miércoles, 22 de enero de 2014

Enrique Jiménez Moya, un héroe.





Enrique Jiménez Moya, un héroe.
Símbolo de la Lucha, no es vegano ni capitaleño, es  un patrimonio  y un soldados de la lucha  liberacionista latinoamericana, por cuya  causa lucho hasta morir.

Fuente: Ángela Peña. Periódico Hoy, sección El País, Pág. 12ª. Domingo 19 de enero del 2014. (Calles y Avenidas).

La vida de Enrique  Augusto Jiménez Moya en el exterior fue un constante trajinar en busca de  acciones que condujeran a la redención de su patria de la tiranía trujillista y el establecimiento de un régimen de justicia social, esbozados en el Programa  Mínimo de Liberación Nacional y el Manifiesto al Pueblo Dominicano, que todavía son materia pendiente.

El historiador, catedrático universitario y genealogista Alfredo  Hernández, hizo la consideración y reveló datos del mártir del 14 de junio de 1959 localizados para su libro sobre la familia Moya, que mantuvo la supremacía en La Vega durante más de un siglo.

Aclaro que el valiente revolucionario que participó en la frustrada invasión de Cayo Confite en 1947 y lucho contra la  dictadura de  de Fulgencio Batista en Cuba, no es vegano como consigna varios autores, sino que nació en Santo Domingo, hizo hace 100 años  el pasado 27  de agosto de 2013.

De su existencia en el país no abundan las noticias pues de  su niñez fue llevado a Colombia donde  su padre ejercía funciones  diplomáticas y después de visitar varios  países el  combatiente se radico  en Venezuela donde mantuvo contactos con los grupos  antitujillistas
.
En algún momento previó, según Hernández. Enrique vino a la República Dominicana, pero, luego se fue  a pelear junto a Fidel Castro. Tas el triunfo de la Revolución pasó a organizar a los expedicionarios con el apoyo de los gobiernos de Cuba, Venezuela y  Costa Rica. A partir de entonces comenzaron las labores en el exilio para entrenar guerrilleros que le acompañarían en la incursión  por Constanza, Maimón y Estero Hondo.

Política en sus venas. Enrique  Augusto Jiménez Moya, escasamente valorado en nuestra historia, llevaba  en  sus venas la actividad política  y militar. Por  el lado  materno era nieto del general historiador y cartógrafo  Casimiro Nemencio de Moya Pimentel, quien inició en La Vega un revolución contra Heureaux en 1886 que se extendió por todo el Cibao; significa Alfredo Hernández.

Agrega que Casimiro Nemensio, a su vez era hijo del sacerdote Dionisio Valerio de Moya y Portes, político cabrerista como toda la familia Moya, quien  combatió en las batallas  de Talanquera y  Sabana Larga, pese a que su misión era  la de capellán.

Por parte de su padre añade, era biznieto del ex presidente Juan Isidro Jiménez Pereira, un guerrero incansable desde  El Fanita,  en  1898,  hasta el derrocamiento de      Bordas Valdez. Acosta  Hernández que el sacerdote y los demás miembros de esta estirpe, fueron los primeros oligarcas que ejercieron el comercio e invirtieron en  industria en La Vega y que el cura  fue quien inició la construcción del templo. Según Alfredo Hernández, el clérigo prestaba dinero al Estado, lo mismo que sus  hermanos, cuando había que resolver problemas urgentes, para recuperarlo cuando el gobierno de turno les reconociera  la deuda.
 
Refiere que los tíos bisabuelos de Enrique Augusto, Ramón Martín y Casimiro, y el primo de su abuela, Samuel de Moya,  fueron gobernadores de La Vega, cargo que entonces era denominado jefe Superior y Político Militar.
El padre de “Enriquito” como llamaban al patriota, fue funcionario del gobierno de Juan Isidro como interventor de la Aduana de Montecristi. También en otras administraciones fue: diputado, secretario de Justicia e Instrucción Pública, gobernador y delegado  del gobierno en Montecristi, secretario de los  Interior, Ministro Plenipotenciario en Enviado Extraordinario en Washington.
“Era tan cercano a su tío que participó junto a él en la expedición del Famita en 1898, contra Lilís y luego encabezo en unión del general Perico Lázala la expedición de 1906 contra  el presidente Cáceres”, para Hernández y pregunta
“¿Qué otra cosa podía  esperarse de un hijo suyo frente a un criminal tirano enseñoreado en su Patria?. La madre de Enrique Augusto Jiménez Moya era Gloría Moya  Cesteros.

Alfredo Hernández cita entre sus descendientes a Gloria Jiménez, hija mayor de Enrique Augusto, quien hasta hace poco residía en Miami. “Éramos cuatro hermanos, la  mayor  soy yo, que tenía nueve años y la más pequeña dos, y él, aun así, entregó la vida a la República Dominicana” , manifestó la primogénita.
Otros hijos fueron Enrique y Ana Virginia Jiménez Araujo, la menor. Hernández no aporta el nombre de su madre. Ana Virginia escribió en Internet que la progenitora les contaba que “la última vez vio a papá en viaje clandestino a Venezuela le rogó que  por sus hijos no se  fuera y él le respondió mis hijos son tus hijos, yo voy  en busca de la libertad para mi país. Diles que  los llevo en el corazón”

Jiménez Moya fue  incorporado al Ejercito Rebelde, en Cuba,  con rango de teniente y al quedar gravemente herido en el combate de Maflo, se ganó el grado de capitán, anota Emilio Cordero Michel. En  marzo de 1959 fue designado comandante en jefe del Ejército de Liberación Dominicana que organizó la expedición de Junio. Encabezó un grupo de soldados que desembarcaron en Constanza.
 Todavía, señala Alfredo Hernández, no se han aclarado  del todo la circunstancias de su muerte. “según Anselmo Brache Batista, perdió contacto con  el grueso de sus tropas el 16 de junio 1959,  en el combate  de la Guamita. Llego exhausto junto  a su asistente Chefisto  Patiño (Batista) a un  bohio de las Auyamas. Prisionero de  unos campesinos” y luego de la guardia trujillista “quienes lo mataron cuando se rebeló. Su cadáver fue llevo a San Isidro.
Avenidas. Jiménez Moya ha  merecido la designación con su nombre de u tramo de la avenida Winston Churchill. Al respecto opina Hernández que “al igual  que en Santo Domingo, la avenida que se le ha dedicado en La Vega es un pedazo de  calle, porque para los dirigentes del cabildo capitalino un extranjero que no hizo nada por el país tiene  más méritos que un dominicano, y las principales arterias de la capital están a nombre del entreguismo. Y en La Vega , ese cabildo, para asignar los nombres de las calles lo hace por conveniencias políticas coyunturales, es un vergüenza para todo vegano que se respete”.

Enrique Jiménez Moya enfatizó , “ no es vegano ni capitaleño, es  un patrimonio histórico y un símbolo de la lucha liberacionista latinoamericana”.

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