martes, 19 de junio de 2012

MAPA DE PIRI REIS


Mapa de Piri Reis

Fragmento del mapa de Piri Reis.
El mapa de Piri Reis es un fragmento de un mapa elaborado por el almirantecartógrafo otomano Piri Reis en 1513. Piri Reis nació en Galípoli hacia 1470. Sobrino de un célebre corsario, Kemal Re'is, desde muy joven acompañó a su tío en sus correrías marinas, participando en las campañas navales contraVenecia y en la conquista de la isla de Rodas en 1523. Dos años antes de esta fecha había publicado el Libro de las Materias Marinas, cuya exhaustiva información hacía referencia exclusivamente al Mediterráneo. Una nueva versión ampliada, dedicada al sultán Suleiman, concluyó en 1526, con una dedicatoria en verso en la que contaba la historia de
un astrónomo que se llamaba Kolón..., que salió en busca de Antyle... y la descubrió. Hoy la ruta es muy conocida y su mapa llegó hasta nosotros.1
En ella se refería también al mapa que él mismo había dibujado años atrás y del que había hecho obsequio a Selim I en El Cairo. En los márgenes detalla sus fuentes: un mapa de Cristóbal Colón, encontrado en un barco español apresado en 1501, y cuatro mapas portugueses más recientes. Además contó con los informes de un marino que había participado en los primeros viajes colombinos, posteriormente capturado por su tío, que lo había hecho su esclavo.2
Por contener aparentes representaciones de tierras entonces desconocidas y a raíz de los propios escritos de Reis indicando que otras de sus fuentes habían sido "los antiguos reyes del mar", ha suscitado gran interés como «enigma». Es, por otro lado, el mejor testimonio de los mapas que dibujó Colón de las tierras por él descubiertas, de los que tan sólo se ha conservado un pequeño boceto del norte de La Española. El original se conserva en el Museo Topkapi Sarayi de Estambul donde se localizó en 1929, pero no suele estar expuesto al público.

viernes, 15 de junio de 2012

La Mujer Indígena en la época de la Conquista


La mujer indígena en la época de la Conquista

Fuente: Arsenio Suárez Franceschi, Ponencia presentada en el VII Congreso Dominicano de Historia, que tuvo lugar en el Museo Nacional de Historia y Geografía de Santo Domingo, República Dominicana, en el año 1995, publicado en la Revista de Estudios Generales, Año 13, Nº 13, pp. 357-369, de julio 1998–junio 1999, de la Facultad de Estudios Generales, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras.

