martes, 17 de julio de 2012

El Doble Apostolado del Padre Fantino


El Doble Apostolado del Padre Fantino
De todas las funciones de ejerce el hombre sobre la tierra, ninguna más alta, noble, excelsa que la enseñanza de la verdad. Y cuando el pan de la verdad es amasado con  la levadura del evangelio, cuando en él palpita el aliento del señor, entonces  la función se convierte en sacrosanto ministerio; entonces surgen apóstoles y profetas; hombres por cuya boca  sale, Transfiguraciones, el mirífico soplo de la Verdad Eterna.
Fantino cumplió fielmente con  tales conceptos del Señor. MISONERO CATOLICO, se le llama y misionero fue toda la vida, hombre de abnegación sin límites. Educar  almas y cerebros; ser agente de la misericordia infinita del Señor; fue la misión ejercida por Fantino. Apóstol de la caridad y la verdad Maestro de la mente y  del espíritu.
Maestro siempre. Maestro  cuando desde la cátedra sagrada derrama sobre la muchedumbre la luz del Evangelio; Maestro cuando en la cátedra  laica enseña a sus discípulos las verdades de la ciencia.
Nacido con el ansia de evangelizar, de seguir las huellas del supremo maestro, se le ve abandonar el suelo patrio en busca de almas  que redimir, de corazones que consolar, de mentes  que iluminar. Monseñor E         liseo Pérez Sánchez, lo define con estas bellas palabras “ colocar  una escuela  al lado del templo, un aula  al lado de un oratorio, un  himno religioso al lado de un cántico escolar” “ no fue educador antes  que sacerdote;  fue sacerdote en perenne función de educador.
Ante que la iglesia construyó el colegio;  pero ambos fueron augustos templos de instrucción. Alguno que creyó en la incompatibilidad de la religión y de la ciencia, tomó de blanco de su crítica  esta doble función de Fantino.
Cuando Fantino, llega a Santo Domingo, en el  propio local del Seminario, junto a la escuela religiosa establece la escuela laica, animada ambas por un mismo espíritu, se traslada a Monte Cristy,  y en un brevísimo tiempo  allí funda una escuela y proyecta la construcción  de un templo. Arriba  a La Vega, y al lado  del Colegio San Sebastián edita la Iglesia de San Antonio; y para garantizar más el simbolismo  de la enseñanza al amparo de la Cruz. Y bajo los amorosos ojos  de María Santísima de las Mercedes, funda otro colegio, en la sagrada eminencia del Santo Cerro, que le dio el nombre de Padre Las Casas.
Grandiosa la función del Maestro. Víctor Hugo, escribe “Moldear un cuerpo y darle vida es grande; pero moldear un alma, es más grande todavía”.
De la consagración de Fantino al Magisterio, dan fe las precitadas  palabras suyas; “estoy  tan penetrado en la eficacia de la enseñanza religiosa a los niños para cooperar más tarde a la salvación de muchas alma, que no pienso dejar nunca de ocuparme de ellos  hasta  la muerte”.
La caridad de Fantino. Sólo  admite comparación con la de San Francisco de  Asís, de Fantino puede  decirse que vivió  con la diestra extendida para la dádiva. Y sin embargo; ni aun los mismos a quienes repartía “pan de resignación y pan de trigo, alcanzaron a conocerla en  toda su magnitud. Porque era caridad que se cubría con el púdico manto del silencio, caridad ejercida sobre el precepto bíblico “más  cuando tú  haces  limosna, no sepa tu izquierda lo que hace  tu derecha”.
En  el ejercicio de esta virtud, la más alta de las  tres teologales, fue también Fantino maestro por la excelencia; Maestro, por sus incontables obras de misericordia. Maestro por la virtualidad de su ejemplo
La caridad de Fantino. Centenares  de anécdotas la testifican. Quien  pudo atesorar riquezas murió en absoluta pobreza. La tranquilidad y la paz han de buscarse principalmente en una abundante efusión de caridad. Escribió León XIII, en su  encíclica Rerum Novarum.
Fantino y Billini. Apóstoles de la Caridad y de la Enseñanza; ríos gemelos que corrieron por el mismo cauce; el amor a la Humanidad, escala la más corta, la más segura, la más perfecta para elevarnos a hasta Dios.
Fuente; Francois F. Sevez, obra Bosquejo Biográfico del Padre Fantino, Imp. Progreso, La Vega, 1941, segunda parte, Consideraciones sobre la vida y la obra del Padre Fantino, Cap. I, pps. 63 al 70.

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