jueves, 21 de febrero de 2013

40 años de Caracoles: Muerto Caamaño, Bosch divide al PRD y Balaguer se reelige


40 años de Caracoles: Caamaño está en Azua viene hacia Ocoa

Juan Bosch, oculto desde la mañana del domingo 4 de febrero de 1973, emitiría ese lunes 5 una declaración manuscrita en la que expresaba su sorpresa por el supuesto desembarco de guerrilleros pese a que ya tenía la información entregada por Federico Lalane José de que Caamaño y otros ocho guerrilleros habían llegado al país por el sur y estaban en la cordillera Central.

40 años de Caracoles: Caamaño está en Azua viene hacia Ocoa
Guerrilleros en uno de los entrenamientos en CubaFE
SANTO DOMINGO, República Dominicana.- En el 40 aniversario de la guerrilla de Caracoles, encabezada por Francis Caamaño, es mucho lo que todavía queda por conocerse. Hamlet Hermann, uno de los protagonistas y participante de la guerrilla, es quien más ha sistematizado al contar la historia, en sus detalles y pormenores hasta su finalización.
Claudio Caamaño, otro de los protagonistas y participante, también ha contado su historia, con una versión diferenciada, en ocasiones, de algunos de los detalles. Acento inicia, con este trabajo de recuento de Claudio Caamaño, una serie de relatos sobre la guerrilla de Caamaño.
No se ha contado toda la historia. Es tiempo que comience un gran debate sobre esos hechos. La distancia de 40 años al parecer no ha borrado las diferencias, sino que las ha profundizado, como podrá verse en una serie de trabajos que publicaremos desde ahora, y en las siguientes semanas.
Estaremos publicando textos con el interés de contribuir al debate. Acento recibirá todas las opiniones y consideraciones que aporten los lectores interesados y con información sustentada y valiosa.
En esta ocasión iniciamos una serie de reportajes del periodista Felipe Nery Ciprián, escritos en exclusiva para este diario.

