viernes, 7 de diciembre de 2012

La Música en la República Dominicana en la Época Colonial

La Música en la República Dominicana en la Época Colonial
Primera Parte.

Fuente: Mario Lebrón Savinón, Historia de la Cultura Dominicana, Tomo V, Pub. Unv.Nac. Pedro Henríquez Ureña, Sto Dgo, 1982, Cap. XXXIV, pps. 199

Nicolás Sloninsky, en su libro acerca de la música expresa “el primer músico nacido en el hemisferio occidental, también lo fue en Santo Domingo, organista de la Catedral de Santo Domingo, a fines del siglo XVI, lo fue Cristóbal de Llerena” (Música de América Latina, Ed. El Ateneo, Bs. Ar.) Se apoya Sloninasky en aportes de dominicanos ilustres que han estudiado a fondo la música colonial de América.
Los españoles trajeron a América sus canciones y melodías y aquí se transformaron, y ya con nuevos aires, se pasearon por Europa. Desde los fines del siglo XVI los bailes americanos invadían, como una inundación melódica, las regiones de España. Entre esos aires que se bailaban y cantaban en España y allí se abrieron como granada, por Europa, se pueden mencionar: el capuchino, el zambalo, el zarandillo, y la chocana, “que daría según Pedro Henríquez Ureña, sus flores perfecta de otoño, en manos de Bach y Rameau” (Pedro H. U, Música Popular de América, primer ciclo de conferencia 1910)
América, fue dándole nuevas intenciones, nuevos ritmos, nuevos tonos, y nuevas alegrías a las canciones que España le regalaba, iniciaba de este modo un primer intento de conquista espiritual de los viejos genitores a través de sus aires populares henchidos de nostalgias melancólicas. A partir de 1580, dice- Pedro Henríquez Ureña- aproximadamente, abundan en la literatura española u en los documentos de la metrópoli las referencias a los bailes que se tomaban de América: la gayumba, (la gayumba, es un arco, musical de Santo Domingo, hecho con un trozo flexible de madera, con una cuerda atada a un tablón, generalmente un pedazo de yagua, que cubre un agujero, practicado en el suelo. También es una danza antigua de los indios de Quisqueya) que sobrevivió en las Antillas hasta el siglo XIX, y el nombre que se le sigue dando a un instrumento musical. El Zapalo, quizá emparentado con las modernas zambas; el Zarandillo, el retambo, La chocana, que cruzó Los Pirineos y llegó hacer una forma clásica desde Lully, Purcell hasta Rameau y Gluck. << La chocana era la más popular de todos estos bailes y a menudo se menciona su origen; El Son, de las Antillas pertenece a este primer periodo y existe todavía, pero no pasa a Europa hasta la época reciente, por lo regular confundió con la Ruma, que originalmente no tenía relación alguna con él (Son). En el siglo XVIII la Guajira y el tipo de canción llamada guaracha, se importo de Cuba, como en el siglo XIX, la habanera, vanguardia de la inundación de música americana, procedente tanto del norte como del sur, que se difundió en el siglo XX. Las canciones brasileñas que pasan a Portugal, especialmente las molinhas parece haber sido parciales antecesores del fado. (PHU, las corrientes literarias de Hispanoamérica, Buenos Aires-México)
En Santo Domingo la música tiene orígenes egregios, sin descartar los densos ingredientes africanos que contribuyen a darle calidad. Frelida de Nolasco, la remonta mucho más atrás del esplendor hispánico, y acerca de las cantigas, pero sin su singular refinamiento; es la canción juglaresca del rico Medioevo español, sobreviviente aún después del Renacimiento, donde hay que buscar el fecundo origen de gran parte de nuestra música( Flérida de Nolasco, “ (la música de Santo Domingo y otros ensayos, Sto Dgo)
La cultura que predominaba en Santo Domingo, que nace desde la llegada a La Española de los primeros dominicos, vivero de cultura y educación, se acentúa con la creación de las primeras universidades del continente y se va a hacer extensiva, en el siglo XVIII, a la música también. Bajo las bóvedas pétreas de los nuevos templos que van estructurando su armazón de cal y cantos, se desgranan las notas de los primeros órganos, y, en armonías hieráticas, se oyen los primeros coros en el joven y casi virginal continente
La Catedral rige la noble aristocracia nativa de los primeros organistas, y en el sobrio boato del Alcázar se bailan los primeros saraos y se cruzan las primeras sonrisas galantes, a los pasos rítmicos del minuet. En 1580, según asegura Laureano Fuentes Motons, Vivian en Santiago de Cuba, dos negras libres nacidas en Santo Domingo (dice Santo Domingo, pero ellas eran oriundas de Santiago de los Caballeros), y experta en tocar Bandola. Una era Teodora Ginés; la otra Micaela Ginés, Micaela se traslado a La Habana. Donde la vamos a encontrar en 1598, siendo uno de los cuatros músicos que vivían en la capital de Cuba. Pero Teodora permaneció en Santiago de Cuba, donde debió alcanzar gran preponderancia, a juzgar por la canción donde se la nombra. Y dice <<< ¿Dónde está la ma Teodora?>>> Rajando la leña está>> con su palo y su bandola<<<>> ¿Dónde está que no la veo?<<<>>>
