallo, a las doce de la noche -decía la cancioncita-, vencido ante tanta continencia virtuosa, "el Obispo come lo que le dan". Y me venía a la mente la figura de monseñor Beras, buenazo y rellenito, quien debía compensar tanta desapetencia del santo Pittini.
Un salesiano italiano que hizo mucho bien, manejándose con Trujillo, buscándole la vuelta a la bestia, como buen siervo del Señor entrenado en exorcismo. Que sembró obras educativas y vocacionales en el país.
"Debajo de la sotana/ lleva un muñeco de goma/ Ay mamita si usted lo viera/ Qué cosa linda qué cosa mona". Cuando llegaba esa parte del reguilete musical de don Paco, la imagen que me asaltaba era otra. Venían a mí tantas historias de curas machos, potros preñadores, varones cabríos desbocados, padrotes anónimos.
Historias que escuchaba en mi propia familia, no liberada de esa impronta discreta de la resurrección de la carne descarriada, de la sublevación de los castos preceptos, para dar paso al deseo, ese demoníaco y terco manipulador que nos seduce, descarnado, que nos abate y arrastra hasta remontar el clímax divino. ¡Oh, Dios!, diría un querido amigo, iniciado en ritual erótico bajo capilla ardiente, con fondo de salmos y cánticos de avemarías. Admirador, por demás de Escribano, a quien dedicó merecido ensayo.
"Mejor que me calle/ y no diga nada/ que lo que tú sabes/ es lo que yo sé/ Que a Secundina, la Negra China…"
Así como La Chismosa nació en Cuba, la plena Mamita llegó el Obispo surgió en Borinquen, grabada en 1927 por Manuel Canario Jiménez, con texto satírico irreverente. Describe la llegada de un Obispo que "tiene los ojos azules/la cara muy coquetona", que provoca rabia entre los hombres y revuelo entre las mujeres que "se han vuelto todas devotas".
 Frances R. Aparicio relata que esta plena adquirió vuelo político en 1952, cuando el Obispo de Ponce, el irlandés James MacManus, se opuso abiertamente a la reelección de Muñoz Marín alegando que mantenía relaciones extramaritales. El Partido Popular Democrático relanzó entonces la vieja plena difundiéndola por la radio en toda la isla, alcanzando así una votación récord. Históricamente esta confrontación MacManus-Muñoz duró más de una década, con capítulos increíbles.
COMEDIAS
Entre las comedias picarescas que montó don Paco se citan en sus fichas biográficas Pin-pan, fuego, Una viuda sin sostén, El mechón de Tongolele, Yo soy Filomeno, Para darle gusto al pico y Aquí está Migdalia. La última obra teatral a la que asistí, llevado por mi tío Bienvenido Pichardo Sardá, fue Cero Invasión, escenificada en 1959, alusiva a la expedición de Junio, de final grotesco.
Narra la historia verídica de un "barbudo" cansado y hambriento que se acercó a un bohío. Acogido por su dueña, una campesina regordeta actuada por Escribano, el insurgente entra en confianza y se sienta a la mesa, a esperar los alimentos que la anfitriona le prepara. Aprovechando un descuido, la campesina, quien pilaba el arroz, le ataca por detrás golpeándole con el mazo, matándolo en el acto. Tras esta escena, se dirige hacia el público y proclama su lealtad a Trujillo, remachando a viva voz: "cero invasión".
LA FONDA
A finales de la década del 50 don Paco instaló en mi barrio una fonda en la 30 de Marzo esquina Duvergé, frente al temible SIM de Johnny Abbes, a pocos pasos de Del Río Motors, concesionaria de la Ford y del hogar de Joaquín Custals, dueño de La Voz del Trópico. Sobre la entrada de la Posada El Caballito colgaba una hermosa pieza de Carrusel, de esas que hacían las delicias infantiles cuando se montaba un Coney Island en la capital.
Allí acudía con frecuencia por encargo de mi madre Fefita, a comprar raciones del mondongo que don Paco preparaba personalmente en su laboratorio culinario y que a ella encantaba. Con mandil puesto, sus camisones de seda rameada estampada, sudoroso por el vapor de los fogones y las ollas, con el pelo brilloso y el rostro enrojecido, siempre amable, era un privilegio intercambiar palabras con este ícono de las artes populares, en su ambiente de olores culinarios.
Yo mozalbete con once años y él todo un personaje consagrado que andaba en los 40. Mientras salía el servicio de mondongo -"Mi hijo, le falta unos minutos, siéntate y espera", me decía espontáneo mientras se asomaba a la calle para refrescarse del calor de la cocina. Yo picaba algún fritico verde -"Toma, mi hijo, para que te entretengas".
A veces incursionaba junto a los muchachos del barrio, a comer carnitas, longaniza, empanaditas de catibía, bollitos de yuca rellenos. Lástima que todavía los caldos mayores -en los que Labrador era maestro- no figuraran en nuestra apetencia ambulatoria.
Un sancocho, un caldo de gallina o una buena sopa de pescado los hallábamos en la mesa del hogar. Ojalá haber disfrutado más el sabor de este gran cocinero que fue don Paco, fallecido apenas a los 43. Este verdadero Obispo del humor y la carcajada. Un fecundo Labrador. Amén.


Don Paco Escribano (lista de reproducción)