sábado, 11 de junio de 2016

Mercedes Mota: Correspondencia con Pedro Henríquez Ureña (8)

Mercedes Mota: Correspondencia con Pedro Henríquez Ureña (8)

Por Diógenes Céspedes. 11 de junio de 2016 - 12:09 am -  1
http://acento.com.do/2016/opinion/8356253-mujeres-dominicanas-atormentadas-mercedes-mota-correspondencia-pedro-henriquez-urena-8/
Solo un tipo como PHU podía ser ese hombre ideal que MM busca. ¿Pero estaba preparado el feminismo libresco de ella para declararle su amor? Ni pensarlo. ¿Qué concepto moral se formaría su amigo PHU de ella?
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Diógenes Céspedes

Crítico literario, analista de discursos, lingüista, escritor, periodista, hizo su doctorado en literatura general en la Universidad de París VIII en Francia. Galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 2007, el autor ha publicado una veintena de libros y ha colaborado en numerosas revistas nacionales y extranjeras.
En la carta del 19 de noviembre de 1901 de Mercedes Mota (MM) a Pedro Henríquez Ureña (PHU), despachada desde  Puerto Plata, existen dos referencias que debo aclarar. La primera se refiere a lo que MM  le informa a PHU: «muchas personas ilustradas de aquí me han dicho que le han enviado sus felicitaciones por su fino poema “Otoñal”.» (Treinta intelectuales dominicanos escriben a Pedro Henríquez Ureña. Bernardo Vega (editor). SD: Academia Dominicana de la Historia, 2015, p. 89).
La corresponsal le pregunta a PHU que si le enviará más poemas. Con respecto a este poema “Otoñal”,  Bernardo Vega dice en  nota al calce: «Luce (sic) no estar registrado en ninguna de  las recopilaciones de sus obras completas.» (BVega, 89). Falso: Aparece dicho poema en la páginas 65-66 de las Obras completas t. I (SD: Ministerio de Cultura, 2013) compiladas por Miguel D. Mena.
La segunda aclaración es a propósito de una “ilustre pensadora haitiana” que PHU le dio conocer a MM en 1898, supongo que a través de algún libro o artículo. Me referí al asunto en mi artículo del sábado 28 de mayo. Vega transcribe una parte del apellido de la “ilustre pensadora”, así: [Vio]yer].
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Clemencia Royer
Sospecho que “la feminista” que MM creyó conocer no era haitiana, sino francesa. Quizá el texto que le trajo PHU a MM o los “pensamientos” que le copió estaban escritos en francés y por una confusión creyó que la autora era haitiana, y como su amigo venía de Cabo Haitiano, con mucho mayor razón. Esto se deduce de un artículo  publicado por MM en el Listín Diario del 18 de abril de 1898 titulado “Madame Clemencia Royer” (incluido en Vida y pensamiento de Mercedes Mota. SD: Del Caribe, 1965, pp.65-67). La redacción, la sintaxis y el ritmo de ese artículo son los mismos que los de la carta de MM a PHU fechada el 3 de febrero de 1898 donde se muestra sorprendida por no haber conocido antes a esa pensadora.
Verdaderamente, no he visto todavía aquí, en la República, ningún hombre que me haya cautivado completamente. Son los hombres tan defectuosos en este medio, que dejan mucho que desear. (…) te confieso, Pedro, que me siento casi impotente para contrarrestar las crueldades i fierezas del mundo. ¿Por qué no decírtelo a ti? Le tengo miedo, mucho miedo a la vida. »
Primera prueba: «No hace mucho, el nombre de Madame Clemencia Royer [1830-1901, dc] era enteramente desconocido para mí. Ignoraba que existiese este talento femenil de primer orden, gloria de la Francia y honra de la mujer» (p. 65). Segunda prueba: «Madame Royer es versada en diferentes ramos (sic) del saber humano, es filósofa, es una profunda pensadora.» (Ibíd, p. 65). Tercera prueba: «Ha traducido varias obras de Darwin [tradujoEl origen de las especies, dc], ha escrito obras de Geometría, Astronomía, Física, Historia, Filosofía y de otras ciencias más (…) Con muchísima razón ha dicho pues, de ella, un compatriota suyo, el ilustre Renán: Es casi un hombre de genio.» (Ibíd., 65). Frase admisible para quien reduce el feminismo a la educación de la mujer, pero inadmisible para el feminismo militante de pensadoras como Olimpia de Gouges, Mary Wollstonecraf, Luisa Michel, Abigaíl Adams o Emma Goldman.