Caamaño está en Azua viene hacia Ocoa

Felipe Ciprián
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Cuando Norma, la esposa de Titilo Sierra, cruzó los escasos metros que separan su casa en la calle Sánchez de aquella donde nosotros vivíamos en San José de Ocoa aquel amanecer del lunes 5 de febrero de 1973, nos enteramos de que se había producido una incursión guerrillera en las montañas de nuestro pueblo.
– ¿Dónde está Dolores? (mi madre)  –preguntó la vecina Norma.
– Se fue a la 6:00 de la mañana para la Capital con Jando (Alejandro Tejeda, chofer de un carro público que llevaba pasajeros a domicilio de Ocoa a Santo Domingo) –respondí casi a coro con varios de mis hermanos.
–Ay Dios, se fue y Caamaño está en Azua y viene hacia Ocoa –completó Norma.
Todo el poblado de Ocoa supo de inmediato que el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, el líder de la Revolución de 1965, estaba en las montañas al frente de un destacamento guerrillero y de ahí en adelante habría guerra.
Yo, al igual que decenas de jóvenes (entonces tenía 16 años) estábamos eufóricos porque por fin tendríamos la oportunidad de pelear por una revolución bajo el comando de esa especie de Espartaco que suponíamos era el coronel Caamaño y que había entrado al país para iniciar una nueva guerra para completar la no ganada de 1965.
¿Cómo lo supo Norma? Aun no se lo he preguntado pero muy probablemente se lo informó alguien bien enterado porque el día anterior, domingo 4 de febrero, la patrulla mixta compuesta por el sargento Artemio Pérez Vólquez, el raso Ramón María Roque, ambos del Ejército Nacional, y los rasos Julio Santos Belliard y Héctor Radhamés Ferreira Féliz, de la Policía Nacional, había sido enviada hasta las proximidades de La Mesa de Domingo para indagar la presencia de militares armados que armonizaban con los campesinos de la zona.
El jefe del Destacamento del Ejército Nacional en Ocoa, teniente Francisco Antonio Sandoval Abreu, junto al teniente Domingo Santos y Santos, de la Policía Nacional, recibieron ese domingo el informe de la patrulla mixta de que se trataba de un grupo irregular porque el jefe, identificado como el coronel Román Román, dijo pertenecer a la inexistente Cuarta Brigada del Ejército Nacional.
La patrulla había partido ese domingo para indagar la presencia de militares en El Cercado, 30 kilómetros al oeste de Ocoa, atendiendo a la delación precisa que habían hecho los señores Rafael Bernardo Roa (Rafelito era un reconocido informante) e Ignacio Matos, otro confidente que manejaba un jeep de transporte público y que era llamado en la Policía por el seudónimo de Topo Yiyo.
Cuando regresó la patrulla mixta luego de hablar en horas de la tarde de aquel domingo con Hamlet Hermann primero y luego con Caamaño, fue esperada en el Destacamento de la Policía Nacional de Ocoa por el teniente del Ejército Sandoval Abreu y por el de la Policía, Santos y Santos.
Comprobado el hecho de que se trataba de un grupo con formación militar pero que no pertenecía a ninguna agrupación regular, el teniente Sandoval Abreu emitió, vía la estación de radio de la Policía Nacional de Ocoa (Z-31, Z-33), un telefonema donde informaba al jefe del Estado Mayor del Ejército, al comandante de la Tercera Brigada (San Juan de la Maguana), al comandante y al inspector del 11º Batallón del Ejército con asiento en Elías Piña y al comandante de la 22ª Compañía del Ejército en Azua, un informe de que ocho hombres portando armas largas y otros atuendos militares estaban en las proximidades de Mancebo, a orillas del arroyo La Ciénaga y se encaminaban hacia la Sabana de San Juan llevando pertrechos en dos mulos que habían comprado.
En el pobladito de El Cercado, los guerrilleros disfrutaron de una sopa preparada por Dominga, la esposa del señor Batino Mancebo, madre de mis amigas Rosa y Clara, según me relatara varios años después el propio Batino, quien ya desengañado me dijo que lo hizo con mucho gusto porque confió en que eran militares del gobierno.
Ya las autoridades habían tenido acceso al yate “Black Jak” que el grupo de Caamaño había anclado frente a la playa La Boquita, pero que se arrastró hasta Playa Caracoles donde finalmente fue abordado por los militares que encontraron un escrito donde se informaba que había explosivos programados para estar listos para detonar desde las 10:00 de la mañana y con la inconfundible firma del coronel Caamaño.
Establecida la presencia del yate en Caracoles y los hombres armados en El Cercado, San José de Ocoa, las autoridades militares comenzaron a ponerse a la altura de las circunstancias: convirtieron el Destacamento de la Policía Nacional en la 36ª Compañía y ascendieron al teniente Santos y Santos a capitán, enviándole al menos veinte policías más.
El cabo Mamerto Liriano Saldaña, quien era el jefe del Puesto de la Policía Nacional en El Pinar, Ocoa, el poblado más grande en las proximidades del teatro de operaciones, recibió el refuerzo de más hombres para superar su dotación de cinco.