(A Jalil Sued Badillo y a Ricardo Herren, cuyos textos me dieron las claves fundamentales para repensar y escribir este trabajo). Acercarnos al tema de la mujer indígena es un viaje a las raíces, un volver la vista a las fuerzas primigenias y es, además, un reto. En estos tiempos, escribir acerca de la mujer es una obligación; defenderla sin actitud  paternalista y colaborar en sus difíciles luchas no solamente contra el hombre que la oprime, sino contra la mujer misma que se incomprendido, es un deber ineludible. Lo contrario sería ir contra la marcha de la historian y contra nosotros mismos.
Es una verdad evidentísima que hay que repetir por lo reveladora, la de que cada ser humano (mujer u hombre) por sí solo es estéril y necesita complemento para la reproducción.
Platón, en su diálogo El banquete, hace referencia a un mito que nos da muchas claves. Creo que el mito es una interpretación poética de la realidad, es “el ropaje del misterio”, como dijo Thomas Mann y es, además, un código de señales del inconsciente. A través del mito, aunque parezca absurdo y paradójico, entendemos mejor la filosofía de la historia, puesto que los mitos están hechos a imagen y semejanza del ser humano y recogen sus últimos pensamientos, sentimientos y los móviles que lo impulsan a actuar en este drama histórico que es el vivir. Decía que Platón, en su citado diálogo, nos cuenta cómo en la naturaleza humana primitiva existía el andrógino, es decir, el “hombre-mujer”, un ser partícipe de ambos sexos. Lo describe como hombre y mujer por la espalda.
Había muchos. Tenía cada andrógino dos rostros, cuatro brazos, cuatro piernas y dos sexos (masculino y femenino) que por estar en sentidos opuestos, por sí solos eran estériles. Aquellos seres quisieron escalar el Olimpo, y Zeus separó al hombre de la mujer y los dispersó por el mundo. Desde entonces, cada cual está buscando su otra mitad, con ánimo de complementarse y de restablecer el primitivo equilibrio.
A través de la historia, el hombre, las más de las veces, en lugar de ver en la mujer su complemento equilibrador vital, la ha visto como inferior o rival o como instrumento útil a su egoísmo físico o espiritual. Se ha servido de ella sin reconocer en ella a su parigual. De ahí, el desequilibrio en que nos encontramos todavía.
La historia de nuestra América, desde antes de la llegada de los conquistadores hasta hoy, ha sido el resultado de la violencia jerarquizada. La mujer no escapó a esa realidad protagonizada fundamentalmente por hombres ávidos de imponer su poder sobre otros hombres y sobre la mujer
Toda esa violencia, que nos cayó como un cataclismo, nos dejó lo que somos: pueblos divididos, luchando contra el extranjero interventor (o aliados a él), o peleando contra nosotros mismos y contra la mujer. Esa violencia –llevada hasta lo más absurdo– no llegó con un Cristóbal Colón, sino que cambió de forma con la expedición que él trajo. Probablemente, la mujer resultó ser la más perjudicada. Magnus Mörner ha dicho que, en un sentido, la conquista española de América fue una conquista de mujeres.
En 1537, el Papa Pablo III declaró que los indios son seres humanos y que pueden recibir el bautismo, es decir, que tienen alma a diferencia de los animales. Y las indias también. Este hallazgo insólito revela toda la incomprensión sobre los indios, resultado de los prejuicios europeos, el cual será pábulo para tejer una visión distorsionada en las crónicas. Y continuamente hay que leer entre líneas y soslayar la misoginia y comparar testimonios contrarios para aproximarse a la verdad. Además de la fiebre de oro y de fama que trajeron los conquistadores, hubo otra que determinó muchas de sus acciones: la fiebre por las mujeres y la conquista del sexo. El don juan de las Indias se adelantó en América al don Juan Tenorio, de Tirso de Molina, más burdo el donjuán de acá, menos elocuente y más agresivo, con menos poesía y más espada. Traía la tradición guerrera contra moros y judíos en la Edad Media y la idea de la preeminencia del hombre sobre la mujer.
Ya Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, había planteado en la Edad Media que: “(…) la mujer es menor en virtud y dignidad que el varón (...) en el estado de inocencia fue más imperfecta Poco antes de la Conquista de América, San Bernardino de Siena escribía lo siguiente:
“Yo os digo, no le peguen a sus esposas mientras estén embarazadas, porque conlleva gran peligro. No digo que nunca les deben pegar, sino que escojan el tiempo (…)”. Un protegido de Cristóbal Colón que viajó a América en el segundo viaje, Miguel de Cúneo, quien participó en encuentros con aborígenes en las Antillas Menores, recibió como regalo del Almirante una de las indias apresadas. De Cúneo relata cómo él violó sexualmente a la india tras doblegar su resistencia mediante una golpiza. Jalil Sued Badillo plantea que es ese el primer relato de agresión sexual a la mujer indígena que ha quedado consignado en la historia. Ricardo Herren ha recogido múltiples datos de gran interés sobre el asunto que nos ocupa. Por ejemplo: durante la campaña de México, un soldado de Palos de la Frontera, de quien el cronista Bernal Díaz del Castillo solo recuerda su apellido, Álvarez, tuvo en tres años treinta hijos en hembras indias. Las huestes españolas al mando de Álvaro de Luna –apenas cien hombres– desarrollaron tal actividad sexual con mujeres aborígenes durante la Conquista de Chile que, en su campamento, “hubo semanas que parieron sesenta indias de las que estaban al servicio de los soldados”.
En Asunción del Paraguay, mientras tanto, el presbítero Francisco González Paniagua denunciaba en 1545 que: “el español que está contento con cuatro indias es porque no puede haber ocho, y el que con ocho porque no puede haber dieciséis (...) no hay quien baje de cinco y de seis” (mancebas indígenas). En el Caribe, tampoco faltó la explotación de la mujer a través de la prostitución. Apunta Herren que en 1526, dos   Reales Cédulas, firmadas por el secretario del emperador Carlos I y por tres piadosos obispos, autorizaron la instalación de sendos lenocinios en Santo Domingo y en San Juan de Puerto
Rico con mujeres que, al menos en parte, eran blancas. Según Pérez de Barradas, en 1516, el secretario del Rey, Lope de Conchillos, tenía en Santo Domingo diez o doce mozas Desempeñándose como prostitutas. Hacia fines del siglo, en la rica Potosí había hasta 120 profesionales del amor pagado, en buena parte europeas, para servicio de los señores que desdeñaban apuntarse con indias o mestizas. Esclavas blancas, principalmente moriscas, fueron enviadas legalmente a partir de 1512 a América, para que se casaran con los españoles que se negaban a mezclar racialmente su descendencia legítima.
Las costumbres sexuales de las indias estaban condicionadas por el tipo de sociedad en que vivían. Herren sostiene que, en líneas generales, a mayor grado de evolución, mayor represión de lo instintivo. Dado el bajo nivel de complejidad y su mayor proximidad a la naturaleza de las sociedades americanas, la libertad sexual predominaba muy por encima de las limitaciones. Jalil Sued Badillo sostiene que la joven indígena taína, antes de casarse, parece que tuvo amplia libertad sexual, la cual era tolerada o fomentada socialmente. Y se apoya en Pedro Mártir de  Anglería, quien aseguró que:
“La mujer núbil que brindaba sus favores y se prostituía con gran número era reputada como muy generosa y honrada por todos. Sin embargo, una vez casadas, se abstenían de relaciones extramaritales”.
No obstante, en Cuba, narra el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo:
“Cuando los indios se casan, en la fiesta de boda, la novia fornica con todos los asistentes a la celebración que pertenecen al mismo estamento del novio. Si es cacique, primero se echan con ella todos los caciques que se hallan en la fiesta; y si es hombre principal el que ha de ser novio, échense primero con ella todos los principales; y si el que se casa es plebeyo, todos los plebeyos que a la fiesta vienen la prueban primero.
Y después que muchos la han probado, sale ella sacudiendo el brazo, con el puño cerrado en alto, diciendo en alta voz: ‘Manicato, Manicato’ que quiere decir esforzada y fuerte y de gran ánimo, casi tocándose de que es valerosa y para mucho”
Según Sued Badillo, la antedicha práctica apuntada por Oviedo es altamente improbable y no halla corroboración en autores de mayor credibilidad.
Al respecto de esta costumbre, es interesante señalar que, según Bronislaw Malinowski, existía en pueblos de la Antigüedad; Herodoto señala que cuando un matrimonio se realiza en la tribu de los nasamus, del norte de África, la costumbre impone que la primera noche la desposada pase de uno a otro de los invitados, entregándose a todos; cada uno de los que tuvieron contacto con ella le hace un presente que cuidó de llevar consigo previamente. Vuelve a darse esta costumbre entre los baleares de la Edad Antigua –la recién casada pertenecía la primera noche a todos los huéspedes presentes, después de lo cual se reservaba exclusivamente para su marido–; lo mismo en el Perú de la época de la Conquista o entre ciertas tribus neozelandesas, o en Madagascar, o en el Reino Kashmir, en Birmania.
Para el ultra español Oviedo, las mujeres indígenas eran: “mayores bellacas e más deshonestas y libidinosas mujeres que se han visto en estas Indias”. Sin embargo, Fray Bartolomé de Las Casas dedicó tres capítulos de su Apologética Historia a demostrar la superioridad de las costumbres sexuales indígenas sobre la de muchos pueblos en otras partes del mundo.
En la costa de Paria, Las Casas observó una ceremonia matrimonial que  según Sued Badillo– bien pudo ser representativa de las llevadas a cabo en las Antillas:
“(…) Las mujeres mientras son mozas y jóvenes son y viven bien honestas. Después que son mayores no tienen tanta constancia (...). Las doncellas que son ya casaderas las tienen dos años encerradas los padres, que ninguno las ve. Por esta guarda tan estrecha muchos desean tenerlas por mujeres. Los señores tienen cuantas quieren pero los populares con solo una están contentos.
Tienen el adulterio por cosa fea y así después de casadas se guardan de cometerlo y cuando algún yerro dello acaece, no castigan a la mujer sino al adúltero dan pena de muerte (...)”.
De las relaciones poligamias de los grupos nitaínos, dice Oviedo: “Puesto que los caciques tenían seis e siete mujeres e todas las que más querían tener, una era la más principal e la que el cacique más quería, y de quien más caso se hacía, (...). E no había entre ellas rencillas ni diferencias, sino toda quietud e igualdad e sin reñir pasaban la vida debajo de una cobertura de casa e junto a la cama del marido. Lo cual parece cosa imposible e no concebida sino solamente a las gallinas e ovejas (…)”. Sobre el divorcio parece que las normas eran sencillas.