Hay una compleja ideología cultural, política y económica que, desde el Poder y sus instancias, discrimina a la mujer por ser mujer, a la que se opone visceralmente la llamada hoy política de género, en espera de un término más radicalmente histórico y arbitrario, pues género poseen únicamente los sustantivos gramaticales, no los sujetos, que tienen sexo, sea masculino, sea femenino) y creer lo contrario es coincidir con el verdugo y su teoría del partido y del signo, razón por la que ese verdugo le dio en la cara a MM: «Ha sometido sus trabajos a la Academia y al Instituto de Francia, mereciendo dichos trabajos la buena acogida de estas ilustres Corporaciones (…) A no haber sido mujer, hubiera ocupado indudablemente, un puesto entre los Académicos.» (Ibíd., 65). Es el verdugo quien ha triunfado aquí con su pragmática del signo y el poder, para la cual no existe el sujeto masculino, y mucho menos el femenino. Su poder es la unidad-verdad-totalidad. Para ese poder solamente existe el individuo, y no cabe en él la “individua” ni la “sujeta”. El complejo cultural, lingüístico, histórico, biológico, síquico, social, antropológico llamado “mujer” no puede ser reducido a los que hoy llaman “política de género”. Hay que reinventar un nuevo concepto que no pueda ser recuperado por el partido del signo, como lo ha sido, y lo es, esta noción de “política de género”. ¿Cómo lo recupera el poder? A través de su teoría y su política del signo y a través de su teoría del individuo, no del sujeto. He aquí a MM presa de la teoría del signo: «La mujer como hechura de Dios, como obra de la Naturaleza, no ha querido ni quiere permanecer en la inercia.» (Vida y pensamiento…, p. 67).
El discurso de deseo de MM con su ideología racionalista del progreso se quedó en la gatera del siglo XX y el verdugo le lleva como diez cuerpos de ventaja en la carrera: «El siglo XX alboreará muy pronto señalándole lugar distinguido a la mujer, anunciándole una era de sublime y gloriosa redención.» (Vida y pensamiento…, p. 67). Pregúntenles por esa redención a Golda Meier, Indira Gandhi, Simarivo Bundaranaike, Margaret Thatcher, Ángela Merkel y toda la retahíla de mujeres que desde la mitad del siglo pasado hasta el presente han sido Primeras Ministros y Presidentas de su respectivo país en este planeta.
Y otra vez resuena el grito de alarma de PHU ante las tribulaciones de MM en la carta que le envía el futuro crítico literario y filólogo a su amiga inconsolable, fechada en Nueva York el 27 de agosto de 1902: «Hasta mí ha llegado el grito doloroso de tu corazón herido en las batallas de la vida, por las injusticias que imperan en las sociedades y sobre todo, en nuestras enfermas sociedades latinas.» (BVega, 96). Pero el consejero peca también, aunque en menor grado, del mal de su amiga, de la que no conocemos el motivo de su angustia, al faltarnos la carta a la que responde PHU: « ¿Crees que no conozco el mundo? Yo sé de las amarguras de la vida y ningún amago o sonrisa de la suerte me encontrará desprevenido. Desde que estoy aquí, cada día soy más pesimista sobre nuestro propio país (Una sociedad cuyos miembros no tienen innatas las nociones del respeto y del deber, no se salva.» (BVega, 96).