En la medida en que avanzaba la mañana comenzaron a llegar camiones y jeeps militares procedentes de Azua, asiento de la 22 Compañía del Ejército Nacional comandada por el capitán Fernando Sánchez Aybar, y de San Cristóbal, donde estaba el batallón Ramón Matías Mella, así como de la Tercera Brigada del Ejército.
La persecución a la guerrilla en el norte de El Cercado tuvo un primer saldo trágico para los militares: Tras el inesperado combate entre dos guerrilleros (Eberto Lalane José, segundo jefe y encargado de la agrupación de retaguardia, y Hamlet Hermann Pérez) con una Sección del Ejército (agrupamiento menor que un pelotón y mayor que una escuadra) donde mueren tres militares y quedan tres heridos ese día 5 de febrero, el presidente Joaquín Balaguer se inquieta y decide ir personalmente en la que sería la primera de las tres visitas que hizo a las montañas y al mayor agrupamiento de tropas que estaba en la manzana donde se localizaba la recién creada 36ª Compañía de la Policía Nacional, en la calle Duarte esquina avenida Canadá de Ocoa, donde a su vez se había improvisado el campamento de comando de la Tercera Brigada del Ejército Nacional y el resto de tropas provistas por otros cuerpos de las Fuerzas Armadas.
Desde la mañana de ese lunes 5 de febrero se había desatado una persecución general contra todos los dirigentes de los partidos de oposición, yendo a parar a la cárcel los señores Luis Pujols, el odontólogo Luis Concepción, el dirigente estudiantil Enrique Chalas Velásquez, el sastre Rafael Tejeda (Lindo), el periodista Alexis Read, entre otros, mientras que el resto de los opositores se ocultaba ante la búsqueda incesante por casas y barrios de todo el que tuviera la más mínima sospecha de ser revolucionario.
Entre los que lograron escapar estaban mi primo Félix Nicolás Sánchez Ciprián, secretario general del Partido Revolucionario Dominicano (PRD); Alberto Estrella Ovalles, su hermano Pascual Estrella y Juan Minyetty (Kan), todos dirigentes municipales del PRD, los que contaron con el apoyo decidido del sacerdote Luis José Quinn, quien primero los ocultó en el Asilo de Ancianos “San Antonio”, en las afueras sur de la ciudad y en horas de la noche los sacó hacia Santo Domingo en un volteo en el que estuvo entrando y saliendo todo el día para familiarizar a los militares con su rutina diaria.
La noche del lunes 5 de febrero había cientos de militares y policías patrullando las calles de Ocoa, controlando todas sus entradas y salidas, tanto de carreteras como de caminos de animales y de personas a pie, mientras en Santo Domingo las Fuerzas Armadas emitían una declaración afirmando que un desembarco guerrillero procedente de Cuba se había registrado por Azua y sería combatido por las fuerzas regulares.
Juan Bosch, oculto desde la mañana del domingo 4 de febrero de 1973, emitiría ese lunes 5 una declaración manuscrita en la que expresaba su sorpresa por el supuesto desembarco de guerrilleros pese a que ya tenía la información entregada por Federico Lalane José de que Caamaño y otros ocho guerrilleros habían llegado al país por el sur y estaban en la cordillera Central. No obstante, uno de ellos, Toribio Peña Jáquez, había viajado a la capital y confirmaba que la guerrilla era dirigida por Caamaño.
Sin poner en duda la seriedad de Federico Lalane José, Bosch “analizó” y orientó a los dirigentes del PRD (José Francisco Peña Gómez le rebatió diciendo que era cierta la llegada de la guerrilla) que era imposible que Caamaño estuviera al frente de un grupo de ocho guerrilleros en Ocoa si precisamente el viernes 2 de febrero de 1973 había recibido un mensaje del coronel de Abril, a través de Emilio Ludovino Fernández, donde le informaba que el líder militar revolucionario apoyaba la línea del PRD de llevar al gobierno de Balaguer a su propia legalidad.
Con la duda de Bosch, que era el principal líder del PRD y de la oposición de Balaguer, gran parte de la población comenzó a poner en entredicho la existencia de la guerrilla y se creyó el cuento de Bosch de que se trataba de una trama urdida por el gobierno para sacar del país a los principales dirigentes de la oposición.
Como dato fundamental para entender cómo Balaguer encaró personalmente el desafío de la guerrilla, vale resaltar el testimonio de Chalas Velásquez quien durante una entrevista que le hice hace un mes, reveló que cuando él era sacado de la cárcel preventiva de Ocoa junto a los demás prisioneros para ser llevado hacia el Palacio de la Policía Nacional en Santo Domingo, vio en la madrugada del día 6 de febrero al Presidente de la República cuando despachaba con los jefes militares. A su lado estaba el comerciante Teófilo Sepúlveda, hombre honesto y de trabajo incapaz de hacerle daño a nadie, pero que era de la confianza absoluta del Jefe del Estado.

40 años de Caracoles: Balaguer visitó zona de combate y cambió el mando

Con las decisiones de Balaguer y los nuevos jefes operativos sobre el terreno, lo que caracterizaba la situación era que la guerrilla había golpeado primero provocando tres muertos y tres heridos, contra un herido leve (Lalane José)

40 años de Caracoles: Balaguer visitó zona de combate y cambió el mando
Joaquín Balaguer, entonces presidente de la RepúblicaAcento.com.do/Archivo