Dice Oviedo al respecto: “E por cualquier voluntad del hombre o de la mujer se apartaban e se concedían a otro hombre sin que por eso hubiese celos ni rencillas”. En lo referente a la vida económica, la mujer se desempeñaba en el cultivo de la tierra, la recolección, preparación y conservación de alimentos, elaboración de bebidas, medicinas y artesanías (alfarería, cestería y textiles). Participaban en la guerra, en areitos y en el juego de la pelota. Sued Badillo es de la idea de que la mujer estuvo excluida de algunas prácticas de carácter religioso, aparentemente reservadas para hombres, como la búsqueda de oro. Y añade que: “El ritual de la cohoba ha sido otra de las prácticas señaladas como de exclusiva injerencia masculina. Veloz Maggiolo ha dicho que las mujeres podían estar presentes en esos ritos, sin intervenir en el fondo de la ceremonia”.
Sin embargo, apunta Sued Badillo: “Los ritos de la cohoba en la medida en que eran atributos inherentes al cargo de cacique y hombres principales, lo practicaron también mujeres cuando éstas ostentaron aquellas posiciones. Él cree que sería más correcto esperar la exclusión del pueblo naboria de estas prácticas y no buscar en las distinciones sexuales la clave de los esquemas de participación social. Sostiene la misma línea de pensamiento cuando señala que si las funciones del cacique eran las de ser líder militar de su tribu o confederación, administrador de las tareas económicas, jefe religioso, diplomático y juez en las disputas con poder decisional en asuntos de vida o muerte, cuando era una mujer la que heredaba la alta magistratura también desempeñaba todas estas funciones”. Para los conquistadores, trabar relación con la hija de un cacique o con una cacica era un modo de entrar en el mundo indígena y adquirir poder. Asimismo la india, impresionada por el poder triunfante del conquistador, descubrió bien pronto –según Herren– que convertirse en manceba de español era un seguro de supervivencia y que si no ella, al menos sus hijos tendrían un destino más promisorio en tanto mestizos, que si fuesen indios puros . Fue debido a las antedichas razones que la india se sometió al conquistador y no a la peregrina razón que adujo un viajero español en el sentido de que no existía armonía entre el tamaño de los genitales de los varones indios, demasiado pequeños, y las grandes dimensiones de las vaginas de las aborígenes, lo que supuestamente justificaría la unión con el bien dotado macho español.
Para Fernández de Oviedo:
“Las indias de estas tierras son hembras coquetas, limpias, se bañan a menudo cada día, sensuales, lascivas, que no bien pasada la niñez, en cuanto comienzan a madurar sexualmente, se tornan bestiales y diabólicos ellos y ellas en el curso venéreo”. Entre los aborígenes de lo que hoy es territorio de Panamá, Costa Rica y Nicaragua, no sólo imperaba la poligamia irrestricta (especialmente entre las clases dominantes), sino también la total inestabilidad matrimonial que una vez más escandalizó a Oviedo. Dijo sucintamente López de Gómara: “Algunas veces dejan las mujeres que tienen y toman otras, y aun las truecan unas por otras, o las dan en precio de otras cosas. Son viciosos de carnalidad, y hay putos”.
Dice Oviedo: “Muchas mujeres solían renunciar a la maternidad en sus años mozos para mantenerse sexualmente atractivas mediante prácticas abortivas, porque dicen ellas que las viejas han de parir, que ellas no quieren estar ocupadas para dejar sus placeres, ni preñarse para que, en pariendo, se les aflojen las tetas, de las cuales se precian en extremo y las tienen buenas”.
Los cronistas españoles se escandalizaban de la conducta sexual del mundo indígena aunque, como señala Herren: “En su propia cultura tenían modelos aprovechables: su jefe espiritual, el Papa Alejandro VI (español), se paseaba a caballo por Roma con la espada al cinto y tuvo una collera de los hijos naturales reconocidos, sacrílegos y adulterinos, en varias mujeres, y hasta se sospechó que hubiese mantenido relaciones incestuosas con su hija, la célebre Lucrecia de Borgia. Su rey, Fernando V el Católico, lo mismo que sus sucesores y predecesores, engendró numerosos hijos adulterinos en los vientres de sus amantes, a espaldas de su esposa”.
Esos ejemplos del Rey y del Papa se repitieron en América en la soldadesca y en el clero. Los españoles aparecen desde el principio en el Perú como un elemento corruptor de las estrictas costumbres indígenas, monogamias indisolubles, con una severa ética del trabajo y de la honradez al mando de los incas. (Hago una digresión para apuntar que la promiscuidad y la poligamia con abundancia de concubinas y el incesto estaban solamente permitidas a las clases privilegiadas).
La laxitud en materia sexual en el Virreinato del Perú era alarmante. El virrey Francisco de Toledo apunta que era tanta la libertad con que se vivía la lujuria, que casi no se tenía por ilícito el amancebamiento. Herren, refiriéndose a los indios de los que hoy es territorio paraguayo, señala: “En ningún sitio de América, los indios empleaban a las mujeres como objeto de intercambio en el mundo masculino con tanto entusiasmo como los guaraníes. Schneider no puede dejar de sorprenderse de que el padre venda a su hija; lo mismo el marido a su mujer, cuando no le gusta, y el hermano a la hermana; una mujer cuesta una camisa, un cuchillo, una hachuela, u otro rescate cualquiera”.
El mundo guaraní sería la pesadilla de una feminista actual. Agrega Herren que: “El agasajo principal con que agasajaban los caciques la venida de personas de respeto a su pueblo era enviarles una o dos de sus concubinas. Pero sin esta licencia les era a ellas ilícito admitir otro amante, so pena de pagar la traición con la vida. En la gente plebeya era menor la licencia, no por más arreglados en materias lúbricas, sino por menos poderosas para mantener tantas obligaciones. Las únicas limitaciones a la lascivia que se oponían era el incesto, porque a las madres y hermanas guardaron siempre particular respeto, reputándose lo contrario por un exceso abominable”.
Dice el escribano Pero Hernández: “Por lo demás, las mujeres guaraníes de costumbre no son escasas de sus personas. (…) Y tienen por gran afrenta negarlo a nadie que lo pida, y dicen que ¿para qué se los dieron (los genitales) sino para aquello?”.
De este modo, se creó en América lo que en la época se llamó El Paraíso de Mahoma, en referencia a la única experiencia de poliginia bien conocida por los europeos: la del mundo islámico y sus creencias escatológicas en paraíso con abundancia de bellas huríes para los buenos creyentes, que se convertía en realidad para un puñado de cristianos españoles en el cálido y húmedo Paraguay.
El mirar al pasado es a veces una excusa para evadir el presente y soslayar el futuro. El deber de quien conoce la historia es decir la verdad, lo cual ya es un camino y una esperanza. Porque ¿de qué vale complacernos en lo que fue, si no podemos dar claves de lo que será? En este vital asunto de la comprensión de las fuerzas potenciales de la mujer y en muchos otros, todavía tenemos que sacarnos de la sangre los gusanos de la colonia y ponernos sangre nueva.
La historia de la mujer en América, salvo escasas excepciones, es un cúmulo de arbitrariedades, incomprensiones e injusticias. Todo fue esclavo en nuestras tierras: la cuna, el color y el sexo, y aún lo siguen siendo.
Los modos de opresión han cambiado de forma y son ahora más sutiles. Hay una diferencia abismal entre lo que se escribe y lo que se hace. Las leyes son a menudo letra muerta. La Premio Nobel de la Paz, la guatemalteca Rigoberta
Menchú, acaba de mostrarse escéptica sobre los resultados de la Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Pekín.
Dijo la líder indígena: “De nada vale que las resoluciones sean buenas y que se reconozcan nuestros derechos, si éstas no se concretan”. En un mundo cada vez más tecnocratizado, la brecha entre ricos y pobres se ha agrandado en perjuicio de la mujer. Carmen Cordero lo plantea así:
“La feminización de la pobreza es evidente. El poco acceso a los puestos de poder y las luchas laborales que impiden el reconocimiento de la capacidad intelectual, administrativa y de liderato de las mujeres son trabas que coartan su plena participación en la vida democrática. Las estructuras jurídicas, tanto del mundo occidental como del oriental, evidencian un anquilosamiento a pesar de los logros obtenidos en las últimas décadas. Las decisiones de los jueces son producto, recordemos, de su visión del mundo sobre lo que deben ser las relaciones entre los sexos y de su conceptualización de la organización social”. Es menester arrancar esas lacras de raíz. Para extirparlas es necesario sacudirnos machismos absurdos o feminismos disparatados para que rememos juntos en el mar revuelto de la vida porque, como dijo José Martí: “Las campañas de los pueblos sólo son débiles cuando en ellas no se alista el corazón de la mujer y las ideas no están
Seguras hasta que las mujeres no las aman”.
Bibliografía
NOTA: El autor no pretende gran originalidad, pues, además de las propias, debe sus ideas a los textos que aparecen en la bibliografía. Lo que tiene a su favor es el haber puesto sobre el tapete histórico el tema de la mujer y su reivindicación, hoy, cuando es obligación hacerlo.
Alegría, Ricardo. Apuntes en torno a la mitología de los indios taínos en las Antillas y sus orígenes suramericanos. Centro de Estudios Avanzados y del Caribe y Museo del Hombre Dominicano. Barcelona, España, 1986.
Burgos Sassceo, Ruth y Francisca Hernández Giles. La mujer marginada por la historia. Guía de Estudios, Universidad de Puerto Rico. Editorial Edil, 1978.
Casas, Fray Bartolomé de Las. Apologética Historia, Vol. II. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1958.
Cassá, Roberto, Historia social y económica de la República Dominicana. Tomo I. Santo Domingo, Impresora Alfa y Omega, 1987.
Cordero Añeses, Carmen. “La mujer ante la Conferencia  Mundial”. Semanario Claridad, San Juan de Puerto Rico, 15 al 21 de septiembre de 1995, p. 33.
Cornet, Nuria (Agencia EFE). “Nobel guatemalteca está pesimista”. Diario El Vocero, San Juan de Puerto Rico, 11 de septiembre de 1995, p.38.
Cúneo, Miguel de. “Carta de Miguel Cúneo” en Noticias de la tierra nueva. Buenos Aires, 1964
Fernández de Oviedo, Gonzalo. Historia General y Natural de las Indias. Vol. I. Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1959.
Herren, Ricardo. La conquista erótica de las Indias. Barcelona, Editorial Planeta, 1991.
Lenoir, Senori, Noel Pierre. Historia del Amor en Occidente. Buenos Aires, Ediciones Penser, 1959.
Malinovsky, Bronislaw. La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia. Madrid, Ediciones Morata, S.A., 1971.
Mörner, Magnus. La mezcla de razas en la historia de América Latina. Buenos Aires, Paidós, 1969.
Moscoso, Francisco. Tribu y clase en el Caribe antiguo. San Pedro de Macorís, República Dominicana, Universidad Central del Este, 1986.
Platón. El banquete, 2da. Edición, Argentina, Aguilar, 1971.
Sejourné, Laurette. América Latina I: Antiguas culturas precolombinas. 5ta. edición. Colección
Historia Universal, Siglo XXI, Vol. 21. Madrid, 1975.
Sued Badillo, Jalil. La mujer indígena y su sociedad. Río Piedras, Puerto Rico, Editorial Antillana, 1979.
Veloz Maggiolo, Marció. Arqueología Prehistórica. Santo Domingo, Mc Graw Hill, Singapore, 1972.