¿Es esto arrogancia, infatuación, autosuficiencia en un joven de 18 años? Fórmese su juicio cada cual, pero en materia de escuela de la vida, PHU matiza su pesimismo, y no le falta razón en su pronóstico socio-político de nuestro país, puesto que en 1916-24 sucumbió, como lo había hecho ya en 1861 con la Anexión a España, ante el invasor americano que impuso las condiciones para la evacuación: Vicini Burgos, Horacio Vásquez y Trujillo. Y ese itinerario lo vivió el joven PHU, luchó junto a su padre y hermanos en contra de la ocupación militar y vino, para huirle al peligro de proletarización en la Argentina, engañado Max y por las luces de la farándula política, a colaborar con la dictadura de Trujillo, tal como lo había hecho antes casi todo el clan Henríquez, PHU, sefardí al fin, como cualquier judío, perdedor de todas las batallas políticas: «Yo, pesimista de corazón, pero jamás de práctica, tomo de la viuda lo mejor (Corto flores, mientras hay flores.)». (BVEga, 96).
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Clemencia Royer: La mujer es el animal que el hombre menos conoce
Ante ese pesimismo y los tormentos que sufre MM, el amigo PHU le blande su pragmática, pero ella no suelta prenda, solo habla del sufrimiento, pero no dice qué lo causa. Aunque en su misiva del 10 de septiembre de 1902, suelta un poco: «Muchas lágrimas han caído sobre la hoja de tu última carta, que tan hondamente ha conmovido mi alma, enferma i desolada. Ai! Cuán dulce es escuchar una voz amiga, si el espíritu se halla sumido en penas i aflicción!» (BVega, 97). El intelectual del siglo XIX y principio del XX no colocaba signos de admiración e interrogación al inicio de frase. ¿Remedo del francés y el inglés?
MM da la razón al consejo de PHU: «…en la vida hai que armarse de altivez, de indiferencia, cuando se tiene limpia la conciencia, para no caer rendido, víctima de la turba miserable, que gozaría en su triunfo con satánica sonrisa.» (BVega, 97)). Y traza el discurrir de su cotidianidad: «De tristeza, de lucha en lucha, así transcurren para mí las horas i los días.» (BVega, 98). Cae ahora en la cuenta de aceptar lo que rechazaba con vehemencia: «Estoi convencida de que en estos países la mujer debe casarse para tener un apoyo en su marido, resguardándose un poco, de ese modo, de la maldad ajena.» (BVega, 98). ¿Y qué feminismo es ese?
Pero rechaza la búsqueda de marido, a causa de su personalidad: «…debido a mi carácter, presumo que será mui dolorosa, mui sombría, una vez efectuada» la opción de casarse (BVega, 98).
Solo un tipo como PHU podía ser ese hombre ideal que MM busca. ¿Pero estaba preparado el feminismo libresco de ella para declararle su amor? Ni pensarlo. ¿Qué concepto moral se formaría su amigo PHU de ella?: «Hai tanta inconformidad en mi espíritu… ! Verdaderamente, no he visto todavía aquí, en la República, ningún hombre que me haya cautivado completamente. Son los hombres tan defectuosos en este medio, que dejan mucho que desear. (…) te confieso, Pedro, que me siento casi impotente para contrarrestar las crueldades i fierezas del mundo. ¿Por qué no decírtelo a ti? Le tengo miedo, mucho miedo a la vida. » (BVega, 98). ¿Qué pensaría MM si viviera hoy en su país: cada cuatro día un hombre asesina a una mujer: la ideología machista le hace creer que la mujer es su propiedad privada.
A todo esto, Vega afirma en nota 79 al calce: «Nunca se casó.» ¿Eligió otra opción? Todo sujeto está obligado, más temprano que tarde, a definir su vida sexual. La vida es siempre urgente. Y da plazos. Pero no hay plazo que no se cumpla ni deuda  que no se pague, como decía en el siglo XVII Antonio de Zamora, al imitar, en su dramita, el genio de Tirso en ¿Tan largo me lo fiáis?
Quizá MM escogió su preferencia sexual en Nueva York. Lo que habrá que demostrar.
(*) Publicado en el suplemento Areíto del periódico Hoy el 11 de junio de 2016 y reproducido con permiso del autor en Acento.com de la misma fecha.

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