Balaguer visitó zona de combate y cambió el mando operativo contra Caamaño

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Los días martes 6 y miércoles 7 de febrero de 1973 fueron suficientes para saturar el poblado de San José de Ocoa de militares y policías que estaban permanentemente en las calles y muy celosos de cualquier conversación y sobre todo reunión de más de dos personas.
Los integrantes de los partidos opositores ya estaban detenidos o escondidos, mientras que la confrontación militar en las montañas no daba ninguna esperanza para las Fuerzas Armadas y el gobierno.
En una acción que retrata plenamente la disposición del entonces presidente Joaquín Balaguer de conducir en persona la orientación que condujera a la liquidación física del grupo guerrillero, el gobernante abordó un helicóptero miliar y recorrió, con paradas en distintos puntos, la zona por la que incursionó la guerrilla y recabó personalmente información sobre sus componentes para en horas de la noche hablar al país por radio y televisión y denunciar una trama subversiva contra el gobierno constitucional.
Su resumida intervención en la televisión fue un informe de este viaje y un intento claro de involucrar a Juan Bosch y a José Francisco Peña Gómez, los dos principales líderes del PRD que habían ido a la clandestinidad, en la recepción del grupo guerrillero y en los planes para desestabilizar al gobierno.
Balaguer estaba convencido, como a su vez lo estaba el Grupo Asesor de Asistencia Militar (MAAG) de Estados Unidos en el país bajo la jefatura del coronel Brian J. Bosch, de que el desembarco por Azua era una distracción para facilitar la llegada de Caamaño con mucho más tropas por otro punto del territorio nacional y levantar la Capital y otras ciudades más importantes.
Por eso Balaguer dice en su discurso: “Hace apenas algunas horas regresé de las zonas del municipio de San José de Ocoa en donde actualmente se desarrollan algunas acciones subversivas que realiza el grupo de guerrilleros que desembarcó presumiblemente la madrugada del sábado último en la playa de Caracoles, de la provincia de Azua. Después de conversar por algunos momentos con los altos jefes militares que han recibido la misión de erradicar de esas zonas estas actividades anti-dominicanas, inspeccioné personalmente, en compañía del Secretario de Estado de las Fuerzas Armadas y del Jefe de Estado Mayor del Ejército, el sitio en que el lunes último (día 5) se produjo el primer choque sangriento entre una patrulla militar y el grupo de guerrilleros”…
Balaguer agrega que siguió en helicóptero visitando los lugares donde por señalizaciones de los mapas dejados por los guerrilleros en el yate se proponían atacar. “Conversé en los sitios donde se realizan las operaciones con rasos, sargentos y campesinos de las zonas aledañas. La impresión que traje de esta rápida visita al lugar en que se desarrolla esta nueva aventura sediciosa contra la paz de la República es sencillamente lo que militarmente se denomina “una operación de distracción”.
Para Balaguer, lo que había en las montañas era una acción tendente a “obligar al gobierno a concentrar en esas zonas (montañosas) la mayor cantidad posible de efectivos militares para dejar sin suficientes elementos de defensa la capital de la República y otros puntos del país en que ese grupo, presumiblemente, se propone abrir nuevos focos subversivos”.
De su lado, el coronel Brian J. Bosch dice que los asesores militares norteamericanos estuvieron convencidos de que el desembarco por Azua era un fuego de distracción para facilitar la entrada de Caamaño muy probablemente por el norte con una fuerza considerablemente mayor y tomar una gran ciudad en el inicio del plan insurreccional.
Esa convicción tanto de los asesores militares estadounidenses como de Balaguer hizo movilizar fuerzas militares por aire, mar y tierra a lo largo de la costa norte y sur del país en espera del grupo mayor, mientras que en la Capital y Santiago fueron adoptadas medidas especiales de patrullaje y ocupación de planteles escolares y el campus de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Como puede verse, Balaguer reaccionó a las primeras bajas provocadas por la guerrilla el día 5 de febrero de 1973 con una inspección personal en el teatro de operaciones, con un discurso a la nación anunciando que había un plan subversivo procedente del exterior dirigido por Caamaño y señalando a Bosch y a Peña Gómez de tener en conexión con la guerrilla.
Como elementos de prueba hablaba de una fotografía “del cabecilla de la revuelta del 24 de abril en compañía de su querida o de su esposa legítima”, de un escrito firmado por el mismo Caamaño, parques de guerra y de boca, mapas, explosivos y manuales de táctica militar.
Junto a esas líneas gruesas de conducción, Balaguer había adoptado en la mañana de ese día 7 la decisión de relevar al general Elio Osiris Perdomo Rosario de sus funciones de comandante de la Tercera Brigada que tenía su puesto de comando en Ocoa y de comandante de Operaciones en la persecución del grupo insurrecto.
El desespero de Balaguer por acabar con el foco en la montaña era proporcional al temor de que nuevas fuerzas desembarcaran en el territorio nacional o que se levantaran más hombres armados en Santo Domingo o Santiago.
Por eso Balaguer designa al capitán de navío Manuel Ramón Montes Arache jefe del patrullaje en la Capital y al capitán Héctor Lachapelle Díaz en Santiago. No hay que olvidar que esos dos militares formaron parte del mando de Caamaño en la Guerra de 1965 y fueron sus principales lugartenientes hasta poco después de que el jefe constitucionalista se estableciera en Cuba para preparar el retorno al país.
Poco tiempo después ellos abandonaron el lado de Caamaño y volvieron a ponerse a disposición de las Fuerzas Armadas, por lo que Balaguer accionó para que ellos se definieran públicamente contra su antiguo jefe y así lo hicieron.
Pero no solo Balaguer y Brian J. Bosch con su equipo estaban convencidos de que la guerrilla contaba con respaldo, sino que la totalidad de los oficiales de las Fuerzas Armadas suponía que Caamaño no se atrevería a coger el monte contando solo con ocho hombres.
El general Ramiro Matos González consignó en el libro “El guerrillero y el general, diálogo entre adversarios”, escrito por él y Hamlet Hermann, que “prácticamente todos los oficiales superiores decíamos: Es imposible que esa gente esté sola ahí. Algo viene de fuera o algo hay en la ciudad. Se consideraba una locura que ocho hombres se atrevieran a enfrentarse a todo el poderío de las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional. Algo grande tenía que haber alrededor de ese desembarco, pensábamos nosotros”.
¿Cómo se hizo el relevo del general Perdomo Rosario ese miércoles 7 de febrero de 1973?
En horas de la mañana de ese día a la radio operada en una de las casas de campaña (en realidad lonas de camión fijadas en tierra por estacas) colocadas en toda la cuadra al este del cuartel de la Policía Nacional de San José de Ocoa llegó un pedido que había que asistir de inmediato.
Un diminuto soldado, desprovisto de armas, salió hasta el mismo frente del cuartel de la Policía y se paró frente al teniente coronel Manuel de Jesús Sánchez Cuevas, y le dijo:
-Coronel Sánchez, le llaman de M-1.
El oficial reaccionó sorprendido: -Ten cuidado con lo que estás diciendo. ¿Tú estás seguro que me llama M-1?
-Sí, señor, lo llaman de M-1.
Dirigiéndose al encuentro con el soldado que estaba parado en atención como a seis pies de distancia para ir a contestar a la radio, el coronel Sánchez finalmente advirtió: -Mira, M-1 es el Presidente de la República. Si no es M-1 que me llama vas a tener problemas.
Pocos minutos después ya era de conocimiento la destitución del jefe de Operaciones, Perdomo Rosario, y en su lugar fue colocado el general Juan René Beauchamp Javier, a quien se le asignó como segundo al mando al general Ramiro Matos González, entonces subjefe de la Fuerza Aérea Dominicana y con experiencia en lucha antiguerrillera.
El mismo Sánchez Cuevas fue designado jefe de Inteligencia al servicio de los mandos operativos que estaban en las montañas.
Aunque Matos González declaró posteriormente que ese día fue llamado a la sede de las Fuerzas Armadas por el general Pérez y Pérez, quien le pidió que se alistara porque ambos irían hacia Ocoa, era obvio para él que quien hizo la designación de Beauchamp y la suya fue el propio presidente Balaguer quien dirigía al hilo la confrontación con la guerrilla.
El general Matos González tenía la convicción de que la destitución de Perdomo y su nombramiento vino directamente de Balaguer y así lo escribió en libro antes citado: “A mí me parece que el relevo del general Perdomo no fue una decisión de la Secretaría de las Fuerzas Armadas, ni de la Jefatura de Estado Mayor del Ejército. Eso tiene que haber sido una orden proveniente del Palacio Nacional. Sólo el Presidente de la República podía hacer una exigencia de resultados militares a tan breve plazo y aplicar una sanción de esa naturaleza. Esa fue, supongo yo, la primera reacción del doctor Balaguer  ante la escasez de resultados que obtenían los responsables de dirigir la lucha contra la guerrilla… El Presidente de la República no pareció estar conforme con los resultados de las acciones dirigidas por el general Perdomo y se nos designó creyendo que podríamos acabar con el levantamiento de inmediato”.
Con las decisiones de Balaguer y los nuevos jefes operativos sobre el terreno, lo que caracterizaba la situación era que la guerrilla había golpeado primero provocando tres muertos y tres heridos, contra un herido leve (Lalane José) y pese a que las Fuerzas Armadas declaraban que tenían al grupo dentro de un cerco táctico, lo que realmente pasó fue que la pequeña tropa de Caamaño eludió el contacto y los militares no los podían ubicar con precisión.