NOTAS ARQUEOLÓGICAS


NOTAS DE ARQUEOLOGIA

Por- el Ingeniero A. J. Scaroina. (1)
Fuente: BAGN. No. 13-05 año 1940, pps. 424/ 427

Al descubrir la Española, la primera actividad de las valientes pero reducidas tropas de desembarque, fue la de asegurarse en el desconocido territorio conquistado, ideando un sistema de defensa rápido y eficaz. Empezó, así, la sucesiva construcción de fuertes, que iban jalonando el avance de la conquista. Tales fuertes, de construcción rudimentaria pero sólida, se esmeraban, más que en otra cosa, en la altura y solidez del vallado perimetral, hecho de troncos de árboles, clavados verticalmente, y asegurados entre sí.

No podía escaparse, a los españoles, provistos de buenas armas y corazas, que el peligro, para ellos, podía estar solamente en la presión de fuertes masas, y, contra este peligro los sólidos valladles, representaban más que segura defensa.

Con el proceder de los años, el fuerte se transformó en poblado y, con la organización de la vida colonial, se llegó, en el año 1497, a la construcción de la Nueva Isabela, en la margen oriental del río Ozama, precursora de la Metrópoli, Santo Domingo de Guzmán, en la margen occidental

La Nueva Isabela fue ciudad que yo llamaría transitoria, sea por su ubicación prácticamente desconectada con la parte más rica y de mayores actividades de la española, sea en lo que a edilicia se refiere; porque en nada progresó en todo el tiempo que estuvo en el mismo lado. No deja de extrañar tal estancamiento, cuando se piensa en la gran actividad de los conquistadores y en sus manifestaciones proteiformes
.
Y pienso, entonces, como una hipótesis, que la ubicación de Santo Domingo en el lado oriental, pudo haber sido ex-profeso, a manera de locación provisional, esperando que se desarrollara la verdadera ciudad, en el lado occidental.

Esta hipótesis, la justifica, entre otras razones el tipo de la primera Iglesia, una verdadera Capilla, de construcción deficiente, incompatible con el carácter español, intensamente religioso. Puede justificarla, también, la mentalidad del Adelantado D. Bartolomé Colón.
 Hay que suponer, sin embargo, que en el corto período de vida de esta oriental ciudad de madera, los españoles se dieron cuenta exacta de clima, fenómenos naturales, recursos constructorios, etc., y, con criterios exactos, y medidas certeras, fueron plasmando la Atenas del Nuevo Mundo. No es desacertado suponer que la fuerza inteligente, el ALMA MATER, estuviera representada por frailes franciscanos y dominicos.

 Desde los conventos, donde residía el monopolio del saber, irradiaba ciencia y arte y, en la conquista, al lado del pendón de Castilla, se plantaba la Cruz, símbolo de luz divina, de luz de inteligencia, de moral, de valor, de sacrificio. Sin esta asociación entre el valor del soldado y la preponderancia de la Religión, es probable que otro aspecto hubiera tenido la historia de la conquista.

La Ciudad de, Santo Domingo se vino trazando en forma regular  con calles típicas de doce varas españolas de ancho, y orientadas de manera que la trayectoria solar y los vientos dominantes, tuviesen cierto ángulo de incidencia con la dirección de las calles. Esta incidencia no podía ser muy pronunciada, por no perjudicar al concepto de urbanización que se tuvo, de que las calles quedasen normales y paralelas al curso del río Ozama.

 Es oportuno notar, también, que, entre todas las ciudades surgidas en islas o en el continente, en esa Época, Santo Domingo es la única que adopta las calles rectilíneas, científicamente orientadas y de un ancho inusitado para la época.

Estudiando, ahora, las edificaciones de la Ciudad, se nota que no fue la rutina, la que hizo adoptar tal o cual material de construcción. Aparentemente lo más práctico, pudo haber sido el ladrillo, en un sitio rico en arcilla, y con bosques enteros para combustible. Sin embargo, aunque se fomentara rápidamente un tejar, en un sitio que, desde entonces se llamó el HOYO DEL BARBO, detrás del actual Teatro Independencia, y que daba un material de clase inmejorable, no se dio a tales ladrillos más que un empleo parcial, en jambas y paramentos de puertas y ventanas, construcciones bajo tierra, como aljibes y pozos negros, algo en los arcos y, generalmente en techos que resultaban frescos, duraderos, y adeptos para captar las aguas pluviales. En las paredes de las casas, se empleó largamente la tapia, y, en varias, la cantería.

 En edificaciones importantes, la cantería se alternaba siempre con paredes de tapias, con espesor a menudo excesiva. Esta promiscuidad de construcción, no pudo ser producto de error ni de economía.

 Aun hoy, sabiendo leer en estas gloriosas páginas de piedras, se admira una técnica perfecta. No pudo influir mucho la razón económica, desde que además del trabajo de los indios, habían recursos suficientes, producidos por impuestos, alcabalas, rentas de las fundiciones de oro de La Vega y de las dos de Buenaventura, etc., y, además, había el tributo de 450.000 ducados anuales, impuesto a la colonia por el Comendador Ovando, lo cual representaba una entrada esquiva lente a unos mil dólares diarios, de nuestra moneda.

 Esta variedad de distintos materiales de construcción, según el que suscribe no fue arbitraria, pero fue el resultado de los amplios conocimientos técnico-científicos y de la profunda observación, por los elementos inteligentes de la colonia, todo lo cual llevó a sistemas bien definidos y rigurosamente aplicados, por efecto de una previsión maravillosa, Comprendieron, estos elementos inteligentes, casi desde el principio, que había de precaverse de una dificultad de dos peligros, la dificulta$ del clima y 1m peligros de temporales y terremotos.

 En la totalidad de la edilicia se nota, por esa, como una constante preocupación de defensa: orientación de calles, espesor de paredes, materiales usados, posición y tamaño de puertas y ventanas, y hasta en el mismo estilo arquitectónico.

