viernes, 10 de junio de 2016

La ciencia maya

La ciencia maya
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Uno de los mayores logros de la cultura maya fue el desarrollo del sistema matemático más sofisticado y preciso de la América precolombina, comparable (y en muchos casos, incluso superior) a los sistemas de notación y al calendario del Viejo Mundo. Un alto porcentaje de los textos jeroglíficos mayas son signos que se refieren a materias y cálculos aritméticos, calendáricos y astronómicos.
La numeración maya
Los antiguos mayas utilizaron un sistema vigesimal que permitía expresar los numerales de dos maneras distintas: con barras y puntos (un punto siempre tenía valor uno y una barra, valor cinco) y a través de signos glíficos con forma de cabeza (cefalomorfos). La expresión de los números hasta el 19 se realizaba gracias a la combinación de barras y puntos, mientras que para cálculos y notaciones superiores a la cifra 19 se empleaba un sistema posicional, en que las unidades aumentaban de valor según la posición que iban ocupando en el eje vertical, de abajo arriba. De gran trascendencia para este sistema fue el concepto de cero, que tenía su propio signo en forma de concha.

Notación numérica maya
En una columna de tres números, por ejemplo, el valor de puntos y barras localizados en la parte más baja corresponde a las unidades de 0 a 19; los que ocupan una posición intermedia tienen un valor entre 20 y 399, pues se les debe multiplicar por veinte; y los de la parte superior representan cantidades entre 400 y 159.000, debido a que hay que multiplicarlos por 400. De este modo era posible expresar cantidades muy grandes con pocos signos.
El calendario maya
Las distintas civilizaciones que poblaron a lo largo de la historia el territorio mesoamericano compartieron la estructura del calendario como base a partir de la cual podían establecer su cronología y como sistema que permitía registrar de algún modo el paso del tiempo. En este contexto, los mayas dieron sin duda un paso de enorme trascendencia en la medición del devenir temporal, y su notación calendárica es una muestra cabal de la inteligencia humana. Gracias a la aritmética posicional, los mayas, por medio de operaciones simples de adición y sustracción, generaron el impresionante despliegue de notaciones que permitió a su cultura disponer de una cronología propia.
El mecanismo maya del cómputo del tiempo es uno de los más complejos y precisos que se conocen en la historia de la humanidad. Junto con los calendarios romano, cristiano y musulmán, es uno de los pocos que poseen el sistema de fijar un año cero como punto de partida original. Esa fecha cero corresponde en nuestro calendario al 10 de agosto del año 3113 a.C.
La unidad básica del calendario era el día, aunque existían otras que resultaban de la suma de días. Cada una de estas unidades tenía un nombre: kin (un día), uinal (20 días), tun (360 días), k'atun (7.200 días), b'aktun (144.000 días), alautun (23.040 millones de días). De esta forma, una fecha maya que fuera de 9 b'aktunes, 9 k'atunes, 14 tunes, 2 uinales y 6 kines (que de forma abreviada se expresaba 9.9.14.2.6) significaría que han pasado un total de 1.265.886 días desde la fecha fijada como inicio. La conquista española parece coincidir con la fecha 11.16.0.0.0. Esta forma de datación es llamada Serie Inicial o «cuenta larga», pues parte de un fecha inicial (el 10 de agosto del año 3113 a.C. como día cero) y expresa el número de días transcurridos desde entonces en cantidades «largas».
Los dos ciclos del calendario
Los mayas disponían de un ciclo ritual llamado tzolkin o «cuenta de los días», que combinaba 13 números con 20 nombres (de modo que sus notaciones se repetían cada 260 días), y un año profano de 365 días al que denominaban haab. El calendario ritual estaba basado en el tiempo de gestación humana y servía para determinar la vida del individuo en la comunidad. Tanto en un ciclo como en el otro, cada día tenía su divinidad protectora.