40 años de Caracoles: 10 días sin choque con Caamaño desconciertan a Balaguer

Sin duda que Balaguer quería y podía ver la zona de operaciones para determinar cómo extinguir a los guerrilleros, neutralizar al PRD, informar todo eso al país y al mundo el 27 de febrero ante el Congreso Nacional y preparar su reelección un año después.

40 años de Caracoles: 10 días sin choque con Caamaño desconciertan a Balaguer
Joaquín Balaguer, entonces presidente de la RDAcento.com.do/Archivo
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Era evidente que ante la convicción de los militares dominicanos y norteamericanos de que el desembarco guerrillero de Caracoles no podía ser un hecho aislado y había la duda de si ya Caamaño estaba en el territorio nacional -opinión que compartía Balaguer-  el gobernante buscaba todos los medios para informarse directamente del curso de los acontecimientos.
Por eso,  exactamente una semana después del primer recorrido en helicóptero militar por la zona donde operaba la guerrilla, Balaguer volvió a su rol de informarse directamente en el teatro de operaciones: Ocoa y las montañas al noroeste.
Con el deseo de acabar con la guerrilla de inmediato, Balaguer vuelve a Ocoa y visita zonas rurales en helicóptero militar, vuelve a conversar con oficiales y soldados buscando formarse un juicio lo más cercano a la realidad. Ese día los militares lo reunieron con varios guías campesinos en La Horma, a los que el gobernante interrogó cual si se tratara de un analista de inteligencia.
¿Por qué Balaguer vuelve a la zona de operaciones tan rápidamente?
Creo que dos hechos podrían explicarlo convincentemente: los militares no lograban volver a chocar con los guerrilleros pese a que tenían la orden de aniquilar al grupo de inmediato a cualquier costo y por cualquier medio y porque los asesores militares de Estados Unidos recibieron una información precisa y comprobable de que era Caamaño quien estaba en las montañas.
Para Balaguer era crucial saber con certeza si era Caamaño el jefe y por eso se dedicó a interrogar personalmente a campesinos que vieron a guerrilleros, lo mismo que a soldados que los perseguían desde hacía una semana sin volver a chocar, pese a que los informes de los jefes militares de que estaban cercados y próximos a aniquilar.
Un factor que debió complicar las conclusiones de Balaguer sobre todo esto, eran los contenidos de los mensajes que enviaba el profesor Juan Bosch a los medios de comunicación desde los lugares donde estaba escondido.
Ya sabemos que pese a que Federico Lalane José le informó a Bosch el día 3 de febrero de 1973 que era Caamaño quien había desembarcado y le dio la fuente de su información en la presencia en la ciudad de Santo Domingo de uno de los guerrilleros que vino en la expedición (Carlos Toribio Peña Jáquez), desde el primer momento el entonces líder del PRD se convenció de que no podía ser cierto (era lo que le convenía, no lo que marcaba la realidad) porque el muy conocido Emilio Ludovino Fernández le merecía más credibilidad que el desconocido guerrillero y el hermano de Rafael Tomás Fernández Domínguez le había dicho frente a José Francisco Peña Gómez que Caamaño respaldaba la línea política del PRD que era la de llevar al presidente Balaguer a su propia legalidad.
Frente al pueblo dominicano y en su intercambio con los dirigentes perredeístas, Bosch mantuvo la prédica de que no había tales guerrilleros y que se trataba de un invento de Balaguer para sacarlo a él del país al igual que a Peña Gómez.
Por eso dice claramente en su primer mensaje manuscrito entregado a los medios el 5 de febrero que tanto el pueblo como el PRD estaban sorprendidos por la noticia del desembarco guerrillero, porque ninguno de sus dirigentes “tenía la más remota idea de que se preparaba un hecho semejante”.
Un “hecho semejante” puede ser en el imaginario popular (que Bosch conocía mejor que nadie) algo insólito, inexplicable, que nadie podía compartir, y de inmediato hace su primera orientación a la militancia del PRD: “Todo perredeísta permanecerá ligado al organismo al cual pertenece. Hay que mantener el Partido organizado y unido contra viento y marea, sin dejarse agitar por nadie que no sean sus líderes naturales”.
No hay que ser un experto para entender que ese nadie es cualquier persona, desde Caamaño que estaba al noroeste de El Cercado, San José de Ocoa, hasta otra que lo apoyara en su lucha,  y que esos líderes naturales eran solo dos: Juan y Bosch.
Por si quisiera agregar más confusión ante un hecho evidente y del que estaba totalmente informado y primero que los militares y Balaguer, Bosch termina su primer mensaje desde donde estaba escondido con la consigna de “¡Organización y unión para luchar contra los enemigos de la Patria!”.
El perredeísta de a pie debía interpretar que los enemigos de la Patria son los invasores que en este caso no lo eran, pues se trataba de dominicanos que venían a luchar armas en mano contra el gobierno, aunque fuera constitucional, pero no era a sojuzgar la soberanía de la Patria como lo hicieron los soldados haitianos en 1922 y los norteamericanos en 1916 y 1965.
Mientras Bosch “orientaba” a la militancia de su partido y a la parte del pueblo que le creía en la duda de la existencia de guerrillas bajo un líder tan popular como Caamaño, dio un paso político en forma oculta que era digno de que se conociera antes de su muerte y que lo revela el coronel Brian J. Bosch,  jefe del Grupo Asesor de Asistencia Militar (MAAG) de Estados Unidos en el país.
En su libro “Balaguer y los militares dominicanos”, publicado originalmente en inglés en 2007 y luego en español por la Fundación Cultural Dominicana en el año 2010,  el agregado militar de Estados Unidos escribió en la página 263:
“El día ocho (de febrero de 1973) hubo un mayor esclarecimiento acerca de la guerrilla por parte de una fuente inesperada: Juan Bosch, quien estaba escondido. Le envió a la Embajada norteamericana, a través de intermediarios, una explicación por escrito sobre su actual posición política, en la cual incluía una declaración de que los guerrilleros realmente habían desembarcado el 2 de febrero y que sólo un insurgente había procedido hacia la capital, no dos como había reportado el Presidente Balaguer. Bosch sostenía que había obtenido esa información el 3 de febrero (un día antes que las Fuerzas Armadas), pero que él y el PRD no estaban involucrados en la expedición”.
En otras palabras: al pueblo dominicano y a los perredeístas que tuvieron a Caamaño como líder cuando el depuesto presidente estaba en Puerto Rico durante la Guerra de 1965 Juan Bosch les decía que eso de la guerrilla era un invento de Balaguer para sacarlo a él y a Peña Gómez del país, mientras a la embajada de Estados Unidos le escribió que los guerrilleros realmente habían desembarcado el 2 de febrero… pero que él y el PRD no estaban involucrados en la expedición.¡Tremendo líder!
Solo hay que suponer qué pensaría Balaguer cuando el secretario de las Fuerzas Armadas, contralmirante Ramón Emilio Jiménez Reyes; y el jefe del Estado Mayor del Ejército Nacional, general Enrique Pérez y Pérez, le informaban que los norteamericanos sabían a “ciencia cierta” que era Caamaño con siete hombres sin mochila que estaban cercados en las montañas de Ocoa.
Sin duda que Balaguer quería y podía ver la zona de operaciones para determinar cómo extinguir a los guerrilleros, neutralizar al PRD, informar todo eso al país y al mundo el 27 de febrero ante el Congreso Nacional y preparar su reelección un año después. Por eso prefería exponerse con frecuencia a ir a Ocoa y a las montañas donde debía estar la guerrilla.
Mientras los guerrilleros escalaban las estribaciones más altas de la cordillera Central en busca de poblados inexistentes tratando de obtener alimentos y contacto con la población cobijada por extensos pinares (donde no se produce nada que sirva como alimento), en Ocoa, Constanza, Padre Las Casas, Barahona, Azua, Baní, Santo Domingo, Santiago y otras ciudades, había una ocupación militar que impedía y atemorizaba el libre tránsito.
En Ocoa, ningún vehículo público o particular podía salir de la ciudad hacia la zona rural al norte y al oeste del poblado. Los que salían desde ahí hacia el Cruce de Ocoa en la Carretera Sánchez, al igual que los que entraban, eran minuciosamente registrados –equipaje, cargas y personas-, mientras en la ciudad nadie podía hacer reuniones ni caminar siquiera en forma sospechosa.
Un hecho ilustra el control militar que había en la ciudad. Una noche que debió ser la del día 9, en el extremo sur de la calle 27 de Febrero de Ocoa, en el sector Pueblo Abajo, donde ya terminaba la zona urbana y comenzaban los potreros de Los Cachones de Lalo Read, una patrulla militar sintió un susurro en el interior de una casa. Un cabo tocó a la puerta por el frente mientras los otros dos soldados tomaban el control de los dos callejones y pidió abrir la puerta de inmediato.
Cinco o seis hombres que estaban en su interior jugando a los dados salieron huyendo hacia el potrero, los soldados hicieron fuego y en el acto cayó traspasado en el pecho por una bala 7,62 de fusil FAL el jovencito Wilson Danilo Mejía, quien era y es mi amigo. Recogido e interrogado por los soldados y ante la evidencia de que no se trataba de una reunión conspirativa, fue llevado al Hospital San José y tras una cirugía sin complicaciones porque el proyectil pasó su cuerpo sobre el corazón sin tocar la clavícula, logró recuperarse en una semana.
Diez días justos corretearon montañas los guerrilleros viendo a los soldados casi a diario, sus helicópteros y hasta escuchando las conversaciones, pero las tropas del gobierno no chocaron con ellos hasta la noche del día 15 cuando sintieron los pasos de Mario Nelson Galán Durán, puntero de vanguardia de la pequeña columna comandada por Caamaño, cuando se acercaba a una emboscada situada en una hondonada justo al lado oeste de la carretera Ocoa-Constanza, en Sabana Quéliz, y fue recibido con fuego en ráfaga de ametralladora, lo que retoma los combates y el futuro de la guerrilla que continuaré en la entrega cuatro de cinco.
@FelipeCiprianp

40 años de Caracoles: Duelo total cubrió a Ocoa por muerte de Caamaño

La gran pregunta es: ¿Subió Balaguer a la montaña para ver personalmente a Caamaño capturado para ser fusilado sumariamente?