 La lucha contra el calor fue breve y eficaz. Por lo pronto, había que producir una especie de separación entre la parte interior de los edificios y la atmósfera cálida del exterior; esto se consiguió con el empleo de paredes de fuertes dimensiones y materiales malos conductores del calor, y reduciendo el número y dimensiones de ventanas y balconcetos, porque, puertas y ventanas de grandes dimensiones que dan al exterior, establecen siempre un equilibrio de temperatura entre el interior y el exterior.

 En los interiores, las puertas eran casi constantemente disentéricas, por tamaño y colocación, pero, con este sistema se establecían pequeñas corrientes y una ventilación permanente, por elementalísimo principio de física. La altura de las piezas, además, permitía que el aire caliente, más rarefacto acumularse hiciera los techos, hasta refrescarse, determinando pequeñas ventilaciones verticales.
 El uso de paredes de fuerte espesor, perforadas por poma p estrechas puertas y ventanas, eficaces en la lucha contra el calor, lo fueron, en grado sumo, para resistir de manera absoluta, al embate de los temporales y ciclones, ninguno de los cuales, por fuerte que fuese la fuerza del viento pudo determinar el más pequeño momento de rotación, como ningún viento pudo producir desperfectos en las ventanas y balcones de característica y sólida construcción, y cerradas con trancas

En lo que a movimientos sísmicos se refiere, tengo formada una teoría, que es absolutamente personal. Los intelectuales de conquista, debieron notar que, los terremotos, en este país, son casi constantemente ondulatorios, y paralelos a la  dirección                 de las cordilleras, es decir, de este a oeste más o menos.

 No es el caso, en estas notas de extenderse en discusiones de sismográfica para demostrar, ni la posibilidad de una teoría, ni la posibilidad de una ley de dirección, cosas que, de todos modos, no estarían en contradicción de las teorías de Huinboldt y otros.

Admitiendo mi teoría, en el caso de un movimiento sísmico en Santo Domingo, las paredes este-oeste, oscilarían dentro de su plano y el centro de gravedad no saldría nunca de la base. Las paredes norte-sur, al contraria, oscilarían, en forma pendular, sobre sus bases y, por ende, el centro de gravedad está expuesto a salir de su base a cada momento.

 Desde luego, más altas las paredes, más alto el centro de gravedad, y más probable el peligro de derrumbe. Resulta que las paredes este-oeste, están menos en peligro que las paredes norte –sur  . Pues bien las paredes de menor peligro, preferían hacerlas monolíticas, de cantería y las paredes de mayor peligro, preferentemente se construían de conglomerado, de tapia.

A primera vista puede parecer este sistema como un anacronismo, y, sin embargo o es así. En paredes monolíticas, las vibraciones se transmiten, por toda su altura, con la misma intensidad: en paredes no monolíticas, de conglomerado, las vibraciones van decreciendo, en razón de altura. A esta conclusión sobre resistencia llegó, entre otras tantas, la comisión técnica italiana, a raíz de los últimos funestos terremotos de la Calabria, en el Sur de Italia.

Este criterio de construcción de paredes, tenía sus excepciones, y muchas, principalmente en las paredes perimetrales  de edificios importantes, por de estética o de defensa.
Tantas preocupaciones de defensas varias, no podían dejar de influir también en el tipo de las construcciones y en el estilo arquitectónico, que se quiso adoptar. Por poco que se observe, se nota, en toda construcción de la época, una especie de uniformidad constante.

 Es el estilo medioeval que continúa, con sus caracteres góticos-románicos. Su elegancia no está en el adorno, ni en elaboradas cornisas, ni en cambio de planos de fachadas, ni en grandes balcones de esbeltas columnas, pero si está en la severidad de la línea, en las proporciones harmónicas en los pocos y sobrios detalles decorativos, que confiesan noblezas y abolengos, y que producen perspectivas que rememoran época de paladines, cantos de menestrales, y sones de liutos.

 Solamente razones imperiosas pudieron sobreponerse a la corriente progre vista de la época, que se enmarcaba en la renovación completa del Renacimiento, haciendo inexplicable el conservadorismo cuando, todo evolucionaba, hasta el arte de la guerra, por las radicales reformas del Gran Capitán, D, Gonzalo de Córdoba

¿Quién fue el Ing. Alfredo J. Scaroina?

( 1) Don Alfredo  J. Scaroina Montuori
Este nombre, quizá olvidado por la generación de esta época de la ciudad de La Concepción de La Vega. Es   sin lugar a duda, una de las personalidades llegada a esta  ciudad del extranjero, que valoraron en todo lo que cavia valorar la hospitalidad de los residentes en este pueblo mediterráneo  de la Isla de Santo Domingo enclavado en el corazón de la Región del Cibao.

Llegado del lejano continente europeo, de visita  a esta ciudad, quedó prendado de ella, e  hizo residencia m aquí, donde  formo familia, uniéndose en lazos matrimonial con  la dama de esta sociedad la señorita Fresa García Godoy. Esta  unión, ocurrió por el año de 1904,  de cuyo matrimonio nacieron tres hijos; Clara, Eduardo y Yolanda Scaroina García Godoy.

De profesión Ingeniero, nació  el 17 de julio del 1864, en la ciudad de Avellino, Italia, realizando estudios  en la Universidad de Milán y en la Universidad de Roma, titulándose de Ingeniero Civil, de Puentes  y Caminos así como de Arquitecto.
Llega a Santo Domingo, en 1890,  en viaje de placer y a la ciudad  de la Concepción de La Vega, en 1900.

Aquí en esta pueblo,  el Sr. Scaroina,  fue cofundador  del Colegio San Sebastián de La Vega; colaborador incansable del Padre Fantino en su obra educadora, impartiendo docencia de: Matemáticas, e Idiomas de forma gratuita, el cual hablaba a la perfección cinco idiomas;  Español, Inglés, Italiano, Latín,  y Francés. Durante  toda  su vida, vivió, se comportó y actuó como  un vegano autentico.+

Fundador del Cuerpo de  Bomberos de esta ciudad y de Santo Domingo,  en el primero llego a ser Capitán  y en el segundo Teniente Coronel y Jefe del Cuerpo Técnico. Fue designado Arquitecto de la Arquidiócesis de Santo Domingo, por  su gran devoción  a la Iglesia Católica, hombre de excelentes costumbres y principios. Reconocido por el Obispo de Avellino  como Hijo Noble y Honestísima Familia. Así también  el Arzobispado de Santo Domingo, Monseñor Alejandro Nouel,  en un documento fechado en 1917, hace grandes elegíos y alabanzas al eminentes arquitecto, luego que realizara los trabajos de reconducción de la Catedral Primada de América, de forma gratuita  en el año de 1916.

El Ing. Alfredo Scaroina, de amplia cultura,  hisos publicaciones  en el Periódico La Opinión,  por el 1938, un ensayo  sobre Arqueología con el título  de “Notas de Arqueología”,  y el Periódico Listín Diario uno  con el título de “Tópicos  del Progreso.
Sus obras arquitectónicas figuran; El Edificio Municipal y la Iglesia del Rosario, en Moca; El Palacio Municipal de San Cristóbal; El Mercado Público, de La Vega, el cual consideró como su obra maestra, una réplica del mercado de Venecia, construido a en la segunda década del siglo XX y destruido por ambiciones personales de  autoridades vegana en 1955. De La Vega, así como la construcción de las de la Iglesias de La Vega  y Cotui,

Además, la ampliación y la torre  en el Santuario de Bayaguana, la terminación  del templo  de hormigón armado  de San Pedro de Macorís. También un pabellón del Hospital San Antonio de SPM.