Una buena capia de cantares españoles, con muy ligeras variables, pasaron a nuestro folklor. Las vicisitudes que sufren La Española en los trágicos lapso calamitoso que va del 1786 al 1822, afecta la música y provoca, en cambio, una hemorragia migratoria que va a influir notoriamente en el movimiento cultural de Cuba, pues, como dicen Fuentes Matons, “ las familias dominicanas.. Como modelos de cultura y civilización nos aventajaban mucho entonces y a tal extremo es esto así, que el primer piano de concierto que sonó en Cuba fue llevado por un médico dominicano, traído de Paris-Francia, en 1810; el Dr. Bartolomé Segura y Mieses. Otro que se distinguió en Cuba por aquella época fue el compositor, quien impartió música religiosa, contribuyendo a la cultura del país (Laureano Fuentes Matons, “( las artes en Santiago de Cuba, La Habana, 1893)
Durante la época colonial hubo un mantenido entusiasmo por el baile. En el efímero virreinato de Diego Colón, y Doña María de Toledo se quiso reproducir en la pequeña Antillas todo el fasto de la corte real de España. Hermosas damas principales formaban el cortejo de la Virreina y en los salones del Alcázar se tejieron romances, mientras arpas y guzlas derramaban el incontenido perlar de sus notas. Fue a la llegada del Virrey en 1509, cuando se realizó el primer baile europeo en América (el primer baile pudo ocurrir en La Concepción de La Vega, con la llegadas de los Virreyes a esa población, en 1510, para asistir a la primera misa del Padre Las Casas)
Para entonces había en la colonia buenos vihuelistas, entre otros Ruy González, quien vino acompañando a los virreyes, con una vihuela y cuerdas y Fernando de Morales, poseedor de dos vihuelas.
Las noticias que se tienen dicen que entonces en la colonial se bailaba mucho. Ni las iglesias se salvaban de esta pasión por el baile. Un padre mercedario del siglo XVII, citado por Fray Cipriano de Utrera, refiriéndose a las fiestas que se celebraban en Las Mercedes, dice <<>>>>(Fray Cipriano de Utrera, en la Inmaculada Concepción, Sto Dgo.1956)
En 1780 el Fiscal de la Real Audiencia protestaba de la incansable propensión de baile entre los estudiantes de la Universidad, asentando que con motivo a las fiestas anuales del 28 de enero, se excedían en máscaras, mojigangas, refrescos y bailes, que se prolongaban por algunos días. Los dominicanos siempre han sido afectos al baile y así eras hasta en las guerras de Independencia y en las corrientes revolucionarias
De todos los bailes, el más antiguo en el fandango. El fandango, hoy sinónimo de fiesta jarancadosa, de bullicio, y trapatiesta, es un antiguo baile andaluz, que se cantaba acompañado de guitarra, castañuela y hasta con platillos y violín, de movimientos vivos y apasionados. Los españoles introdujeron el baile a lo largo de todas sus colonias hispánicas, de manera que se escucharon sus notas, de México y La Plata. La inusitada alegría despertaba provocó iras, sobre todo, de parte de una clerecía intransigente.
El fandango, al introducirse en las extinciones rurales nativas fue perdiendo gran parte de su aroma primigenio y transformándose, con lo cual aparasen nuevos aires, ramajes desgajadnos el árbol hispánico, pero ya renuevos autóctonos. Así, en 1856, afirma Pedro Francisco Bono en su novela Montero, que el fandango pasó a llamarse en algunos parajes sarambo y en otro guarapo
Los negros esclavos, a quienes estaban vedados, por absurdo Código Negro, algunas diversiones de los blancos, entonaban sus propios ritmos. Entremezclaron sus nostalgias de África lejana con los aires que escuchaban, y algunas de sus guturaciones atávicas se dulcificaron con el azúcar tibio de las canciones escuchadas. A veces ponían ritmos de melancolía plañidera en su canción. Unos de esos bailes africanos que acompañaban con su rústico bongó y sus quijongos, es el llamado bomba. Sus grandes fiestas se llamaban bachata, áfricamente que se conserva todavía para designar un a fiesta de poca monta, donde se toca desordenadamente y se baila con desenfreno y con anárquica y repetidas liberaciones de ron. Una bachata es una cumbancha y cumbanchero es el negro muy dado a las libaciones alcohólicas. Cuando la bachata culmina en un mayúsculo desorden se dice que aquello fue un jolgorio.
De esta mezcolanza se formaron nuestros ritmos, mezcla de aires africanos y melodías española

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