40 años de Caracoles: Duelo total cubrió a Ocoa por muerte de Caamaño
Francisco Alberto CaamañoAcento.com.do/Archivo
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La noche del 15 de febrero de 1973 Mario Nelson Galán Durán avanzaba en dirección este-oeste como punta de vanguardia y cuando su silueta fue avistada por soldados de la primera brigada del Ejército Nacional que habían sido desplegados desde la mañana de ese día a lo largo de la carretera Ocoa-Constanza, una ametralladora M-60 comenzó a vomitar fuego interminable sin que lograra alcanzar el debilitado cuerpo de aquel atlético hombre mal alimentado en la última semana, pero atento a sus responsabilidades militares al servicio del pueblo que quería defender.
Adherido al suelo en penetrante frío, el tercero al mando de la guerrilla escuchó inmóvil aquel chorreo de balas y luces importunar la noche que aun no llegaba a las 10:00.
Detrás de Galán Durán iba el propio Caamaño, quien cuerpo en tierra evaluaba la magnitud de los efectos de aquel ataque sorpresivo.
El jefe guerrillero retrocedió convencido de que Galán Durán estaría herido y por ello ordenó a personal de su escuadra que acudiera –ley inviolable de la guerrilla- a rescatarlo.
En el esfuerzo de rescatar a Galán Durán se descubre la posición exacta de la emboscada parte de tres guerrilleros que contraatacan con tanto éxito que silencian a los portadores de la M-60 con fuego de fusiles y granadas, provocando un pánico total y un aullido de auxilio escuchado a viva voz por los atacantes.
El desconcierto o el desperfecto de uno de los fusiles guerrilleros libra a esa pequeña tropa regular de un desastre y enterado Caamaño de la situación operativa ordena salir al saber que no hay ningún guerrillero siquiera lesionado y en los emboscados hay gritos desesperados para que los evacuen porque hay muchos heridos.
Como ya se conoce por diferentes fuentes, la escuadra de Caamaño se reorganiza más al oeste de la carretera Ocoa-Constanza, inicia un recorrido hacia el sur buscando un paso hacia el este donde se emboscan para golpear en forma aleccionadora a las tropas de la Primera Brigada de Infantería del Ejército Nacional, bajo el mando del coronel Teófilo Ramón Romero Pumarol, que había sembrado esa vía de emboscadas desde La Horma hasta Constanza por disposición directa de los jefes militares y Balaguer en Santo Domingo.
Emboscado un camión de transporte militar que fue atacado sin respuesta justo a la medianoche que dio inicio al 16 de febrero, los guerrilleros se van a una tortuosa caminata nocturna buscando la zona de Arabia, hacia el sureste. No tan lejos del lugar del ataque paran a descansar al amanecer para ser sorprendidos por las tropas persecutoras que descargan contra ellos todo el poder de fuego de que disponen.
Capturado el coronel Caamaño con una herida leve cuando auxiliaba a Lalane José por heridas graves, las tropas lo llevan nuevamente a Sabana Quéliz, donde es fusilado en circunstancias que sus ejecutores directos siempre han presentado como una falsa muerte en combate.
¿Qué sucedió en Ocoa antes y después de conocerse la captura de Caamaño en la mañana del día 16 de febrero de 1973?
Desde los dos días anteriores todos los que estábamos en Ocoa vimos el inusitado paso de camiones y jeeps militares tomando la carretera de La Horma. Estos soldados ahora llegaban con ropa de mejor calidad, raciones de alimentos del Ejército de Estados Unidos que podían durar años, contrario a las funditas con galletitas saladas, salchichas y otras tonterías que consumían los primeros que llegaron a ocupar el poblado.
La mañana de ese viernes 16 de febrero transcurría dentro de la normalidad de una pequeña ciudad ocupada por cientos de soldados y policías patrullando todo el tiempo y montando vigilancia evidente frente a oficinas públicas, almacenes y casas de dirigentes opositores aunque estuvieran presos o huyendo de la persecución.
En las primeras horas de la tarde llegó el inconfundible helicóptero civil del que bajó el presidente Balaguer justo detrás del puesto de mando que había en todo el entorno del cuartel de la Policía de Ocoa.
Como en las demás ocasiones, todos los ayudantes civiles y dirigentes reformistas de Ocoa llegaron corriendo al lugar cuando vieron que era Balaguer quien llegaba por tercera vez al poblado en solo 11 días, pero esta vez ninguno pudo acercarse a él porque los soldados tenían orden de no dejar pasar por el cordón militar a ningún civil.
Balaguer bajó y de inmediato abordó un helicóptero militar junto a algunos de los jefes que acababan de llegar en él. Con el Presidente la nave tomó rumbo franco hacia el norte siguiendo el trazo de la carretera de La Horma y se perdió en la lejanía.
Los ayudantes civiles, los hombres de confianza de Balaguer, se fueron a sus casas con la incertidumbre de no saber por qué el gobernante esta vez no podía ni siquiera saludarlos. Recuerdo como hoy cuando Emilio Alcántara (Emilio Meterito), que no era un dirigente connotado, se fue hacia el mercado muy triste a continuar su labor de vendedor de carne junto a su esposa Elena.
Poco tiempo después, tal vez una hora, el helicóptero militar regresó por la misma ruta con sus jefes militares y el presidente Balaguer, quien abordó la nave civil y salió con rumbo franco hacia Santo Domingo rodeando la Loma del Rancho por el sur y tomando hacia el este.