Scaroina  Montuori, diseño y construyo edificaciones en Venezuela y Curazao, fue uno de los que contribuyó al brillo y esplendor al dar unidad y diversidad al universo antillano del Caribe Arquitectónico. Sus estilos variados, del: Neoclásico, Neo-Musulmán, Romántico Ibérico,  Renacentista, y rasgos  del Movimiento Modernista de la  Época.

Falleció en 1950, siendo sepultado sus restos  en la  ciudad que  lo acogió y que él la asumió como suya, La Vega,  en el Panteón de la Familia García-Godoy.

Como todos lo que  realizado obras en beneficios de este pueblo, ha estado  siendo ignorado por la presente generación que desconoce quien fue este polifacético  y genial Ítalo-vegano, es justo y merecido  que alguna calles de esta ciudad lleve el nombre del Ing. Alfredo J. Scaroina Montuori, para el  reconocimiento de las próximas generaciones  

miércoles, 6 de junio de 2012

IV. Libertad para vivir en dignidad




IV. Libertad para vivir en dignidad
127. En la Declaración del Milenio, los Estados Miembros afirmaron que no escatimarían esfuerzo alguno por promover la democracia y fortalecer el imperio de la ley y el respeto de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente reconocidos. Reconocían así que, si bien la libertad para vivir sin miseria y la libertad para vivir sin temor son fundamentales, no resultan suficientes. Todos los seres humanos tienen derecho a ser tratados con dignidad y respeto.

128. La protección y la promoción de los valores universales del imperio del derecho, los derechos humanos y la democracia constituyen fines por sí mismas. También son imprescindibles para lograr un mundo de justicia, oportunidad y estabilidad. No habrá plan de seguridad ni campaña en pro del desarrollo que consiga sus objetivos si no reposa en el sólido fundamento del respeto por la dignidad humana.

129. En lo que se refiere a leyes promulgadas, ninguna generación ha heredado el tesoro que poseemos. Tenemos la fortuna de contar con lo que constituye una carta internacional de derechos humanos, que comprende normas admirables para proteger a los más débiles de nuestros semejantes, en particular las víctimas de los conflictos y las persecuciones. También contamos con un conjunto de normas internacionales sobre todos los temas, del comercio al derecho del mar, del terrorismo al medio ambiente y de las armas pequeñas a las armas de destrucción en masa. A través de una dura experiencia, la humanidad ha cobrado conciencia de la necesidad de incorporar en los acuerdos de paz disposiciones sobre los derechos humanos y el imperio del derecho y asegurarse de su cumplimiento. Una experiencia todavía más dura nos ha llevado a afrontar el hecho de que nunca debe permitirse que ningún principio jurídico —ni siquiera la soberanía— sirva de pretexto para el genocidio, los crímenes de lesa humanidad y el sufrimiento humano generalizado.

130. Sin embargo, si no cumplimos lo acordado, nuestras declaraciones son palabras huecas. Si no pasamos a la acción, nuestras promesas son vanas. Los vecinos de las aldeas que se apiñan temerosos al oír el fragor de los bombardeos aéreos del gobierno o al ver aparecer a milicias asesinas no hallan consuelo en las palabras incumplidas de los Convenios de Ginebra, por no mencionar las solemnes promesas de “nunca más” que hizo la comunidad internacional cuando reflexionaba sobre los horrores de Rwanda hace un decenio. Los tratados que prohíben la tortura no sirven para consolar a los prisioneros que sufren abusos en manos de sus captores, especialmente si los mecanismos internacionales de derechos humanos permiten que los responsables se escondan detrás de sus amigos de las altas esferas. Una población hastiada de guerra a la que la firma de un acuerdo de paz infunde nuevas esperanzas pronto cae en la desesperación cuando, en lugar de percibir un progreso tangible hacia un gobierno respetuoso de la legalidad, ve cómo caudillos militares y cabecillas de bandas delictivas toman el poder y ocupan el lugar de las leyes. Las solemnes promesas de fortalecer la democracia en sus países que formularon todos los Estados en la Declaración del Milenio siguen siendo palabras vacías para quienes nunca han votado a sus dirigentes ni ven señal alguna de que estén cambiando las cosas.

131. Para impulsar una visión basada en un concepto más amplio de la libertad, las Naciones Unidas y sus Estados Miembros deben fortalecer el marco normativo que se ha promovido de modo tan admirable en los seis últimos decenios. Más importante aún es que adoptemos medidas concretas para reducir la tendencia a la aplicación selectiva de ese marco, el control arbitrario de su cumplimiento y su quebrantamiento con impunidad. Con esas medidas se daría nueva vida a los compromisos asumidos en la Declaración del Milenio.

132. Por consiguiente, creo que en 2005 deben adoptarse decisiones para contribuir a fortalecer el imperio de la ley en los planos internacional y nacional, potenciar la relevancia y la estructura de los mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas y apoyar más directamente los esfuerzos por instituir y profundizar la democracia en las naciones de todo el mundo. También debemos avanzar hacia la meta de asumir la “responsabilidad de proteger” a las víctimas posibles o reales de atrocidades masivas y actuar en consecuencia. Ha llegado la hora de que los gobiernos deban rendir cuentas, ante sus ciudadanos y ante los demás gobiernos, del respeto a la dignidad de la persona, que con demasiada frecuencia se limitan a proclamar. Debemos pasar de la era de la formulación de leyes a la era de su cumplimiento. Nuestros principios declarados y nuestros intereses comunes no nos exigen menos.

A. El imperio de la ley

133. Estoy firmemente convencido de que toda nación que proclame el imperio de la ley en su territorio debe respetarlo más allá de sus fronteras y toda nación que insista en el imperio de la ley en el extranjero debe respetarlo en su propio territorio. En efecto, en la Declaración del Milenio se reafirmó el compromiso de todas las naciones con el imperio de la ley como marco primordial para promover la seguridad y la prosperidad de la humanidad. Sin embargo, en muchas partes hay gobiernos e individuos que no respetan la legalidad, muchas veces sin consecuencias para ellos, pero con consecuencias nefastas para los débiles y los vulnerables. En otros casos, los que ni siquiera fingen respetarla —como los grupos armados y los terroristas— pueden vulnerarla a causa de la debilidad de nuestras instituciones de mantenimiento de la paz y nuestros mecanismos de aplicación. El imperio de la ley como mero concepto no es suficiente. Deben promulgarse nuevas leyes, deben ponerse en práctica las que ya existen y las instituciones deben estar mejor equipadas para consolidarlo.

134. En ninguna esfera es la distancia entre la retórica y la realidad —entre las declaraciones y los hechos—tan marcada y tan perniciosa como en la del derecho internacional humanitario. Es intolerable que, cuando la comunidad internacional se encuentra frente a un caso de genocidio o de violación en masa de los derechos humanos, las Naciones Unidas se mantengan al margen y dejen que los acontecimientos sigan su curso hasta el final, con consecuencias desastrosas para muchos millares de personas inocentes. A lo largo de muchos años he llamado la atención de los Estados Miembros sobre esta cuestión. Con ocasión del décimo aniversario del genocidio de Rwanda, presenté un plan de acción de cinco puntos para prevenir el genocidio. En él se hace hincapié en la necesidad de actuar para prevenir los conflictos armados, adoptar medidas eficaces para proteger a los civiles, introducir disposiciones judiciales para acabar con la impunidad, establecer un mecanismo de alerta mediante el nombramiento de un Asesor Especial sobre la Prevención del Genocidio e intervenir de forma rápida y decisiva cuando ocurra o esté a punto de ocurrir un genocidio. Sin embargo, es necesario hacer mucho más por prevenir atrocidades y lograr que la comunidad internacional actúe con prontitud cuando se halle frente a vulneraciones masivas de los derechos humanos.