De la combinación de los números 1-13 con los veinte nombres de los 
días surgen las designaciones de los 260 días del calendario tzolkin
El ciclo haab o año oficial estaba formado por 19 divisiones: 18 eran resultado de la combinación de los 20 números correspondientes a los días con 18 nombres diferentes para cada uno de los meses (pop, uo, zip, zotz, tzec, xul, yaxkin, mol, chen, yax, zac, ceh, mac, kankin, muan, pax, kayab y kumku), lo que daba un total de 360 días. Los cinco días restantes constituían el decimonoveno mes o uayeb; tales días (los xma kaba kin, «días sin nombre», o chay kin, «días perdidos») eran los peores del año.
Estos dos ciclos, que funcionaban de manera concurrente, formaban a su vez un ciclo más largo de 18.980 días (equivalentes a 52 haab de 365 días o a 73 tzolkin de 260 días), al que los investigadores dieron el nombre de Rueda Calendárica y a cuyo final un día determinado reaparecía en la misma posición en el año. Este periodo pudo haberse originado en el estudio de la constelación de las Pléyades, que pasa por el cenit cada 52 años. Los mayas creían que, cada vez que se acercaba el final de una Rueda Calendárica, el universo entraba en una crisis cósmica que amenazaba su supervivencia; esperaban entonces con ansiedad el paso de las Pléyades, que garantizaba la existencia de la humanidad durante los siguientes 52 años.
Para identificar una fecha de la Rueda Calendárica, los mayas designaban el día con su numeral y su nombre, y añadían el nombre del mes corriente junto con el prefijo de uno de los numerales comprendidos entre el 0 y el 19. Por ejemplo, en la fecha 7 imix 14 tzec, la primera parte es una fecha tzolkin, y la segunda es haab. Una fecha escrita así, con la combinación del nombre del día en el ciclo tzolkin y su ubicación en el año haab, aparecería una sola vez en la Rueda Calendárica a intervalos de 52 años.
Métodos de corrección
Aunque los elementos básicos del calendario maya guardaban poca relación con la astronomía, a las fechas de la Serie Inicial se añadía el registro del momento del ciclo lunar correspondiente a la fecha; tales indicaciones constituyen la Serie Suplementaria o cuenta lunar. Esta cuenta lunar constaba de seis glifos que contenían información acerca de la fase de la Luna en la fecha registrada, indicaban la duración lunar del mes en que caía la fecha de la Serie Inicial (29 o 30 días), señalaban el número de la lunación de que se trataba en el período lunar de medio año y facilitaban otras informaciones que todavía no han podido ser desveladas. A través del sistema aritmético que usaron, los mayas eran capaces de fijar cualquier fecha dada en su cronología con una precisión tan exacta que no podía repetirse hasta transcurrido un ciclo de 374.440 años, una proeza admirable en cualquier sistema cronológico.
Un tercer cómputo en las inscripciones mayas es la Serie Secundaria, cuya función parece haber sido la corrección de la desviación del calendario respecto al año natural, semejante en algunos aspectos al ajuste que supone el año bisiesto en el calendario occidental. Los sacerdotes astrónomos fueron conscientes de que el año civil maya se adelantaba al año natural desde el comienzo, y para evitar que el año civil se anticipara al natural en 0,25 días cada año tuvieron que idear su propio método de corrección. Para expresar una fecha concreta correspondiente a un solo día eran precisos diez glifos diferentes. Era un método exacto, aunque muy pesado. Si en cualquier inscripción se fijaba una fecha de la era cronológica por medio de la Serie Inicial, las demás podían calcularse conforme a ella. Estas fechas se han llamado Serie Secundaria.
Si se considera por ejemplo la fecha 9.16.0.0.0 correspondiente al "2 ahau 13 tzec" de la era maya (9 de mayo del 751, en el calendario gregoriano), y se cuenta desde el día de Año Nuevo maya 0 Pop, la posición en el mes de 13 tzec indicada corresponde al 27 de octubre del 751 en el calendario gregoriano, 171 días más tarde que lo indicado por el calendario maya. Para corregir el error, los mayas añadían 8 uinales y 11 kines, es decir 171 días expresados en su sistema vigesimal. La fecha inicial (9.16.0.0.0) "2 ahau 13 tzec" se convertía en la fecha "4 chuen 4 kankin" (9.16.0.8.11 o 27 de octubre del año 751 en el calendario occidental) que era la posición que "13 tzec" ocupaba en el año natural y que los adelantos que el calendario había sufrido hacia 9.16.0.0.0 habían avanzado 171 días.
Con esta corrección de la Serie Secundaria añadida al año oficial, el calendario maya servía para la agricultura. Hacia mediados de la época clásica (731), el método de la cuenta larga o Serie Inicial para la notación de las fechas se redujo a tres jeroglíficos que los investigadores denominan fecha de fin de período y que permitía establecer la fecha con exactitud dentro de un período de unos 19.000 años.
La astronomía maya
Una de las características que diferenciaba a las élites mayas era el alto nivel y la precisión de sus conocimientos astronómicos. Aunque la mayor parte de la información que ha llegado hasta nosotros está contenida en los tardíos códices del período Posclásico, no hay duda de que las observaciones y los cálculos sobre los cuerpos celestes se establecieron desde los tiempos preclásicos, momento en que se erigieron los primeros complejos de conmemoración astronómica. Los centros estaban integrados por una pirámide truncada, donde se situaba el observador, y tres edificios alineados en el lado este, donde se tomaban los puntos de referencia de la salida del Sol en los diferentes solsticios.

Observatorio de Uaxactún
Algunos edificios singulares de Yucatán, como el Caracol en Chichén Itzá o quizás el Satunsat en Oxkintok, fueron asimismo lugares de observación. El observatorio astronómico de Chichén Itzá, llamado el Caracol, es una de las edificaciones más singulares de la civilización maya. La tradición atribuyó su construcción a Ce Acatl Topiltzin, héroe mítico identificado con el dios Quetzalcóatl (Kukulkán en maya). Consta de dos niveles erigidos sobre grandes plataformas que terminan en una terraza rectangular a diez metros de altura, en cuyo centro se alza una torre de doce metros y medio de alto. Un doble tramo de escaleras conduce a la terraza superior y a la planta baja de la torre, formada por dos muros cilíndricos con cuatro aberturas en su perímetro, una para cada punto cardinal.
En el interior de la torre se halla la escalera en forma de caracol que ha dado nombre a la estructura; por ella se llega a una pequeña cámara situada sobre la cúpula que corona el observatorio, con diversas aberturas cuadradas, de las que sólo quedan tres. A través de ellas podían determinarse los equinoccios y los solsticios; por otras aberturas del Caracol se observaba el movimiento de Venus, con su ciclo sinódico de 236 días, 90 días, 250 días y 8 días. Los sacerdotes astrónomos mayas hacían coincidir sus períodos ceremoniales más importantes con una unidad compuesta por 5 revoluciones sinódicas venusinas, esto es, cada 8 años de 365 días, incorporando en sus cálculos las correcciones que derivaban de la observación.

El observatorio astronómico de Chichén Itzá
Como ya se ha indicado, la mayoría de las inscripciones calendáricas mayas incorporaron a la Serie Inicial una Serie Suplementaria o cuenta lunar, registrando ciertas variables y posiciones del astro; tal conocimiento permitió predecir los eclipses. Los mayas conocieron también los movimientos de los planetas (Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno), así como los de la Estrella Polar y la constelación de Las Pléyades.

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