Eso que relato lo vieron cientos de soldados y decenas de personas que acudieron atraídos por los movimientos de los helicópteros desde las primeras horas de la tarde.
La gran pregunta es: ¿Subió Balaguer a la montaña para ver personalmente a Caamaño capturado para ser fusilado sumariamente?
Creo que el contralmirante Ramón Emilio Jiménez Reyes, el general Enrique Pérez y Pérez, entre otros jefes en ese momento que aun viven, debieran decir al país si esto es verdadero o falso. Ellos han cargado sobre sus hombros y sus conciencias la responsabilidad por la muerte de este Héroe Nacional y es evidente que lo han hecho por “disciplina”, pero no deben negarle a la historia su versión de los hechos.
Yo no estoy en posibilidad de afirmar categóricamente que Balaguer subiera para asegurarse personalmente que era Caamaño el prisionero, pero lo vi salir como otros con ese rumbo y a todo el que ha seguido esta serie deben asaltarle algunas preguntas.
Si Balaguer se ocupó personalmente de subir dos veces a las montañas en una semana en procura de presionar un choque de los soldados con los guerrilleros y obtener información directa a través de campesinos y soldados rasos sobre el curso de las operaciones… ¿no estaría listo para volver tan pronto cayeran los primeros guerrilleros?
Si las primeras bajas de la guerrilla (en este caso heridos y capturados) son el coronel Caamaño con su leyenda a cuestas por haber desbordado una época, y su segundo al mando (Lalane José) … ¿no era ese un motivo suficiente para que el desconfiado Balaguer fuera personalmente a comprobarlo?
Conociendo a Balaguer como el mismo se definió: “Un político de los pies a la cabeza”, no me cabe la duda de que enterado de la captura de Caamaño con una herida leve en una pierna, ese zorro de la política iba a intentar sacar algún provecho político con aquel prisionero de tanta importancia.
Si Balaguer lo vio, si le hizo o le mandó a hacer alguna propuesta para que salvara su vida a cambio de algún favor político, es importante para la historia porque da una dimensión de la grandeza de este modelo de soldado latinoamericano que con toda seguridad se negaría.
Al atardecer de ese día comenzó a correr la noticia de que Caamaño había muerto en combate en las lomas y en poco tiempo todo el mundo lo sabía en Ocoa, pero muy pocos, por no decir nadie, la aceptaban como válida.
Y no la aceptaban por simpatías con el coronel que combatió por la democracia y enfrentó una agresión militar de Estados Unidos en 1965, pero también porque el pueblo lo envolvía en una aureola de un militar preparado, valiente y digno de temer.
En las primeras horas de esa noche Ocoa enmudeció. Nadie salía a la calle, en las casas no se escuchaba música ni se hablaba siquiera en voz alta.
Personalmente visité la casa de varios de mis compañeros de estudios e ideas y en todos los casos estaban tirados en el piso de su casa o sentados en los patios junto a sus familiares sumidos en la más honda tristeza.
Cuando en la mañana siguiente los periódicos llegaron con la información suministrada por las Fuerzas Armadas sobre la muerte de Caamaño y otros dos guerrilleros, la falta de fotografías de los cadáveres agregó duda sobre su veracidad.
Tres periodistas que habían estado “cubriendo” la guerrilla para diarios de Santo Domingo y que se hospedaban en el Hotel Marién, frente al parque de Ocoa, fueron despertados bien temprano por la multitud que acudió allí a reclamarle por qué esa noticia “falsa” ocupaba grandes titulares.
Recuerdo cuando Moisés Adolfo Iturbides y René Fernández Almonte bajaron a conversar con la multitud. Ellos explicaron que no tenían información directa porque los militares no permitían que salieran hacia los pobladitos más próximos a la zona donde operaba la guerrilla, pero ese era un comunicado de las Fuerzas Armadas.
Dos hechos ilustran el grado de incredulidad de los ocoeños sobre la muerte de Caamaño aquel día. El primero fue que indignado y considerando que Iturbides mentía a propósito para que la gente perdiera la esperanza al saber que Caamaño estaba muerto, el joven Jaime González reaccionó violentamente contra él asestándole una pescozada.
El segundo incidente fue que Temístocles Díaz (El Ñato), un chofer de camión que también admiraba al líder constitucionalista, voceó con todo el vigor que le caracterizaba, que solo un loco podía pensar que esos guarditas iban a matar a Caamaño.
El vozarrón de El Ñato era suficiente para que lo escucharan a gran distancia y de inmediato una patrulla lo siguió, lo detuvo, lo condujo al cuartel y de allí fue enviado al Palacio de la Policía en Santo Domingo donde fue investigado y permaneció detenido por un tiempo.
El tercero fue que el canillita del periódico El Sol, que en ese momento era un diario estándar que se editaba en Santiago, el adolescente Rafael Mejía, paseaba las calles gritando el titular principal que decía que Caamaño había caído y nadie se lo compraba porque todos estaban seguros que era mentira.
La incredulidad de los ocoeños se acentuó como la de todo el país al conocer las declaraciones que a través de manuscritos enviaba Juan Bosch a la prensa desde su escondrijo.
@FelipeCiprianp