135. La Comisión Internacional sobre Intervención y Soberanía de los Estados y, más recientemente, el Grupo de alto nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio, cuyos 16 miembros proceden de todas partes del mundo, aprobaron lo que denominaron “la norma que se está imponiendo en el sentido de que existe una responsabilidad internacional colectiva de proteger” (véase A/59/565, párr. 203). Aunque soy bien consciente de lo delicado de la cuestión, concuerdo totalmente con ese punto de vista. Debemos asumir la responsabilidad de proteger y, cuando sea necesario, debemos actuar en consecuencia. Esa responsabilidad recae, primordialmente, en cada Estado, cuya principal razón de ser y obligación es proteger a su población. Pero si las autoridades nacionales no están dispuestas a proteger a sus ciudadanos o no pueden hacerlo, se traslada a la comunidad internacional la responsabilidad de utilizar medios diplomáticos, humanitarios y de otro tipo para ayudar a proteger los derechos humanos y el bienestar de la población civil. Cuando esos métodos parecen ser insuficientes, el Consejo de Seguridad, puede si lo exigen las circunstancias, decidir adoptar medidas al amparo de la Carta de las Naciones Unidas, incluso, si es necesario, medidas coercitivas. En ese caso, como en otros, debe guiarse por los principios enunciados en la sección III supra.

136. El apoyo al imperio de la ley debe verse reforzado por la participación universal en los convenios multilaterales. En la actualidad, muchos Estados se mantienen fuera del marco constituido por los instrumentos multilaterales, lo que en algunos casos impide que entren en vigor convenios importantes. Cinco años atrás, ofrecí facilidades especiales a los Estados para que firmaran o ratificaran los tratados de los que soy depositario. La iniciativa dio muy buen resultado y desde entonces se han celebrado todos los años ceremonias de firma y ratificación de tratados. La ceremonia de este año estará centrada en 31 tratados multilaterales que nos servirán para responder mejor a los desafíos mundiales, especialmente en materia de derechos humanos, refugiados, terrorismo, delincuencia organizada y derecho del mar. Insto a los dirigentes a que ratifiquen y apliquen especialmente todos los tratados relativos a la protección de la población civil.

137. Para que todas nuestras iniciativas encaminadas a ayudar a las sociedades a superar un pasado violento obtengan los resultados deseados es fundamental contar con instituciones jurídicas y judiciales eficaces en el plano nacional. Sin embargo, las Naciones Unidas, las demás organizaciones internacionales y los gobiernos miembros siguen sin estar en las debidas condiciones para prestar apoyo a esas instituciones. Como indiqué en mi informe sobre el Estado de derecho y la justicia de transición en las sociedades que sufren o han sufrido conflictos (S/2004/616), carecemos de la necesaria capacidad de evaluación y planificación, tanto sobre el terreno como en la Sede. Por consiguiente, la asistencia que se presta es muchas veces improvisada, lenta e inadecuada para alcanzar el objetivo final. Para ayudar a las Naciones Unidas a desarrollar plenamente su potencial a ese respecto, tengo la intención de crear en la Oficina de Apoyo a la Consolidación de la Paz (véase la sección V infra) una dependencia de asistencia sobre el imperio de la ley, integrada en gran parte por personal existente del sistema de las Naciones Unidas, destinada a prestar asistencia a las iniciativas nacionales para restablecer la legalidad en sociedades que atraviesen o hayan atravesado un conflicto.

138. La justicia es un componente primordial del imperio de la ley. Se ha progresado extraordinariamente, como demuestran el establecimiento de la Corte Penal Internacional, la labor que cumplen los dos tribunales especiales para la ex Yugoslavia y Rwanda, la creación de un tribunal mixto en Sierra Leona, y según se espera, la próxima creación de otro en Camboya. Entre otras iniciativas importantes cabe mencionar las comisiones de expertos y de investigación, como las establecidas para Darfur, Timor-Leste y Côte d’Ivoire. Sin embargo, los logros conseguidos en el derecho internacional humanitario siguen ensombrecidos por la impunidad, cuyas trágicas consecuencias en forma de atentados flagrantes y generalizados contra los derechos humanos continúan hasta el día de hoy. Para aumentar las posibilidades de indemnización para las víctimas de atrocidades y evitar nuevos horrores, exhorto a los Estados Miembros a que cooperen plenamente con la Corte Penal Internacional y otros tribunales internacionales o mixtos sobre crímenes de guerra, y que cuando se les solicite, les entreguen a las personas acusadas.

139. La Corte Internacional de Justicia ocupa un lugar central en el sistema internacional dedicado a arbitrar controversias entre Estados. En los últimos años, la Corte ha visto aumentar considerablemente su lista de causas y ha resuelto varias controversias, pero los recursos de que dispone siguen siendo escasos. Es necesario estudiar el modo de fortalecer la labor de la Corte. Insto a los Estados que todavía no lo hayan hecho a que consideren la posibilidad de reconocer la jurisdicción obligatoria de la Corte, como norma general de ser posible o, de lo contrario, al menos en situaciones concretas. También insto a todas las partes a que tengan presentes las facultades consultivas de la Corte y hagan un mayor uso de ellas. También deberían adoptarse medidas, con la cooperación de los Estados en litigio, para mejorar los métodos de trabajo de la Corte y reducir la duración de sus procedimientos.

B. Derechos humanos

140. Los derechos humanos son igualmente fundamentales para los pobres y para los ricos, y su protección es tan importante para la seguridad y prosperidad del mundo desarrollado como para la del mundo en desarrollo. Sería un error tratar los derechos humanos como si estuvieran contrapuestos a otros objetivos, como la seguridad y el desarrollo. Cederíamos terreno en la lucha contra los horrores de la pobreza extrema o el terrorismo si, en nuestros esfuerzos por acabar con esos males, negáramos los mismos derechos humanos de los que esos flagelos privan a la ciudadanía. Las estrategias basadas en la protección de los derechos humanos son fundamentales tanto para nuestra posición moral como para la eficacia práctica de nuestras acciones.

141. Desde su creación, las Naciones Unidas se han comprometido a luchar por un mundo de paz y justicia fundamentado en el respeto universal de los derechos humanos, misión reafirmada hace cinco años en la Declaración del Milenio. Sin embargo, el sistema de protección de los derechos humanos en el plano internacional se encuentra actualmente sometido a grandes presiones. Las Naciones Unidas necesitan cambiar para poder mantener su dedicación a largo plazo y a alto nivel a las cuestiones de derechos humanos en todos los aspectos de su labor.

142. Algunos cambios importantes ya están en marcha. Desde la Declaración del Milenio, los mecanismos de derechos humanos de las Naciones Unidas han ampliado su labor de protección, asistencia técnica y apoyo a las instituciones nacionales de derechos humanos, con el resultado de que las normas internacionales sobre derechos humanos se cumplen actualmente con mayor rigor en muchos países. El año pasado, puse en marcha la “Medida 2”, un programa mundial destinado a preparar a los equipos interinstitucionales de las Naciones Unidas en los países para colaborar con los Estados Miembros, a solicitud de éstos, para revitalizar sus sistemas nacionales de promoción y protección de los derechos humanos. El programa necesita urgentemente más recursos y personal, incluida una mayor capacidad, en la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, para capacitar a los equipos que trabajan en los países.

143. La asistencia técnica y la consolidación de las instituciones a largo plazo no sirven de mucho cuando se infringe activamente el principio básico de la protección. Una mayor presencia de derechos humanos sobre el terreno en épocas de crisis permitiría que los organismos de las Naciones Unidas contaran con información puntual y, de ser necesario, serviría para llamar la atención con urgencia respecto de situaciones en las que fuera necesario intervenir.

144. La frecuencia cada vez mayor con que el Consejo de Seguridad invita a la Alta Comisionada a informarle sobre situaciones concretas demuestra que actualmente existe una mayor conciencia de la necesidad de tener presentes los derechos humanos en las resoluciones sobre la paz y la seguridad. La Alta Comisionada debe desempeñar un papel más activo en las deliberaciones del Consejo de Seguridad y en las de la Comisión de Consolidación de la Paz cuya creación se ha propuesto, prestando especial atención a la aplicación de las disposiciones pertinentes de las resoluciones del Consejo de Seguridad. Es más, los derechos humanos deben incorporarse en el proceso de examen y adopción de decisiones relativas a toda la labor de la Organización. El concepto de “incorporación” de los derechos humanos en esa labor ha sido objeto de mayor atención en los últimos años, pero todavía no se integrado suficientemente en decisiones importantes sobre cuestiones de políticas y asignación de recursos.

145. Todas estas observaciones apuntan a la necesidad de fortalecer la Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos. Aunque la Alta Comisionada tiene ahora un papel más amplio que desempeñar en las respuestas a las crisis, el fomento de la capacidad nacional en materia de derechos humanos, el apoyo a los objetivos de desarrollo del Milenio y la prevención de conflictos, su Oficina sigue estando lamentablemente mal equipada para responder a la gran diversidad de problemas de derechos humanos que enfrenta la comunidad internacional. El compromiso de defender los derechos humanos proclamado por los Estados Miembros debe verse reflejado en la dotación de recursos que permitan fortalecer la capacidad de la Oficina para ejercer su mandato, que tiene importancia fundamental. He pedido a la Alta Comisionada que presente un plan de acción en los próximos 60 días.

146. La Alta Comisionada y su Oficina deben participar en toda la gama de actividades de las Naciones Unidas. Sin embargo, ese objetivo sólo podrá lograrse si nuestros mecanismos de derechos humanos cuentan con sólidos fundamentos intergubernamentales. Por consiguiente, en la sección V infra figura mi propuesta para transformar el órgano que debe ser el eje central del sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas: la Comisión de Derechos Humanos.

147. Por su parte, los órganos creados en virtud de tratados de derechos humanos también deben ser mucho más eficaces y reaccionar más rápidamente cuando se vulneran los derechos que tienen el mandato de defender. El sistema de los órganos creados en virtud de tratados sigue siendo poco conocido; su labor se ve dificultada por el hecho de que muchos Estados presentan sus informes fuera de plazo o sencillamente no los presentan, así como por la duplicación de los requisitos sobre la presentación de informes; y lo debilita todavía más la deficiente aplicación de sus recomendaciones. Deben elaborarse y aplicarse directrices armonizadas sobre la presentación de informes a todos los órganos creados en virtud de tratados a fin de que esos órganos puedan funcionar como un sistema unificado.

C. Democracia

148. En la Declaración Universal de Derechos Humanos[19], aprobada por la Asamblea General en 1948, se enunciaban los principios fundamentales de la democracia. Desde el momento de su aprobación, la Declaración ha inspirado la redacción de constituciones en todas partes del mundo y ha contribuido en gran medida a que en el ámbito mundial finalmente se acepte la democracia como valor universal. El derecho de todas las personas, a elegir cómo serán gobernadas y quién debe gobernarlas debe ser un derecho innato y la realización universal de ese derecho debe ser uno de los principales objetivos de una Organización dedicada a promover un concepto más amplio de la libertad.

149. En la Declaración del Milenio, todos los Estados Miembros se comprometieron a aumentar su capacidad de aplicar los principios y las prácticas de la democracia. Ese mismo año, la Asamblea General aprobó una resolución sobre la promoción y la consolidación de la democracia[20]. Más de un centenar de países ya han firmado la Declaración de Varsovia sobre la Comunidad de Democracias (véase A/55/328, anexo I), y en 2002 esa Comunidad aprobó el Plan de Acción de Seúl (véase A/57/618, anexo I), en que se enunciaban los elementos fundamentales de la democracia representativa y se establecían medidas para promoverla. Las organizaciones regionales de muchas partes del mundo han hecho de la promoción de la democracia un componente básico de su labor, y el surgimiento de una fuerte comunidad de organizaciones de la sociedad civil de alcance mundial y regional que promueven la gobernanza democrática también es un hecho alentador. Todas esas iniciativas confirman el principio de que la democracia no pertenece a ningún país ni a ninguna región, sino que es un derecho universal.

150. Sin embargo, los compromisos deben ir acompañados de resultados concretos, y la protección de la democracia exige una labor de vigilancia. Las amenazas a la democracia de ningún modo han dejado de existir. Como ha podido verse una y otra vez, la transición a la democracia es delicada y difícil y puede sufrir graves retrocesos. Las Naciones Unidas prestan asistencia a los Estados Miembros proporcionando a las democracias incipientes ayuda y asesoramiento de carácter jurídico, técnico y financiero. Por ejemplo, las Naciones Unidas han prestado apoyo concreto para la celebración de elecciones en un número cada vez mayor de países, con frecuencia en momentos decisivos de su historia: sólo en el último año sumaron más de una veintena, entre ellos el Afganistán, Palestina, el Iraq y Burundi. Del mismo modo, la labor de la Organización para mejorar la gobernanza en todo el mundo en desarrollo, promover el imperio de la ley y reconstruir las instituciones estatales en países devastados por la guerra es fundamental para asegurar que arraigue y perdure la democracia.

151. Aunque las Naciones Unidas hacen más que cualquier otra organización por promover y fortalecer las instituciones y las prácticas democráticas en todo el mundo, ese hecho es poco conocido. Los efectos de nuestra labor se ven disminuidos por el modo en que la dispersamos entre las distintas partes de nuestra burocracia. Ahora es preciso hacer encajar todas las piezas. Además, hay grandes lagunas en nuestra capacidad en varias esferas fundamentales. La Organización en su conjunto debe lograr una mejor coordinación y movilizar recursos con más eficacia. Las Naciones Unidas no deben limitarse a establecer normas, sino que deben ampliar la ayuda que prestan a sus miembros para seguir ampliando y afianzando las tendencias democráticas en todo el mundo. Con ese fin, apoyo la creación de un fondo para la democracia en las Naciones Unidas con objeto de prestar asistencia a los países que intenten establecer un régimen democrático o fortalecer el que tienen. Además, me propongo lograr que nuestras actividades en esa esfera estén más estrechamente coordinadas estableciendo una relación más explícita entre la labor de promoción de la gobernanza democrática que realiza el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la que realiza la División de Asistencia Electoral del Departamento de Asuntos Políticos.

152. En las secciones II a IV me he referido a los desafíos, relacionados entre sí, que plantea la tarea de promover un concepto más amplio de la libertad en este nuevo siglo. También he indicado los que a mi juicio son los elementos fundamentales de nuestra respuesta colectiva, y concretamente muchas esferas en que creo que las Naciones Unidas deberían estar mejor equipadas para hacer la contribución que les corresponde. En la sección V me refiero en más detalle a las reformas concretas que juzgo necesarias para que nuestra Organización pueda desempeñar el papel que le incumbe en la formulación y aplicación de esa respuesta colectiva respecto de todas la cuestiones de interés mundial.

Notas:

19. Resolución 217 A (III) de la Asamblea General. [Volver al texto]

20. Resolución 55/96 de la Asamblea General. [Volver al texto]
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