40 años de Caracoles: Muerto Caamaño, Bosch divide al PRD y Balaguer se reelige

Pero lejos de decir al país que Caamaño estaba muerto como lo sabía y se había compungido ante el empresario que lo escondía en su apartamento, Bosch se hizo eco de una publicación norteamericana (The Washington Evening Star and Daily News) que también ponía en duda la existencia de guerrillas

40 años de Caracoles: Muerto Caamaño, Bosch divide al PRD y Balaguer se reelige
Bosch, Peña Gómez y Balaguer fueron protagonistasAcento.com.do/Archivo
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Mientras los cinco guerrilleros que sobrevivieron al sorpresivo ataque en la mañana del viernes 16 de febrero de 1973 trataban de salir de la loma Cuero de Puerco, al este de la carretera Ocoa-Constanza, en horas de la tarde de ese día era asesinado el coronel Caamaño en la pequeña planicie de Sabana Quéliz.
Ya en la noche, exactamente cuando los guerrilleros iniciaban una larga marcha con rumbo Este, en el Palacio Nacional se preparaba la cobertura gráfica de los cadáveres de Caamaño, Lalane José y Pérez Vargas que tendría el objetivo de despejar las dudas acerca de la existencia de la guerrilla y de la muerte del líder militar constitucionalista.
Las fotografías tomadas por el reportero gráfico Antonio García Valoy, quien fue llevado al lugar por la Secretaría de las Fuerzas Armadas junto al camarógrafo Eladio Guzmán y el periodista José Goudy Prats en horas de la madrugada del sábado 17 de febrero, ocuparon las primeras planas de los matutinos del día 18.
El periodista Miguel Franjul, actual director de Listín Diario, en su libro “Bosch; noventa días de clandestinidad” (Amigo del Hogar, 1998), escribe que el informe militar sobre la muerte de Caamaño coincide con el cambio del lugar de ocultamiento de Bosch, quien por las diligencias de Antonio Abreu ocuparía un apartamento en la Calle 22 del ensanche Serrallés donde vivía un comerciante del ramo de los seguros.
Franjul consigna que “en conversación franca con su anfitrión, Bosch le dijo que Caamaño era el único dominicano que en esos momentos reunía dos condiciones excepcionales al mismo tiempo: la de líder militar y líder político, y bastante impresionado por su muerte, se llevó las dos manos al rostro y con lágrimas en los ojos se lamentaba: -Caamaño no tenía derecho a dejarse matar… no tenía derecho a dejarse matar”.
Esa era la escena que Bosch ponía ante el hombre, identificado solo como “El Oligarca”, que lo acogía en su ocultamiento.
Sin embargo, en lo que el mismo Bosch mandaba a publicar a través de sus manuscritos se decía algo muy diferente.
Anunciada la muerte de Caamaño y publicadas dos días después las fotos de su cadáver junto a Eberto Lalane José y Alfredo Pérez Vargas, Bosch tardó diez días para reaccionar públicamente esperando obviamente que Balaguer hablara ante la Asamblea Nacional el 27 de febrero como lo hizo e informó la práctica liquidación de las guerrillas con la muerte de su líder.
Pero lejos de decir al país que Caamaño estaba muerto como lo sabía y se había compungido ante el empresario que lo escondía en su apartamento, Bosch se hizo eco de una publicación norteamericana (The Washington Evening Star and Daily News) que también ponía en duda la existencia de guerrillas y prefería creer el cuento de que Balaguer andaba en tretas para retener el poder el año siguiente.
Pero Bosch fue más claro cuando dijo en su manuscrito para la prensa de fecha 28 de febrero de 1973 (para consumo del pueblo): “Yo estoy entre los que dudaron y siguen dudando (la existencia de la guerrilla) porque Balaguer y las Fuerzas Armadas lo acusaron de ser instigador del desembarco y como eso era falso  “… muy bien podía ser falsa también toda la historia de la invasión”.
En los días subsiguientes Bosch siguió poniendo en duda (públicamente) la muerte de Caamaño por la “inexistencia de guerrillas” y tal vez en ello influyó la publicación de una entrevista de Toribio Peña Jáquez en el vespertino Última Hora el 3 de marzo de 1973 en la que afirmaba que la expedición era cierta pero que todos los guerrilleros seguían con vida.
Aunque Bosch no creyó en la versión de Peña Jáquez llevada por Federico Lalane José un mes atrás, ahora que el guerrillero mostraba sus atuendos y armamento, decir que la guerrilla no existía era una terquedad muy conveniente.
Solo tres días después de la publicación de las declaraciones de Peña Jáquez, Bosch ordenó cambiar la línea política del PRD de llevar a Balaguer a su propia legalidad porque “la insistencia del gobierno en actuar ilegalmente nos obliga a darla por superada y a sustituirla por otra más apropiada para el porvenir inmediato que le espera al pueblo dominicano”.
La conclusión no puede ser más lógica: Con una guerrilla en la montaña dirigida por el “líder militar y político excepcional que no tenía derecho a dejarse matar”, la táctica era la lucha por la legalidad. Asesinado el coronel Caamaño y con el grupo guerrillero restante aislado bajo pinares a 2,600 metros sobre el nivel del mar sin alimentos ni ningún otro apoyo, era hora de cambiar la táctica por otra más apropiada.
Me consta que esa táctica fue dividir al PRD, destruir el Bloque de la Dignidad Nacional que se estaba constituyendo en un Frente Único de toda la oposición al gobierno y facilitar la reelección de Balaguer un año después pese a la creciente movilización popular que levantó el Acuerdo de Santiago liderado por Peña Gómez.
Ante la movilización electoral dirigida por Peña Gómez para consolidar la candidatura presidencial de Antonio Guzmán y la vicepresidencial del general Elías Wessin y Wessin para las elecciones del 16 de mayo de 1974, dos factores interactuaron para impedir una victoria masiva: la prédica de Bosch de quien intentara ganarle unas elecciones a Balaguer era un loco, y la represión abierta contra las caravanas y reuniones de la oposición al extremo que en el mes de abril, ante la sensación de derrota, los jefes militares enviaron los soldados a las calles adornando sus fusiles con banderas coloradas del gobernante Partido Reformista.
La guerrilla en la montaña quedó reducida en sus posibilidades de combatir y sobrevivir, pero aun así dio lecciones de heroísmo y capacidad de eludir la persecución durante otro mes hasta que cayó en una emboscada en la que fueron gravemente heridos y posteriormente asesinados Galán Durán (nuevamente cae el jefe) y Juan Ramón Payero Ulloa. Hamlet Hermann, que iba último en la marcha de la columna de cuatro, no fue herido; Claudio Caamaño, que fue cogido en el centro junto a los dos que cayeron, logró hacer cuerpo en tierra sin ser herido por las ráfagas de ametralladora que pasaron a escasas pulgadas de él. Hamlet y Claudio sobreviven pero no volvieron a juntarse más en el monte.
Hamlet entró a la periferia de Villa Altagracia y fue apresado por guardacampestres del central Catarey que lo entregaron a los militares, mientras que Claudio logró caminar hasta la capital por las montañas eludiendo la persecución militar y se asiló en la embajada de México.
Después de anunciada la muerte de Caamaño y con el resto de los guerrilleros moviéndose en dirección al valle de Rancho Arriba y la autopista Duarte, la presencia militar en Ocoa quedó mucho más reducida, las tropas en la pequeña ciudad eran mucho menos y el movimiento de helicópteros en esa dirección no tenía la misma intensidad.
Los jóvenes que hacíamos pequeñas incursiones a las montañas más próximas soñando con encontrarnos con guerrilleros tuvimos un día dos sorpresas. La primera fue un paquete de hojas sueltas en la zona de El Guasabaral, entre Ocoa y Sabana Larga, en la que se pedía a los guerrilleros que se entregaran a las autoridades bajo promesa de garantizarles sus vidas porque su líder había muerto en un encuentro con las tropas regulares.
Ese mismo día mientras bajábamos de regreso a Ocoa al atardecer nos sorprendimos al ver un jeep Toyota de la Policía Nacional, color gris, que iba aguas arriba sorteando piedras por un lugar donde usualmente no transitaban vehículos.
Media hora después el jeep nos alcanzó aguas abajo y cuando estuvo junto a nosotros luchando por salir de una pequeña cañadita vimos que en la parte trasera llevaban un hombre uniformado tendido que era auxiliado por otros soldados.
Cuando el chofer que todos conocíamos como “El Pingüino” se bajó para mirar el obstáculo que impedía el paso del vehículo en la semioscuridad, le lancé la pregunta directa aunque en voz baja: -¿Mataron otro guerrillero, Pingüino?
-¡No! Fue que ese guardia se hirió accidentalmente en la emboscada que está en los dos ríos –respondió.
Los dos ríos era la confluencia del Ocoa con su afluente El Canal.
Era increíble que la muchachada había estado pasando por ahí gritando vivas a la guerrilla y a Caamaño y nunca vimos la emboscada. Es natural que su misión no era la de dar susto a adolescentes, sino cortar el paso a cualquier revolucionario adulto que tomara un arma en la ciudad e intentara ganar el monte para unirse a los guerrilleros.
@FelipeCiprianp

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